El texto del Apocalipsis es escrito en la tradición de la apocalíptica judía anterior. El autor se llama Juan, pero con mucha probabilidad no se trata de la misma persona que el autor del Evangelio de Juan. Se supone que fue escrito hacia fines del primer siglo [1]. El autor no es un clarividente, no es un Nostradamus. Es, sin duda, un pensador de mucho vuelo. Sin embargo, piensa en imágenes, que él describe. Tienen el carácter de visiones, muchas veces sumamente fantásticas. Pero hablan de un futuro en cuanto está contenido en su presente, Por eso, al hablar del futuro, habla a la vez de su presente. Lo que el texto presenta, es una interpretación de la historia humana a partir del presente, que el autor del texto vive. Ciertamente es un cristiano, que piensa la historia a partir de su cristianismo. Pero la piensa como la historia humana desde el comienzo hasta su desenlace en un nuevo mundo, Nueva Tierra y Nuevo Cielo. El pensamiento en visiones es posiblemente la única forma en la cual en este momento una tarea así se puede enfrentar. No hay conceptos desarrollados que podrían ser usados en esta tarea. No los hay ni en la tradición judía ni en la greco-romana. El autor concibe la historia como una historia de redención. La tradición judía tiene elementos para esta historia, pero no concibe la historia como un gran proceso de redención de la humanidad. La tradición griega ni concibe la redención, excepto en sueños muy parciales. Como apocalíptico el autor del texto ve la historia moviéndose entre catástrofes y salvaciones, que ocurren en todos sus movimientos. Sin embargo, ve subyaciendo a todos estos movimientos una dirección, en la cual la historia futuro progresa. Sin embargo, este mismo progreso va fracasando, lo que lleva al autor a concebir una reconstitución futura de toda la historia humana con su desenlace en la Tierra Nueva y el Cielo Nuevo. Por eso, aunque haya concepción de un progreso, este no es linear. Es un progreso, cuyo fracaso lleva a la reconstitución de la historia en la Nueva Tierra. El autor piensa a partir de su situación como cristiano en un tiempo, en el cual el movimiento cristiano es todavía muy frágil y vive bajo constantes persecuciones de parte del Imperio Romano. Sin embargo, está convencido que este cristianismo va a subsistir e inclusive ganar el mundo. Esta esperanza la transforma en visión de la historia futura. Interpreta el cristianismo como una irrupción en la historia, que le da un empuje hacia un destino del mundo entero. En el Apocalipsis hay todo un lenguaje, que opera a través de representantes. Hablan los ángeles, hablan ancianos o simplemente se escucha una voz desde el cielo. Los personajes centrales están escondidos detrás del hablar de estas figuras intermedias. Cuando habla Dios, no habla directamente. Habla un ángel, que dice lo que Dios dice. De Dios se habla como del Dios Todopoderoso, de Jesús se habla como del Cordero. Las actuaciones de Jesús siempre son presentadas como actuaciones del Cordero, que frecuentemente es denominado el “Cordero degollado”. Pero Dios y el Cordero no hablan. Aparecen como los poderes detrás, cuya boca son otros que los representan. Hay dos excepciones a eso. Una al comienzo del texto y una al final. Al comienzo habla Dios: CITAS Yo soy el Alfa y el Omega, dice el Señor Dios, “Aquel que es, que era y que va a venir”, el Todopoderoso. (Ap 1,8). Al final del texto habla Jesús. Pero se presenta a sí mismo en términos muy diferentes de lo que habían sido en el texto anteriormente las referencias a Jesús. Dice: CITA Yo, Jesús, he enviado mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba. Ap 22,16. El Lucero radiante del Alba es Lucifer. Lo que dice Jesús es: Yo soy Lucifer. Provisoriamente y para nuestro propósito podemos hablar de tres partes del Texto. Comienza con una parte introductoria, que se dirige con 7 mensajes a siete comunidades de Asia. La primera parte principal (Ap 4,1-11,19) muestra una historia de catástrofes y salvaciones, sin darle a esta historia todavía un destino final. Es la historia de un éxodo sin mostrar una tierra prometida. Llega hasta el presente, en el cual se escribe el texto, como un presente de tribulaciones y persecuciones. Si quisiéramos resumir esta parte, podríamos hacerlo con un: “hasta cuando”. CITA ¿Hasta cuándo, dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra? Ap 6,10. En esta parte el Cordero abre los 7 sellos con sus jinetes apocalípticos, a los cuales siguen las 7 trompetas tocadas por ángeles. Lo que anuncian estas trompetas, tiene toda una secuencia de un éxodo, sin decir el hacia dónde del éxodo. La sexta y la séptima trompeta, sin embargo, ya anuncian que eso ahora se va a revelar. A eso sigue la segunda parte principal, en la cual se abre las perspectivas de la historia. Se muestra la caída y destrucción de Babilonia, que es el Imperio y más específicamente el Imperio Romano. A Babilonia sigue —en las visiones— un régimen, en el cual un Mesías-Cristo domina con cetro de hierro. Bajo este régimen de cetro de hierro el dragón está encadenado. Sin embargo, el régimen de los mil años fracasa, de nuevo está soltado el dragón. Ahora viene el anuncio de una redención más allá de cualquier dominación y aparece la visión de una humanidad en una Tierra Nueva. El autor del Apocalipsis ve entonces el futuro de la historia en tres etapas. En la primera domina Babilonia, el régimen opresor que vive de la explotación de sus súbditos y que persigue a los cristianos. En la segunda etapa surge con el milenio una dominación diferente, que es al revés. Es también un régimen de dominación, pero ahora los buenos dominan a los malos, mientras en Babilonia los malos dominaban a los buenos. Hay continuidad entre estas dos etapas: es la continuidad de la dominación. Sin embargo, fracasó, el dragón, que es el ángel de la dominación de Babilonia, se suelta de nuevo. Por tanto, el Apocalipsis concibe una tercera etapa de una humanidad que vive en una armonía, que no necesita ninguna autoridad para asegurar el orden. Desaparece el Mesías-Cristo con su cetro de hierro y en su lugar aparece un Jesús que funda esta armonía desde su interior. En los últimos versos del Apocalipsis se presenta. (Ap 22,16-17). Es la historia futura, como el autor del Apocalipsis la concibe a través de sus visiones. Sin embargo, a esta historia le da un marco, en el interior del cual esta historia se desenvuelve. Es la historia de la mujer. Empieza en el capítulo 12, vuelve a aparecer al inicio de la Nueva Tierra con el anuncio de la boda de la mujer con su hijo y aparece de nuevo al final del texto, cuando Jesús se presenta y es recibido por esta mujer-novia-madre. Este marco el autor lo toma visiblemente de tradiciones matriarcales muy antiguas, que él transforma junto con su análisis de las perspectivas históricas que se le abren. En lo que sigue, quiere analizar este entrelazamiento entre la visión de la historia y la posición asignada a la mujer.

