Vivimos hoy un asalto al poder mundial. Con todo, no quiero solamente hablar de este asalto, sino mostrar que todo el siglo XX ha sido un siglo de varios asaltos de este tipo, los cuales han desembocado en el asalto actual que es el mayor de todos.

1. Los asaltantes se asaltan entre sí

Sin duda, las luchas por el poder mundial y los asaltos a tal poder empiezan con el siglo XX, agudizándose en su transcurso. Al principio del siglo XX los poderes de Europa y los EEUU dominaron el mundo, que quedó repartido entre ellos. Para seguir la conquista tenían que asaltarse entre sí. De esta manera nacieron las guerras mundiales y la Guerra Fría. Los asaltantes se asaltaron en gran escala en la Primera Guerra Mundial. De ahí se desprenden las luchas por el poder mundial de parte de algunos de ellos. Se trataba de constituir un poder por encima de todos los poderes del mundo. Las luchas por el asalto al poder mundial recorren el siglo XX para volver hoy. El primer gran asalto lo intenta la Alemania nazi por medio de la Segunda Guerra Mundial. Es un asalto ilusorio, aun así muestra la agresividad y destructividad que tal asalto implica. Al término de la Guerra Fría aparece un mundo pluriestatal con una superpotencia que es “primus inter pares”, el primero entre iguales. Sin embargo la superpotencia no aceptaba este lugar, y desde la presidencia de George Bush hijo se lanza al asalto del poder mundial. Durante la Guerra Fría, tal asalto definitivo resultaba imposible por la amenaza atómica de destrucción mutua. Ahora que, desde el momento del ascenso a la presidencia de los EE. UU. de Ronald Reagan era visible la crisis del socialismo histórico. Por tanto, aparece de nuevo una ideología del asalto al poder mundial, que si bien frente al poder de la Unión Soviética no podía todavía realizarse, lo prepara. Con la presidencia de Bush se comienza a preparar de nuevo este asalto al poder sobre el mundo entero. Surge entre los llamados halcones, muy estrechamente vinculados con el American Enterprise Institute (la central de las empresas multinacionales estadounidenses), a quienes se junta el actual presidente Bush, que es algo así como su muñeca. Celebraban el “New American Century” (el nuevo siglo americano, donde americano no se refiere a América, sino modestamente a los EE. UU.). De hecho se trata, después de la Alemania nazi, del segundo gran intento del asalto al mundo. Solo que éste no es un intento ilusorio, como el nazi, puesto que se basa en un poder militar superior al del conjunto de todos los países del mundo. O sea, existe un poder militar mundial, falta entonces un nuevo poder económico y financiero mundial que lo sustente. Los EEUU se han lanzado a este asalto. Por eso, no se trata simplemente del petróleo de Iraq, pese a que se trata también del petróleo. El petróleo se puede comprar, y los países productores lo venden. Se trata, empero, del poder sobre el mundo en lo económico y lo financiero, y el petróleo es una de las llaves de este dominio. Ya no quieren ser primero entre iguales, sino señor encima de súbditos. Bush lo proclama: Somos una fuerza militar sin paralelo, tenemos el derecho de actuar en todo el mundo para imponer la economía de mercado y garantizar la seguridad energética y podemos atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier país que pueda convertirse en una competencia militar . [1] Luego, esta guerra no se puede entender como simple consecuencia de la sed de petróleo y de ganancias. Los EEUU no maximizan ganancias ni intereses económicos. Las ganancias sirven de pretexto para la guerra, y se las obtiene si se puede; pero la guerra se hace aun cuando no haya ganancias. Son idealistas de las ganancias, están borrachos por el poder. No quieren apenas petróleo, sino todo el petróleo, así como luchan por dominar toda el agua, todo el trigo, todo el arroz, todos los genes, todas las ganancias. El suyo es un idealismo “todista” que no conoce límite. Con tanto por ganar, se lanzan sin siquiera calcular. ¿Para qué va a calcular alguien las ganancias si está apostando por el todo? Inclusive están dispuestos a morir con tal de dominarlo todo, a condición de que los otros no posean nada y se tengan que postrar, al igual que hacen postrarse a sus prisioneros frente a ellos.