1. El anuncio de la revelación del “misterio de Dios” en relación a la historia

En la primera parte principal se abren los sellos y suenan las trompetas. La historia pasa por catástrofes, pero su destino queda oscuro. Sin embargo, aparece el grito: hasta cuando, Señor. Con el sonido de la sexta y de la séptima trompeta se anuncia ahora la solución de este “hasta cuando”. El sonar la sexta trompeta, el ángel anuncia: CITA ¡Ya no habrá dilación! sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo ángel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios, según lo había anunciado como buena nueva a sus siervos los profetas. Ap 10,6-7. Se va a revelar el “misterio de Dios”. Es el misterio que subyace a la historia y que define su desenlace. Con el sonar de la séptima trompeta se anuncia la acción correspondiente: CITA Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso. Aquel que es y que era porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. Ap 11,17-18. A partir de estos anuncios Juan, el autor del Apocalipsis, desarrolla el destino de la historia. Se nota en seguida, que para Juan es decisivo lo que sigue a partir del siguiente capítulo 12. Hay un enemigo. El enemigo son los que destruyen la tierra. Hay una acción: destruir a los que destruyen la tierra. Y el desarrollo de esta acción es el “misterio de Dios” por revelar. Cuando aquí se habla de tierra, no se habla simplemente del “medio ambiente”. Se habla de una vida humana en intercambio con la naturaleza externa a ella, Se trata de un conjunto viviente, que incluye a los seres humanos. La acción que se anuncia, es altamente violenta. Destruir a los que destruyen es una fórmula, que, como yo sepa, aparece aquí por primera vez en la historia humana como camino de salvación. Se trata de la sacralización de la violencia, correspondiente al universalismo humano, que aparece con el cristianismo. Se transforma posteriormente muchas veces, pero como fórmula acompaña toda historia occidental posterior hasta hoy. Lo hace a pesar de todas las secularizaciones. Las tal llamadas “intervenciones humanitarias” del imperialismo actual se inscriben en esta tradición de la sacralización de la violencia. Aparece aquí en el Apocalipsis e inspira las posteriores visiones de la violencia, que ya revelan el grado de agresividad que este nuevo universalismo puede desatar y que desató. Pero cuando en el Apocalipsis se habla de la dominación cristiana, la tenemos que interpretar en el sentido de esta fórmula. Toda dominación occidental futura resulta efectivamente diferente de la dominación anterior. Es ahora dominación en nombre de “destruir a los que destruyen la tierra”. Lo es como dominación cristiana, como dominación liberal y también como dominación socialista. Es la violencia, a la cual el Apocalipsis se refiere como ejercicio del poder de los buenos “con cetro de hierro”. Es violencia que se sacraliza en nombre del bien en cuya persecución esta violencia se ejerce. Es la violencia del milenio, que el Apocalipsis anuncia. Tomando en cuenta eso, es comprensible, que Juan, el autor, es muy escéptico frente al milenio que él anuncia y porque prevé su fracaso. Viendo este fracaso, tiene que concebir en los últimos dos capítulos del texto la Nueva Tierra, en la cual el cetro de hierro ya no hace falta para la convivencia. 1.1. La constitución de la historia y su marco de interpretación Las visiones fundantes para lo que sigue dan el marco de la historia que el texto desarrolla a partir del capítulo 12 hasta el final. Estas visiones no están preparadas por el texto anterior. Vienen de sorpresa. Pero son necesarias para pasar de una historia de catástrofes y salvaciones a la concepción de la historia como historia con sentido, que tiene un destino de redención. Las visiones son tres. Hay dos visiones de la mujer, entre las cuales se inserta la visión de la rebelión en el cielo. a. La primera visión La primera visión de la mujer es la siguiente: CITA Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas… El Dragón se precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer, para devorar a su hijo en cuanto lo diera a luz. La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios para ser allá alimentado mil doscientos días. Ap 12, 1-6. Aparece una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. No puede haber mucha duda, de que esta mujer es análoga a la Gran Diosa de las mitologías matriarcales. Como en los mitos matriarcales, da a luz un hijo con un destino. En los mitos matriarcales se trata de un proceso cíclico: la mujer da a luz al hijo, con el cual vuelve la vida para otro año. Al final del año el hijo muere para resucitar o nacer de nuevo. En el Apocalipsis no hay estos ciclos, sino toda la historia es concebida como un ciclo, del cual nace un mundo nuevo. En esta parte del texto el hijo tiene el destino de “regir a todas las naciones con cetro de hierro”. Tiene entonces el destino de constituir la dominación del milenio. Posteriormente, el texto lleva este destino más allá del milenio frente al hecho de que el milenio fracasa. Cuando la visión muestra a la mujer como la Gran Diosa, no sale completamente de la tradición bíblica y judía. Me parece que aquí están presentes los primeros capítulos del Génesis y la figura de Eva. También en el Génesis Eva aparece como la Gran Diosa matriarcal. Cuando Dios expulsa a Eva y Adán del Paraíso, Dios maldice a la serpiente: CITA Enemistad pondré entre tí y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar. Gen, 3,15. Sobre lo que es este linaje de la mujer, el texto del Génesis sigue: CITA El hombre llamó a su mujer “Eva”, por ser ella la madre de todos los vivientes. Gen 3,20. Eva aparece aquí no solamente como la madre de todos los seres humanos, sino de todos los seres vivos, es decir de los animales y de las plantas también. Es presentada como la Gran Diosa matriarcal. Este conflicto ahora aparece en el Apocalipsis entre la mujer y el dragón. El dragón ahora trata de devorar al hijo de la mujer, pero éste está arrebatado “hasta Dios”. En la segunda visión veremos, como quedó la mujer y su linaje. Ahora, hay otro paralelo con una parte de la Biblia, que puede iluminar el uso de parte de Juan de la tradición de la Gran Diosa. Se trata de un paralelo, pero el paralelo hace ver una gran diferencia. En el Salmo 2 aparece lo siguiente: Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: “Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra. Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.” Salmo 2, 7-9. El texto del Apocalipsis sin duda se inspiró también en este Salmo. Pero lo ha transformado en su esencia. Dice sobre la mujer: “está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. ... La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro”. Es la mujer, que tiene el hijo. En el Salmo se dice: Tú eres mi hijo: yo te he engendrado. En el Apocalipsis no aparece ningún personaje masculino, que engendró un hijo. Aunque lo haya, es considerado completamente irrelevante. Lo que cuenta es la mujer-madre, no el hombre que haya engendrado un hijo y que lo considere suyo. Hay un paralelo entre los dos textos. Pero revela precisamente el significado contrario. Por eso no puede haber duda de que Juan muy conscientemente recurre a la tradición matriarcal de la Gran Diosa. b. La segunda visión: la rebelión en el cielo Arrebatado el hijo de la mujer hasta Dios, ocurre la rebelión en el cielo. En esta visión no aparece el hijo, sino el dragón. La rebelión en el cielo, dirigida por el Ángel Miguel, se dirige en contra del dragón. Resulta que el dragón, que quería devorar al hijo de la mujer, es un ángel en el cielo. En concreto, es el ángel que en la corte de Dios representa la autoridad. Es el fiscal, el acusador, de la corte divina. Es Dios, visto desde su lado del Dios autoritario, del Dios de la imposición de la ley. Este ángel es expulsado del cielo y recibe el nombre de dragón: CITA Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. (Ap 12,7-9). Este dragón es expulsado del cielo a la tierra. No es expulsado al infierno, como es la interpretación corriente. En el Apocalipsis no hay infierno de este tipo. Recién a partir del Capítulo 13 el texto habla de lo que el dragón hace en la tierra. Una vez arrojado a la tierra, los victoriosos rebeldes en el cielo proclaman sus razones: Cita Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante nuestro Dios. Ap 12,10. Se nota, que el dragón es el acusador, representante de la ley y de la autoridad. Y como tal es seductor, como vimos en la cita anterior. Este dragón no seduce a violar la ley, sino seduce al sometimiento a la autoridad. Seduce a someterse al orden y a la ley. Seduce al pecado que se comete cumpliendo la ley. Este dragón como Satanás es lo contrario del diablo más bien popular. Este diablo seduce a violar la ley y opera sobre todo en el campo de la sexualidad. El dragón del Apocalipsis es lo contrario. Seduce al poder, al ejercicio de la autoridad y al sometimiento a ella, al cumplimiento de la ley más allá de todos los efectos que tiene sobre la vida de los seres humanos. Se trata de las mismas seducciones como aparecen en las tentaciones de Jesús en los Evangelios. No llaman a violar ninguna ley [2]. Esta figura del seductor aparece en las discusiones de hoy igualmente. Así aparece en un análisis del subcomandante Marcos del movimiento zapatista: CITA El intelectual progresista se convierte en objeto y objetivo del poder dominante. Objeto a comprar y objetivo a destruir. El intelectual progresista «nace» en medio de este ambiente de seducción persecutoria. Algunos se resisten y defienden (casi siempre en solitario; la solidaridad no parece ser la característica del intelectual progresista), pero los otros, persuadidos de que la globalización es «inevitable», buscan entre su bagaje intelectual y siempre encuentran alguna razón para legitimar al poder. El sistema les ofrece un cómodo sillón (a veces bajo la forma de una subvención, de un puesto, de un premio o de algún privilegio) a la derecha del Príncipe ayer tan criticado. Este es el poder como seductor, que seduce a la traición de sí mismo y de los otros. Análisis de como estas aparecieron también en la Polonia de los años setenta y ochenta (por ejemplo Mischnik) frente al sistema socialista de entonces. Pero los que hicieron estos análisis en estos años frente al sistema socialista, se olvidaron de estos análisis después y se dejaron seducir por el otro y nuevo sistema y con gusto. También en el lenguaje de hoy aparece a veces la palabra “prostitución” en el contexto de esta seducción. Corresponde también al lenguaje del Apocalipsis sobre la prostitución por el poder. No tiene un sentido anti-sensual o anti-sexual. Estos sentidos se lo imputa recién siglos después. En el Apocalipsis la seducción del gran seductor ya la prostitución es a la vez idolatría. Eso también enfoca Marcos hablando de la teología neoliberal. Es la teología de los neoliberales —sobre todo cuando provienen del fundamentalismo cristiano de EE. UU.— cuando presentan su teoría e ideología como “evangelio del mercado”: CITA La tarea de los pensadores progresistas, que son los de la esperanza escéptica, no es nada fácil. En su labor intelectual se han dado cuenta del malfuncionamiento de muchas cosas y, nobleza obliga, deben revelarlo, desmontarlo, denunciarlo, comunicarlo. Pero para hacerlo, deben enfrentarse con la teología neoliberal, y detrás de ella, con los mass media, los bancos, las grandes multinacionales, los ejércitos y las policías.” [3]. Son el gran seductor y su falso profeta del Apocalipsis. Esta seducción por la autoridad es el contenido de las visiones del capítulo 13. Sin embargo, aparece un problema, que Juan tiene que afrontar posteriormente. El dragón es el ángel de la autoridad arrojado a la tierra. Pero ¿qué pasa al ser arrojado? Juan contesta: se muestra “el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo” (Ap 12,10) Entonces luchan poderes, un poder bueno de los buenos y un poder malo de los malos. Juan, por tanto, tiene que constatar un crisis del poder, cuando con el milenio anuncia el reinado del milenio de Cristo con “cetro de hierro”. Este reinado fracasa al llevar a soltar al dragón de nuevo. El reinado de Cristo reproduce el reinado del dragón, por ser un reinado que se funda en el ejercicio de la autoridad. De la crisis del poder del dragón