2. La construcción del enemigo: la conspiración mundial por combatir

El asalto al poder sobre el mundo necesita de un enemigo presente en el mundo entero que amenace al asaltante, ya que, para defenderse, éste debe tomar el poder sobre el mundo entero. Estamos siempre frente a la construcción de una conspiración mundial, la cual obliga a aquel que quiere asaltar el mundo, a tomar el poder mundial. Nada más que como no existe tal enemigo, se lo inventa. Se inventa un monstruo de la conspiración mundial. Este monstruo obliga a conquistar el mundo para liberarlo de él; no obstante, es tan terrorífico, que hay que hacerse monstruo también para poder luchar en contra suya. Por eso, las luchas por el poder mundial están acompañadas por conspiraciones mundiales contra las cuales se lucha. En efecto, desde fines del siglo XIX se empieza a hablar de conspiraciones mundiales. Cada nueva perspectiva de conquista del poder sobre el mundo crea su conspiración mundial. Eso se inicia con el invento de la conspiración mundial judía; en nombre de la lucha contra ella, la Alemania nazi asalta el poder mundial. Sigue el invento de la conspiración trotskista en el estalinismo, a pesar de que no pretendía un conspiración realmente mundial. La nueva conspiración mundial se origina durante la Guerra Fría. Nos referimos a la conspiración mundial comunista, que recibe su elaboración más contundente en el tiempo de Reagan. Se inventa el “Reino del Mal”, dirigido por el Kremlin, frente al cual se presenta a los EEUU como el milenio, “la ciudad que brilla en las colinas”, en alusión al milenio del libro del Apocalipsis. A esa conspiración sucede hoy la conspiración mundial terrorista, inventada por la administración de Bush hijo. Es un invento igual a los otros, por más que tantos crean en ella. Se apoya en los atentados de Nueva York, de igual modo que el régimen nazi se basó en el “Reichtagsbrand” (incendio del Parlamento). De esa forma se logra un impacto inmediato que sirve para provocar el miedo en la población frente a la conspiración mundial. Más tarde se lanza el asalto al poder mundial, para dominar a las fuerzas nefastas que actúan mundialmente. Todo es puro invento. En el caso de Nueva York, todavía no se sabe quienes en realidad fueron los responsables. Y en el año y medio posterior no ha habido ningún atentado ni en los EEUU, ni en la Unión Europea, ni en Japón. No hay razones para creer en la existencia de ninguna organización mundial terrorista con capacidad de ser una amenaza. No existe tal gigante de la conspiración mundial terrorista. Dice un proverbio: Si ves a un gigante, mira bien, para estar seguro de que lo que ves no sea la sombra gigante de un enano. Efectivamente, nos muestran la sombra de un enano y nos quieren convencer de que se trata de un gigante. Pretenden crear miedo. Esta conspiración se construye. No cuenta, de por sí, con ningún personaje como Bin Laden ni con ninguna organización como Al-Qaeda en su centro. Por ende, puede prescindir de ellos fácilmente y sustituirlos por ejes del mal por inventar y por ampliar. Lo mismo que en las conspiraciones mundiales anteriores, los hechos son por completo irrelevantes. Lo que se requiere es el fantasma de la conspiración mundial para justificar un asalto al poder sobre el mundo.