se pasa a la crisis del poder de Dios mismo. Cuando la autoridad controla a la autoridad, reproduce aquella autoridad a la cual pretende controlar en una forma cambiada. Juan, en su análisis posterior del milenio, es suficientemente realista para sacar esta consecuencia. A partir de esta crisis del poder Juan pasa a anunciar la transformación del mundo en Nueva Tierra. c. La tercera visión: el dragón persigue a la mujer A la visión de la rebelión en el cielo sigue la segunda visión de la mujer. En la primera visión el dragón no persigue a la mujer, sino a su hijo para devorarlo. Arrebatado el hijo hasta Dios y el dragón arrojado del cielo a la tierra, el dragón persigue a la mujer: CITA Cuando el Dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos del Dragón, donde tiene que ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón. Entonces, despechado contra la mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. Ap 12,13-17. La mujer se salva de la persecución por el dragón. Escapa al desierto primero, y se salva del río de agua vomitado por el dragón por la ayuda de la tierra. La tierra es el conjunto de seres vivientes en el conjunto de los elementos físicos de la tierra. No es externa al ser humano, sino lo incluye. Lo que hay que destacar es el hecho, de que la mujer no es salvada por su hijo arrebatado hasta Dios. El hijo está en el cielo en pos del reinado de Cristo con cetro de hierro. No ayuda a la mujer, su madre. Ella es salvada por la tierra. Tampoco Dios la salva, sino la tierra. Estoy convencido que aquí de nuevo está presente la imagen de la Eva del Génesis y el conflicto entre la mujer y la serpiente anunciado por Dios. Repito las citas: CITA Enemistad pondré entre tí y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tu su calcañar. Gen, 3,15 El hombre llamó a su mujer “Eva”, por ser ella la madre de todos los vivientes. Gen 3,20 Aparece ahora en el Apocalipsis este conflicto, en el cual el “linaje” de la mujer, madre de los vivientes, salva a la mujer. El hijo arrebatado hasta Dios es también del linaje de la mujer, pero no acude en su ayuda. La salvan todos los vivientes, la vida misma la salva. No es el hijo arrebatado hasta Dios, quien salva a la mujer. Posteriormente parece todo al revés. Este hijo tiene que salvarse a volver a integrarse en la tierra. Eso Juan lo muestra con su imaginación del pasaje del mundo hacia la Nueva Tierra.

2. El dragón: autoridad y poder como seductor

El dragón es arrojado a la tierra. Es el gran seductor. La seducción que el dragón ejerce Juan la desarrolla en los capítulos siguientes 12 hasta 16. El dragón es el ángel del poder y de la autoridad arrojado a la tierra. Por eso, promueve el imperio, que Juan llama Babilonia. Es la Babilonia que había destruido el templo judío en el siglo VII a.C. y que sigue siendo en la tradición judía el símbolo de todos los imperios después. Por eso, cuando Juan se refiere a Babilonia, se refiere a todos los imperios anteriores también, aunque específicamente se refiere al Imperio Romano como Babilonia. El dragón no funda directamente el imperio, sino le da el poder. La Bestia funda el imperio y el dragón es el Dios supremo de este imperio. La Bestia es una especie de encarnación del dragón, aunque distinto de él. Fundado el imperio, el falso profeta promueve la adoración del dragón y de la Bestia. Aparece toda una trinidad. Se trata del impero romano, pero a la vez de todos los imperios: CITA La Bestia que vi se parecía a un leopardo, con las patas como de oso y las fauces como fauces de león; y el Dragón le dio su poder y su trono y gran perderío. (Ap 13,2) León, oso y leopardo son símbolos tomados de Daniel. Daniel se refiere con estos símbolos a los tres imperios que habían dominado Israel hasta su tiempo (Dn 7,4-6). El Apocalipsis retoma eso, pero con la secuencia inversa. El Impero Romano es el imperio más poderoso que contiene en sí todos los imperios anteriores. La trinidad de Dragón, Bestia y falso profeta Juan la presenta como el Anti-Dios. El mismo imperio – Babilonia – es visto como un levantamiento en contra de Dios. El Dragón, arrojado del cielo a la tierra, se hace Dios en cuanto da su poder al imperio. La rebelión en el cielo arrojó al dragón a la tierra. Ahora el dragón hace un levantamiento en la tierra promoviendo el imperio, el poder y la autoridad, convirtiéndolos en Dios. El Apocalipsis se enfrenta a este levantamiento del imperio en contra de Dios. Este Anti-Dios responde también a una mujer, que es lo contrario de la Gran Diosa: Me trasladó en espíritu al desierto. Una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos: la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, y en su frente un nombre escrito —un misteri—: “La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra. Y vi que la mujer se embriagaba con la sangre de los santos y con las sangre de los mártires de Jesús. (Ap 17,3-7). También esta mujer está en el desierto. Pero ningún Dragón la persigue. Se alimenta, pero se embriaga con sangre. Está sentada sobre la Bestia. También es madre, pero no es madre de todos los seres vivientes, sino de todas las “abominaciones de la tierra”. Tiene un nombre misterioso, que es Babilonia. La Gran Madre en cambio después recibe también un nombre misterioso que es “Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén” Ap 21,2. Lo que Juan ve en Babilonia es un mundo contrario tanto a Dios como a la Gran Diosa, madre de todos los vivientes. Sin embargo, todavía no establece una relación entre ambos. Lo va a hacer recién, cuando presenta la Nueva Tierra. Ahora Juan ve la destrucción de Babilonia. Cae Babilonia. Pero no cae por la mano de Dios o de algún ángel, sino como consecuencia de sus propias acciones. Son contradicciones internas que la hacen caer y ninguna intervención externa. Sin embargo, caída Babilonia, hay una gran batalla, que se suele llamar el primer combate escatológico. Es la batalla entre La Bestia junto con los reyes de la tierra en contra y “el que iba montado en el caballo” (Ap 1919) y el ejercito de él. En esta batalla la Bestia es derrotada. Después de esta batalla viene el reinado de Cristo, que gobernará 1000 años con el “cetro de hierro”.

3. Los mil años del reinado de Dios y de Cristo con cetro de hierro

Como ya dije, trato de ver el Apocalipsis como un pensamiento sobre la historia en términos de un pensamiento en visiones. Juan, el autor, piensa el futuro a partir de su presente. Él percibe tendencias y les da expresión. No es clarividente ni tampoco apunta como escribiente de inspiraciones divinas externas. Tampoco hace adivinanzas. Aunque el mismo se presenta así, nuestra interpretación no puede aceptarlo. El texto tiene una gran coherencia y muy lícitas análisis del poder. Sino se trata más bien de analizar estos textos según un principio, que el maestro escolástico Albertus Magnus postuló para las ciencias empíricas. Según Albertus Magnus hay que analizar “etsi Deus non daretur” (como si Dios no existiera). Eso vale también para un texto como el Apocalipsis. Se trata de un principio metodológico y no implica ninguna afirmación metafísica, ni positiva ni negativa. Sin duda, Juan es un pensador cristiano. Pero a la vez es un pensador político de alto vuelo. Eso lo comparte con los profetas de la tradición judía, que igualmente son pensadores políticos a la vez. Logra percibir y formular tendencias, que en su tiempo solamente están presentes in status nasciendi, embrionariamente. Desde su situación de persecución y opresión percibe el futuro del cristianismo como un futuro victorioso y el poder del Imperio Romano de su tiempo como un poder grande, pero frágil, en decadencia. Por tanto espera la caída del imperio y la siguiente victoria del cristianismo. Percibe estas posibilidades y las expresa como futuro seguro. El imperio lo ve como una gran idolatría del poder que constituye frente a su Dios cristiano un Anti-Dios. Un Anti-Dios resultado de la idolatría del poder. Por tanto, prevé la caída del imperio por razones de su decadencia interna, no por alguna intervención externa de Dios. Sin embargo, esta caída del imperio no significa el fin de la Bestia y del falso profeta – que para Juan simbolizan este poder idolátrico – y mucho menos el fin del Dragón, que les da su poderío. Por tanto, construye, siguiendo a la caída del imperio, un gran combate entre la Bestia y el Cristo —al cual se refiere como el “que monta el caballo”—, que en la literatura sobre el Apocalipsis se suele llamar el primer combate escatológico. En este combate Cristo sale victorioso y a la victoria sigue un gran exterminio: CITA Pero la Bestia fue capturada, y con ella el falso profeta —el que había realizado al servicio de la Bestia las señales con que seducía a los que habían aceptado la marca de la Bestia y a los que adoraban su imagen— los dos fueron arrojados vivos al lago de azufre. Los demás fueron exterminados por la espada que sale de la boca del que monta el caballo, y todas las aves se hartaron de sus carnes. Ap 19,20-21. Es una guerra de exterminio. Es el exterminio de los seguidores de la Bestia y de la propia Bestia junto con el falso profeta. Pero hay un personaje del drama, que no es exterminado. Eso es el Dragón. El Dragón es el ángel del poder, que siempre ha estado detrás del imperio, que es la Babilonia de todos los tiempos Es la Serpiente antigua, el Diablo y Satanás. Es el seductor, que hace presente el poder e incita a ejercerlo. Da poder a los que son seducidos y que entonces siguen a la Bestia y al falso profeta. Pero la Bestia y el falso profeta no son el poder, son los que lo asumen al constituir los imperios. Este Dragón sobrevive. Pero también es derrotado: Luego vi a un Ángel que bajaba del cielo y tenía en su mano la llave del Abismo y una gran cadena. Dominó al Dragón, la Serpiente antigua —que es el Diablo y Satanás— y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al Abismo, lo encerró y puso encima los sellos, para que no seduzca más a las naciones hasta que se cumplan los mil años. Después tiene que ser soltado por poco tiempo. Ap 20,1-3. Con eso empieza el reinado de Cristo. Pero Juan no lo describe casi nada. Parece que la fantasía lo abandona. Pinta con colores fantásticos tanto Babilonia como la Nueva Tierra de los últimos capítulos del texto. Pero no aparecen imágenes o símbolos de lo que es este reinado. Igualmente da mucho color a las escenas de violencia y de exterminio. Pero el reinado de Cristo, que empieza después de la caída de Babilonia-Roma, es una pura sombra. Si preguntamos ¿por qué? solamente nos queda la respuesta de que Juan no tiene capacidad de imaginar eso. Sin embargo, da algunas pistas a través de sus anuncios y de algunas escuetas descripciones. Ya antes de hablar de este reinado de mil años hay algunos anuncios del futuro posterior, que en parte solamente se pueden referir a este reinado. Hay un anuncio del futuro inmediatamente antes del reinado, que podemos descartar: CITA Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura —el lino son las buenas acciones de los santos. —Luego me dice: “Escribe: dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” Ap 19,7-9. No se puede referir a este reinado, porque las bodas del Cordero se celebran según el texto después (Ap 21) y son el inicio de la Nueva Tierra. Este anuncio se refiere a un período posterior, en el cual Juan expresamente excluye de que se trata de un reinado. Sin embargo, hay otras referencias. En la carta a Tiatira, una comunidad cristiana de Asia, hay una referencia clara. Un ángel comunica en esta carta, lo que dice el hijo de Dios: CITA Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, daré poder sobre las naciones: las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla. Yo también lo he recibido de mi Padre. Y le daré el Lucero del Alba. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. Ap 2,26-29. Aquí hay dos promesas. Una es la promesa correspondiendo al “reinado de Cristo”. La primera es: “daré poder sobre las naciones: las regirá con cetro de hierro, como se quebrantan las piezas de arcilla”. La fórmula es sorprendente. En Babilonia el Dragón da este poder. (Ap 13,2) La segunda promesa es muy diferente: le daré el Lucero del Alba. El Lucero del Alba es Lucifer, lo que es una referencia corriente en este tiempo a Jesús. En los primeros siglos en muchos contextos los cristianos se refieren a Jesús como Lucifer. Pero este Jesús es más bien lo contrario del Cristo con el cetro de hierro. Juan tiene conciencia de eso. El Lucero del Alba aparece en el Apocalipsis otra vez al final, cuando Jesús se autopresenta como Lucero radiante del Alba. Es el Jesús de la Nueva Tierra, que no ejerce y no puede ejercer ningún reinado. Pero el texto no aclarece la relación entre estas dos figuras contrarias, que se presentan como diferentes caras de Jesús. Sin embargo, la primera cara – primera promesa – promete al Cristo del reinado de Cristo con el cetro de hierro. Este Cristo es presentado nítidamente antes de pasar al reinado de los mil años: CITA De su boca sale una espada afilada para herir con ella a los paganos; el los regirá con cetro de hierro; el pisa el lagar del vino de la furiosa cólera de Dios, el Todopoderoso. Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores. Ap 19,15. Aquí se anuncia un poder feroz, más grande que cualquier otro poder. Pero no se habla del contenido de este poder. Sin embargo hay algunos indicadores. Eso puede mostrar un cita, que ya antes dimos parcialmente: CITA Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso. Aquel que es y que era porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra Ap 11,17-18. Es un poder que juzga y castiga. Por eso es consecuente, cuando Juan dice sobre aquellos que “reinan con Cristo cien años”, que se “les dio el poder de juzgar” Ap 20,4. Juzgan, castigan, manejan el cetro de hierro sobre las naciones y destruyen los que destruyen la tierra. Pero ¿qué distingue este poder del anterior poder de Babilonia? La opinión de Juan es bastante clara. Impiden que vuelva el poder de Babilonia. Por eso, el Dragón está encadenado, pero muy vivo. Es amenaza constante y no simplemente ausente. Por tanto, este reinado de Cristo es un poder destinado a evitar que el poder (OJO) iriga las relaciones humanas. El poder destruye, por tanto, hace falta un poder que evite que surja el poder que destruye. El poder del reinado de Cristo es un anti-poder, pero tan feroz como el poder. Juan sospecha algo, que no puede todavía imaginar en toda su importancia. Es el cristianismo en el poder, la cristiandad, que efectivamente surgió en los siglos posteriores y que va a confirmar sus sospechas. El cristianismo como cristiandad en el poder entre en contradicción y fracasa al no poder confrontarla. La contradicción efectivamente se hizo evidente. Es la contradicción que el poder cristiano —y los poderes que surgen de sus secularizaciones: el liberal y el socialista —viven efectivamente. Todos persiguen el poder para que no haya poder destructor y todas se legitimizan efectivamente por “destruir a los que destruyen”. Todos están amarrando al Dragón y a todos se les escapa. Esta contradicción hace comprensible, que Juan prevé el fracaso de este reinado. Igualmente hace comprensible por qué Juan no se siente capaz de dar fuerza de imaginación a su previsión de este reinado de mil años. Efectivamente, este tipo de poder tiene que hacerse Dragón para mantener encadenado al Dragón. Por tanto, es cierto que cualquier día el Dragón tiene que surgir de nuevo. Dice el texto: CITA Después tiene que ser soltado por poco tiempo. Ap 20,3. La razón la tenemos que adivinar, Juan no la dice. Pero, si nuestro análisis anterior es acertado, la hace ver. A pesar de eso dice: CITA Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección: la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con él mil años. Ap 20,6. A mí no me parece tan clara esta dicha. El resultado, al cual llega Juan, es el fracaso de este reinado. Lo hace terminar soltando el Dragón, que junta ahora Gog y Magog en contra de la Ciudad amada (Ap 20,9) Es lo que se llama usualmente el segundo combate escatológico. Esta vez baja fuego del cielo para devorarlos. Sin embargo, ahora es victoria final. Esta vez el propio Dragón es exterminado: CITA Y el diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Ap 20,10. Pero el exterminio esta vez va más allá de los perdedores: La muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego —este lago de fuego es la muerte segunda— y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. Ap 20, 14. Después de estar arrojados al lago de azufre el Dragón, la Bestia y el falso profeta, la muerte y el Hades y los condenados del último juicio son arrojados a otro lago: el lago de fuego. Allá desaparecen y no existen más. Después viene la Nueva Tierra. Pero viene después del exterminio de los malos.