3. El dios y el diablo de Bush

Detrás de estas conspiraciones mundiales siempre se construye un diablo que las organiza. En el caso de la conspiración mundial judía el diablo era Lucifer, al cual había que derrocar y mandarlo de vuelta al infierno. En el tiempo de Reagan era el “Reino del Mal”, que podemos traducir como “Reino del diablo”. De igual manera, detrás de sus terroristas inventados Bush ve la “cara del diablo” (“the evil’s face”), y lo ve sobre todo en la cara de Sadam. Mas estas caras del diablo, como son Sadam o Bin Laden, pueden cambiar constantemente. Por eso, la política del asalto al poder mundial frente a la conspiración mundial se presenta como exorcismo. Correspondientemente, Bush construye su dios. Este dios posee ciudadanía estadounidense, y hasta parece un alto funcionario de la Casa Blanca: “God bless America”. Un “God bless the world” ni pasa por su cabeza. Es un narcisismo completo. Popper pensaba en estos mismos términos cuando decía que la democracia es un método para el control de los demonios. [2] Estamos con el asalto al poder mundial. Las consecuencias son las que cabe esperar cuando se identifica la política con un exorcismo. Todo el lenguaje de este asalto al mundo se vuelve lenguaje religioso. Hace unas semanas se nos mostró la prueba de una nueva bomba, la más destructora de las armas no atómicas. En los EEUU la llaman la “madre de las bombas”. Ella manifiesta la imagen que tienen de la madre: madres que dan a luz bombas. En todas partes dan a luz bombas, incluso la bomba demográfica con su explosión demográfica. Para ellos, la misma mujer es una bomba (en la Alemania de la Primera Guerra Mundial, el cañón más grande se llamaba “dicke Bertha” (Berta la gorda); el disparo de un cañón, estos militares lo tomaban como el nacimiento de un niño). En el caso de los EE. UU., el avión que transportó esta madre de las bombas y la arrojó en un campo de prueba se llamaba Samaritano. A saber, se trata del buen samaritano del evangelio que ahora ayuda a su prójimo tirándole bombas. Lo que se transmite de esta manera al pueblo estadounidense es que hasta el aniquilamiento de un país, efectuado por el gobierno de los EE. UU., es un acto de amor al prójimo. Ya en los años ochenta, un mortífero submarino atómico estadounidense recibió el nombre “de bautismo” de Corpus Christi. El mismo Cristo es la bomba atómica que lleva adentro este corpus Christi. Igualmente, nos hemos acostumbrado a recibir las elaboraciones de las estrategias del poder de los EE. UU. como “declaraciones de Santa Fe”. Vale decir, grandes asesinatos son propuestos como declaraciones de la Santa Fe. Ahora, para la guerra de Iraq, los EE. UU. nos presentan un nuevo tanque, el más mortífero de que disponen: el tanque Abram (“M1 Abram tank”). En las revistas, el grupo de los productores expresa: “happy after completing the tank”. Por supuesto, no preguntan a Abraham en el cielo para ver si él está “happy”. Estoy convencido de que no. Ahora que, este nombre, dado en los inicios de la guerra de Iraq, encierra un propósito. No se trata de ninguna casualidad. Abraham pasó mucho tiempo de su vida en Iraq, y en la ciudad iraquí de Ur se encuentra el santuario de Abraham. ¿Mandarán el “Abram tank” para destruir la ciudad Ur con este santuario? Es posible, pues el gobierno de Bush es muy piadoso. ¿Y comprará el gobierno de Israel este tanque Abram, para disparar contra los palestinos y enseñarles la verdad acerca de Abraham? A final de cuentas son muslimes y el Islam también es una religión abrámica. Sin embargo, con el “Abram tank”, ¿quién quiere ser hijo de Abraham? Y los que quieren serlo, ¿qué tipo de hijos serán? Y cuando con una nueva superbomba se decida a terminar con la vida en la Tierra, ¿no se la llamará “bomba Yahvé”? Tienen una lógica simbólica implacable. La primera reunión a la que el ejercitó estadounidense convocó a la oposición iraquí, se realizó en la ciudad de Ur. Las noticias destacaron que Ur es el lugar en el que Abraham nació y vivió la primera parte de su vida. La seguridad de la reunión fue garantizada por tanques bautizados “Abram tank”. Es evidente que no se trata de una simple coincidencia, sino de algo planificado de manera cuidadosa, probablemente por empresas de relaciones públicas de los EEUU Intentan conquistar almas. Esta unión de lo piadoso y de lo mortífero la tuvimos asimismo al principio de la conquista de América. Los conquistadores usaron cruces que eran espadas, y espadas que eran cruces. Se trata siempre de la peor forma de fomentar la agresividad mortal que siente una conciencia buena y tranquila. Entre las religiones abrahamicas, únicamente el cristianismo ha desarrollado este tipo de agresividad total. El Islam no la tiene, aunque conozca guerras santas en nombre de Alá. Pero Alá no es la guerra. Tampoco la conoce la tradición judía, si bien el Israel de hoy la ha descubierto desde los años sesenta del siglo XX. En su guerra contra los palestinos, cultiva esta agresividad. El dar nombres bíblicos a las armas más letales se intensificó y se impuso con el gobierno de Reagan. Desde entonces ha ido en aumento. Antes de la era Reagan, al arma más mortal, el cohete intercontinental más potente, se le otorgó de igual forma un nombre hipócrita: “peace-maker” (productor de paz). Con todo, era un nombre secular. Con la transformación de la política estadounidense en exorcismo, vinieron los nombres bíblicos. Se está haciendo la guerra con palabras y nombres. Es una guerra sistemática. Ni uno de estos nombres es casual, todo es premeditado. La escogencia de las palabras se discute en consejos de especialistas de ciertos ministerios, como el Pentágono, y en empresas de relaciones públicas encargadas de las estrategias publicitarias del Gobierno. En la guerra de Kósovo se recurrió al argumento de que la intervención militar en Serbia era con el fin de impedir un holocausto. El argumento se mostró sumamente eficaz. El propio ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, lo utilizó. Era, desde luego, un argumento mentiroso. Aun así, en este caso se supo quién inventó el argumento. Lo hizo una empresa de publicidad (de “public relations”) encargada de diseñar la estrategia publicitaria de la guerra. Mas no es un caso aislado. Todas las estrategias publicitarias de las guerras y de las armas son discutidas con estas agencias. Las fotografías de prisioneros postrados frente a los soldados estadounidenses, son parte de estas estrategias. Se los presenta como actos religiosos. En la actual guerra de Iraq, se las ha mostrado varias veces. El semidiós blanco con uniforme del ejército de los EEUU recibe la declaración de humildad del prisionero, quien tiene inclusive que besarle las botas. El público no percibe la denigración hecha con los prisioneros y no cuestiona la violación de las convenciones de Ginebra sobre el tratamiento a los prisioneros. En los EEUU muchos piensan que estas fotos no presentan sino la realidad: los soldados estadounidenses son semidioses blancos del Norte y para los iraquíes se trata de reconocer eso como realidad. Las mismas fotos las mostraron cuando la guerra del Golfo. Y siempre los soldados frente a los cuales los prisioneros se postran, son blancos. En la guerra de Afganistán, a falta de prisioneros en vista de que estaban muertos, se exhibía a algunos afganos postrados frente a un tanque que se hallaba en la cima de un cerro, estando los afganos abajo. Se trata de actos religiosos al dios ciudadano de los EEUU. Es el dios tribal de Bush. Como dios tribal, no obstante, sigue siendo señor del mundo. Es el dios que concedió a los EEUU, como su tribu elegida, el dominio sobre el mundo entero. Es el dios que quiere que su tribu se imponga a todos los pueblos del mundo y los someta. En la visión de Bush, es el dios que entregó la libertad a los EEUU para llevarla al mundo, imponerla y aniquilar a aquellos que no quieren esta libertad.