4. La boda del Cordero y la Nueva Jerusalén

De este fracaso del reinado de Cristo y de la consiguiente batalla final resulta según Juan la transformación del mundo entero: un nuevo cielo y una nueva tierra. CITA Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva – porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Ap 21,1-2 Bajaba del cielo la Nueva Jerusalén. Ella aparece ahora como “novia ataviada para su esposo”. Es, sin duda la mujer que Juan había mostrado al comienzo de esta parte del Apocalipsis (capítulo 12). Es la mujer, que dio a luz y cuyo hijo fue arrebatado hasta Dios y que quedó abandonado a la persecución por el Dragón y salvada por la tierra. Ahora es novia y es a la vez la Nueva Jerusalén, que es la Nueva Tierra. Ya antes del milenio Juan había anunciado las bodas del Cordero. El Cordero, sin embargo, es el hijo de la mujer que fue arrebatado hasta Dios y que la había dejado abandonada después. La tierra que la salvó es ahora ella misma como Nuevo Jerusalén. Ahora se juntan en las bodas. El hijo vuelve. La concepción de estas bodas es sorprendente. En la tradición judía hay la comparación de Israel con la Novia y de Yahvé con el esposo (por ejemplo Is 61,10). Pero es una boda estrictamente vertical. Aquí el esposo no es Yahvé, sino el Cordero, siendo el Cordero el hijo de la Novia. No puede haber duda de que Juan recurre aquí a una imagen matriarcal. Allí tal boda es frecuente y precede a la vuelta de un nuevo año después del invierno. Aquí, en cambio, precede al nacimiento de un mundo nuevo. Juan anuncia cielo nuevo y tierra nueva. En sus visiones los describe. Sin embargo, lo hace afirmando el exterminio de los malos: CITA Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” Ap 21,3-4. Allí hay nuevo cielo y nueva tierra. Dios ahora pone su morada en la nueva Jerusalén, lo que es el nuevo cielo. Y enjugará todas las lágrimas y eso es la nueva tierra. Sin embargo, se repite el exterminio de los malos: CITA Esta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mi. Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Ap 21,7-8. Ahora son desaparecidos en el “lago con fuego y azufre” en la “muerte segunda”. Parece que simplemente dejan de existir, porque antes ya había dicho que inclusive la muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. El infierno, posteriormente se inventa, sería la vida eterna de la muerte. Pero aquí es la muerte misma que muere. Y el Hades tiene que desaparecer, porque ha llegado del nuevo mundo de la Nueva Jerusalén es vista como definitiva y no como circular, como es en los mitos matriarcales anteriores. Con el nuevo cielo el mismo Dios ha cambiado. Ahora es amigo y deja de ser autoridad. Ya no hay ni santuario ni templo: CITA Pero no vi Santuario alguno en ella: porque el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario. Ap 21,22. San Pablo habla de esta transformación de Dios como “Dios será todo en todos”. Alumbra: CITA La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lampara es el Cordero. Ap 21,23. CITA Sus puertas no se cerrarán con el día —porque allí no habrá noche—y traerán a ella el esplendor y los tesoros de las naciones. Ap 21,25 Esta Nueva Jerusalén tiene como centro la fuente del río de agua de la vida, y en esta fuente se levanta el trono de Dios: CITA Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de vida, que dan frutos doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven como medicina para los gentiles. Y no habrá maldición ninguna; el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad y los siervos de Dios le darán culto. Verán su rostro y llevarán su nombre en la frente. Noche no habrá; no tienen necesidad de luz de lámparas ni de luz del sol, porque el señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos. Ap 22,1-5. La fuente del río del agua de la vida es a la vez el trono de Dios y es el centro de la Nueva Jerusalén, siendo la Nueva Jerusalén la mujer y novia. Pero Juan hace muy explícito, que este Dios no es máxima autoridad y no es ninguna autoridad. Esta referencia es muy importante para entender su imaginación tanto del nuevo cielo como de la nueva tierra. Insiste de que el río del agua de la vida hace crecer y madurar árboles de la vida. Es una referencia al paraíso del Génesis. Allí también había un árbol de la vida. Pero Dios no les dio a Eva y Adán acceso a este árbol. Ahora hay muchos árboles de la vida y todos tienen acceso. Dicho eso, Juan añade: Y no habrá maldición ninguna. Es otra vez una alusión al paraíso del Génesis. En este paraíso había un árbol prohibido. Ahora Juan insiste, de que en esta Nueva Tierra no hay ningún árbol prohibido. Es un paraíso sin árbol prohibido y, por tanto, sin maldición. Precisamente eso confirma, que Dios ya no es autoridad, porque no hay prohibición. Donde no hay prohibición, no hay autoridad. Por eso el culto de Dios no es culto de una autoridad ni culto de ningún poder. En la dirección apunta la afirmación de Juan de que en la Nueva Jerusalén es de oro puro. Oro es el metal precioso que en su tiempo es principal material del dinero. Y el dinero es uno de los grandes símbolos de poder. Ahora está en todas partes y no es más que un bello valor de uso: …la plaza de la ciudad es de oro puro, transparente como un cristal. Ap 21, 21. Ni Dios ni el Cordero reinan. El Cordero no lleva ningún “cetro de hierro”. Por tanto dice el texto: “el señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos”. Ap 22,5. Dios alumbra y ellos reinan. Pero no reinan sobre otros, reinan sobre sí mismos. La visión es una visión de libertad frente a Dios y frente a los otros y esta libertad brota de la armonía de los seres humanos consigo mismos y, en consecuencia, con la mujer. Es posiblemente la visión más grandiosa que jamás se ha pensado en la historia humana. El Apocalipsis termina con el siguiente diálogo: CITA Yo, Jesús, he enviado mi Ángel para daros testimonio de lo referente a las iglesias. Yo soy el Retoño y el descendiente de David, el Lucero radiante del alba. El espíritu y la novia dicen: “¡Ven!”. Y el que oiga, diga: “¡Ven!”. Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de la vida. Ap 22,16-17. Es un diálogo entre Jesús por un lado y el espíritu y la novia por el otro. El espíritu y la novia forman una unidad. El espíritu también se podría traducir como sapientia o sofia, lo que es otra vez la mujer. La novia es obviamente la mujer. Es la mujer que daba a luz a un hijo que fue arrebatado hasta Dios y es la Nueva Jerusalén. En el dialogo Jesús se presenta como descendiente de David, por tanto de un rey, pero también como Lucero radiante del Alba, es decir, como el Jesús-Lucifer. Como tal, es el Jesús sin “cetro de hierro”. Es rey, pero no es autoridad. El hijo, arrebatado hasta Dios para reinar con cetro de hierro, vuelve como Lucifer, que no ejerce más el poder. La parte activa del diálogo son el espíritu y la novia. Lo reciben bien y lo llaman: “¡Ven!”. Ahora se pueden unir. A eso se une Juan, para llamar a todos que también digan ¡Ven!. Porque ahora recibirán agua de la vida. De esta manera termina un ciclo, que Juan describe en los capítulos 12 hasta el final. Es un ciclo de transformación de Dios y de la tierra. El Dios-autoridad enfrenta el Anti-Dios del poder —Dragón, Bestia y falso profeta— pero recibe su fracaso al imponer el reinado de Cristo con el cetro de hierro. El Dios mismo tiene que renunciar a su autoridad, para poder ser victorioso. Su victoria es su renuncia a la autoridad y su transformación en el Dios “todo en todos”. Pero eso es a la vez la liberación de los seres humanos en la tierra.