[3] Esta libertad es el poder absoluto de los EEUU Por eso, los EE. UU. son el mundo. Este dios, claro está, brinda buenos negocios; tanto más, cuanto con más brutalidad se impone la libertad. En consecuencia, deben imponerla a sangre y fuego para que este dios los bendiga con altas tasas de ganancia. Los buenos negocios son la otra cara de este dios. Es el dios del fundamentalismo cristiano que predomina actualmente en los EEUU. Si el mundo perece como resultado de esta vorágine de poder, estos fundamentalistas no tienen problema porque será la señal de que: ¡Cristo viene! Es un mesianismo de aniquilamiento. Resulta por consiguiente una espiritualidad de la violencia, del poder, de la tortura, del terrorismo de Estado. Hay una espiritualidad del petróleo, del comercio. Sin ella no funcionan ni la violencia ni los negocios. En nombre de esta espiritualidad se asalta el mundo. Emerge un conjunto ideológico agresivo, vinculado al asalto al poder mundial. El asalto precisa de una conspiración mundial que es necesario derrotar. Es la que muestra la cara del diablo (“the evil’s face”). Frente a ella se encuentra el dios de la nación elegida que lleva a cabo el asalto. Es su dios exclusivo, aunque el dios omnipotente encima del mundo entero. Concede en exclusividad a su nación elegida el derecho al poder sobre todos, debido a que regaló a esta nación la esencia de lo humano para llevarla a todos los otros. Se trata de un conjunto metafísico que requiere encarnarse históricamente. Esta encarnación la encuentra hoy en el dominio mundial de las burocracias privadas de las empresas transnacionales, que solo mediante el asalto al poder por una tal nación elegida, se puede proyectar mundialmente como poder encima de todos. Por lo tanto, la nación elegida es aquella que ha monopolizado el poder de las armas. Así pues, estamos frente al hecho de que ha comenzado una nueva guerra mundial, con un único país que la hace, mientras todos los otros la tienen que sufrir sin poder contestar. Es una guerra de muchas guerras, una después de la otra. Estas guerras tienen en mucho el aspecto de ejecuciones en masa que transforman a los países en tumbas colectivas y anónimas.

4. El cambio de significado de la palabra libertad

Con esto cambia el significado de la palabra libertad: es la libertad que ya no come papas francesas, puesto que ahora las llama papas de la libertad. Como Francia se negó a la guerra, en los EEUU ni se podía mencionar su nombre. El propio Congreso decidió entonces rebautizar a las papas francesas papas de la libertad. Si yo tuviera que comer papas de la libertad, me producirían náuseas. Me las producirían a pesar de que me gustan las papas francesas. Tampoco hay tostadas francesas, solamente tostadas de la libertad. De igual manera la ensalada rusa es ahora, por dictado del Congreso, ensalada de la libertad. Cuarenta años de Guerra Fría no alteraron el nombre y todo ese tiempo se comió en los EEUU ensalada rusa. Hoy, como Rusia está contra la guerra de Iraq, nada más hay ensalada de la libertad. Da igualmente náuseas comer esta ensalada, aun cuando como ensalada rusa sea muy rica. La ensalada rusa no ha cambiado, los que han cambiado son los EEUU. Los símbolos muestran que lo que ha cambiado, es el significado de la libertad. Empero, no es la libertad de la que se trata en las luchas por la libertad. Esta otra es una libertad que provoca náuseas, al igual que las papas de la libertad y la ensalada de la libertad. Ya que es la libertad del libre exterminio de los otros. Es la libertad como derecho “a atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier país que pueda convertirse en una competencia militar”. Es la libertad que los EE. UU. ejercen ahora en Iraq y ejercieron antes en Afganistán. Y anuncian que la ejercerán durante un largo futuro, inclusive por cien años. Disponen de listas de los países por aniquilar, y en la Casa Blanca se decide durante el desayuno —con tostadas de la libertad— cual país será el próximo. Podemos leer esas listas pues las publican, pese a que son tentativas. Resultan de reuniones como aquellas famosas realizadas en Guatemala por Efraín Ríos Montt, después de su visita dominical a la iglesia, en las cuales eran analizadas listas de adversarios políticos y se decidía a quienes desaparecer en la semana siguiente. Esto, la Casa Blanca lo está globalizando.