Reflexiones finales

Sin duda, el Apocalipsis es uno de los textos fundantes de la sociedad occidental. Nace en el contexto del cristianismo del primer siglo, pero impacta mucho más allá del cristianismo. Formula marcos categoriales, que se mantienen más allá de todas las secularizaciones de la modernidad. El texto ha sido leído de las maneras más diversas. Pero igualmente ha sido falsificado de miles de maneras. El texto acompaña la historia occidental en sus grandes cambios. Hay una lectura que se hace al surgir la sociedad burguesa. Hobbes hace toda una interpretación del Apocalipsis. Cuando habla del Estado burgués como Leviatán, alude a la bestia del mar del Apocalipsis. El mismo Locke le sigue en esta interpretación. El mismo Mesías de Händel da en la mitad del siglo XVIII toda una legitimación apocalíptica del imperio inglés, que tiene mucho que ver con la gran aceptación que esta obra encontró en Inglaterra en este tiempo. Pero igualmente Marx y Engels interpretan el Apocalipsis, como lo hace Hegel también. Y cuando colapsó el socialismo soviético, el occidente burgués la celebró en términos apocalípticos: cayó la bestia. Las imágenes del Apocalipsis aparecen también en el Nazismo alemán, cuando se presenta como el reino milenario. Y hoy se deriva del Apocalipsis uno de los pilares ideológicos del imperio de EE. UU., que le presta el fundamentalismo cristiano de EE. UU. Sin embargo, el Apocalipsis ha jugado siempre también el papel de interpretación legitimadora de las violencias que tales cambios han llevado consigo. El Apocalipsis percibe el futuro histórico como un futuro tan violento como realmente resultó. No origina esta violencia inaudita de la sociedad occidental, pero la expresa. La expresa legitimándola. Creo, que no se puede terminar un estudio sobre el Apocalipsis sin analizar esta su violencia extrema. El mismo Apocalipsis anuncia frente a Babilonia esta violencia, que supera todavía lo que era la violencia de la propia Babilonia: CITA Dadle como ella ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble. Ap 18,6. La ley de Talión decía: ojo por ojo. Ahora se dice: dos ojos por un ojo. Y después se va a decir: infinitos ojos por un ojo. El cristianismo se presenta, y no sin razón, como religión de amor al prójimo. Más urgente es hacer la pregunta: ¿Por qué nace del amor al prójimo la sociedad más agresiva y violenta de toda la historia humana, que hoy hasta amenaza la sobrevivencia de la vida en la tierra? Pero el problema no es el cristianismo. El problema es otro, porque hay que explicar por que el cristianismo lleva a constituir esta sociedad. El cristianismo hace presente en el mundo del Imperio Romano un nuevo universalismo, que se va a transformar en la base del occidente posterior. Es un universalismo del sujeto —que se expresa como amor al prójimo—, al cual corresponde una nueva imagen de la libertad, que en la Nueva Tierra del Apocalipsis tiene su expresión correspondiente y adecuada. Sin embargo, no se puede realizar. Por tanto, se invierte en su contrario, que es, en forma cristiana, el reinado de Cristo con su cetro de hierro. Eso crea un marco categorial del ejercicio del poder de occidente, que se puede secularizar manteniéndose perfectamente y en términos perfectamente análogos. Pero eso revela el problema. Ni el cristianismo, ni el liberalismo, ni el socialismo han sido capaces de efectuar una mediación de estos contrarios. Eso los hizo desembocar en el exterminismo, que acompaña la historia del occidente hasta hoy. El exterminismo occidental es el sustituto nefasto de la mediación necesaria. Sin embargo, hoy se hace insostenible, porque al seguir amenaza la propia vida no solamente humana, sino toda. Eso parece ser la razón de que hoy aparece este reclamo de una mediación de los contrarios, una mediación necesariamente conflictiva, más allá de otra toma de poder para instaurar otro sistema de poder capaz de controlar los poderes anteriores. Por eso, hay que ir también más allá del Apocalipsis. Hay que liberarse también de los muertos que ordenan.

Notas:

[1] Este trabajo se basa en el estudio de dos libros, sin los cuales no lo podría haber escrito: Richard, Pablo: Apocalipsis. Reconstrucción de la esperanza. DEI. San José, 1994 Göttner-Abendroth, Heide: Die Göttin und ihr Heros. Die matriachalen Religionen in Mythos, Märchen und Dichtung. (La Diosa y su heroe. Las religiones matriarcales en mitos, cuentos infantiles y en la poesía) Verlag Frauenoffensive. München 1988. Eso, sin embargo, no significa que lleguemos a los mismos resultados. [2] Ver Hinkelammert, Franz: El diablo y su historia en el interior de la historia de la modernidad. En: El asalto al poder mundial y la violencia sagrada del imperio. DEI. San José, 2002 [3] Las citas ver en Subcomandante Marcos: El intelectual de derechas según Rebelion.org del 15 de enero del 2004. Se nota que en el Apocalipsis aparece un marco categorial de interpretación, que se ha mantenido hasta hoy.

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