5. La nueva estrategia de aniquilamiento

La nueva estrategia es de decapitación. Se trata de decapitar países, regiones, organizaciones, iniciativas, decapitando a sus líderes. Hoy la llaman “shock and awe” (Golpe y horror), y no es más que el aniquilamiento. Se produce la anomia por medio de asesinatos masivos, pero selectivos, de los líderes de movimientos, instituciones y conjuntos sociales estructurados en general. Eso vuelve imposible cualquier acción humana, en vista de que no existe acción relevante que no sea social. Parte de esta estrategia es la tortura sistemática individualizada para saber cuáles son estos personajes-líderes a todos los niveles, y así incluirlos en listas interminables. Una vez conocidos se los puede torturar y asesinar, y de hecho se los asesina. Fue lo que hizo Hitler con la SA en el tal llamado “Röhmputsch”. Lo hicieron las dictaduras de seguridad nacional en América Latina para destruir los movimientos sociales, basándose en las “técnicas sociales” desarrolladas en Vietnam y enseñadas aquí por los torturadores formados allá. En la actualidad se trata de un aniquilamiento, solamente que no es indiferenciado como los aniquilamientos de los años treinta. Por supuesto, no es posible hacer una distinción nítida. Con los talibanes se practicó un aniquilamiento indiscriminado al estilo nazi. También los asesinatos selectivos son masivos, con todo diferencian sus objetos. Para la opinión pública en los EEUU eso significa que son “justos”. Cuando Bush habla de llevar ante la justicia a presuntos culpables, no se refiere ni a tribunales ni a jueces. Llevar ante la justicia a grupos considerados culpables significa aniquilarlos. Así se llevó ante la justicia a los talibanes. No se trata de la justicia de algún Estado de derecho. Es la justicia de los Estados totalitarios. Los EEUU gobiernan ahora por ultimátum. Dieron un ultimátum al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y se fueron de la ONU debido a que, de acuerdo con Bush, el Consejo no cumplió con su responsabilidad. Dieron un ultimátum a Sadam. Como éste no cumplió, aniquilan un país. Hoy es perceptible el holocausto que se realizará. Habrá más ultimátum, y aun cuando todos sean súbditos, proseguirán. Todos son ultimátum de esta nueva libertad.[4] Los EE. UU. querrían haber conquistado Iraq de manera pacífica. Ahora que, han tenido que conquistarlo por medio de la guerra. Y es que dieron un ultimátum exigiendo la renuncia de Sadam para que no hubiese guerra. Sin embargo, a la vez declararon que ocuparían Iraq “pacíficamente”, aun cuando Husein renunciase. Por consiguiente, los iraquíes son declarados criminales de guerra. ¿Por qué no se entregaron sin defensa? Obligaron a los estadounidenses a ocupar ese país con guerra. Se revela, entonces, la profunda maldad iraquí.[5] La Alemania nazi también habría preferido conquistar la Unión Soviética pacíficamente. Los nazis, empero, no se atrevieron a presentar un ultimátum al estilo Bush. Hoy, en cambio, el mundo se halla tan atontado y tan postrado frente a los EEUU que se traga este ultimátum, como se traga las papas de la libertad. Somos más tontos que antes. Tanto que, en comparación, las armas son inteligentes. Pronto serán armas geniales y recibirán premios Nobel; cuando menos Oscares, puesto que ya no quedarán candidatos humanos.

6. Caos, júbilo y orden en Bagdad

El día de la caída de Bagdad, los medios de comunicación estadounidenses ofrecieron escenas de júbilo de parte de la población. No obstante, ese júbilo, mucho más limitado de lo que los medios de comunicación mostraban, era un júbilo producido por la amenaza del terror. Era el mismo júbilo que podía producir Sadam cuando él tenía el poder del terror de su parte, únicamente que más mediocre. En la novela 1984, de Orwell, es el júbilo de Smith, el torturado, celebrando a su torturador O’Brien y al Gran Hermano. Es un júbilo que nace del propio instinto de sobrevivencia desnudado de toda dignidad humana. Aun así, en muchos casos el terror legitima. El prisionero postrado frente al soldado blanco puede convencerse de que es un inferior. Ésa es la intención de quienes lo obligan a postrarse. Este convencimiento de la propia inferioridad se transforma en legitimidad del semidiós blanco del Norte, frente al cual está postrado el hombre colorado del Sur. Esta legitimación por el terror funciona muchas veces. Funcionó inclusive en los años cuarenta del siglo pasado en muchos lugares frente a los nazis ocupantes de tantos territorios europeos. Los nazis no estaban simplemente de forma ilegítima; tenían a su favor la legitimidad que brinda el terror y la experiencia de la denigración propia. Esta legitimación por el terror no funciona en todos los casos, con todo, funciona. El terror es el instrumento para mostrar que no hay alternativa. La misma sobrevivencia desnuda empuja entonces hacia la legitimación del poder que ejerce el terror. Para el condenado por el terror eso lleva a la autocondena. Y de la autocondena se pasa a la identificación y a la colaboración. El terrorismo de Estado funciona sobre esta base. Hoy, los EE. UU. imponen de este modo su dominio, y lo pueden hacer porque poseen el monopolio tanto de las armas como del terrorismo de Estado en el mundo. La democracia que impone, tiene en su centro este terrorismo de Estado. Y cuando el tanque mortífero que lleva este mensaje de terror se llama Abram, apunta a esta transformación mediante el terrorismo de Estado. El Abraham, que no mató, es transformado en un agresor que mata por amor. El mismo terrorismo de Estado recibe el aspecto de un acto de amor.[6] Se nota, por ende, que el sentido de dignidad del ser humano denigrado no es para nada algo automático. Es una especie de conversión frente a la experiencia de inferioridad propiciada por el terrorismo de Estado, que es una experiencia efectiva y directa. El ser humano tratado como inferior, se experimenta a sí mismo como inferior. Solamente puede recuperar su dignidad en contra de la experiencia de su inferioridad. Necesita convertirse a ser sujeto. Fannon analiza esto en su Los condenados de la tierra. Este ser sujeto trasciende a la experiencia, pues la experiencia directa es no serlo. El ser sujeto con dignidad es una experiencia indirecta. Por eso, no es automática.[7] Como vimos, al conquistar Iraq los EEUU esperaban ser aclamados por la población como libertadores. Hubo aclamación, mas ridículamente poca. Para lo que el conquistador exigía, era demasiado poco. En consecuencia, los EEUU aprovechan la “decapitación” del orden social. La sociedad se convierte en caos, en particular en las grandes ciudades. El ejército estadounidense no interviene. Este caos es producido de manera intencional. Primero, para que se dé el júbilo espontáneo de la población. Al no darse este júbilo en un grado suficiente, dejan progresar el caos. Saben que después de algunos días, el caos desemboca en la desesperación. Ahora que, decapitada la sociedad, no existe capacidad para establecer un orden. Luego, tarde o temprano la población entera se postrará frente al poder de los EEUU pidiéndole el orden. Siendo así, los estadounidenses podrán celebrar de nuevo como libertadores y la población celebrará con ellos, solo que para salir del hoyo negro del caos al cual fuera empujada. Esto es, los EEUU produjeron el caos, y los iraquíes tendrán que percatarse de que la salida de éste nada más la puede dar aquel que lo produjo. Y, por fuerza, para sobrevivir tienen que salir del caos. Por tanto, el plan puede cumplirse: contar con una población esclava y postrada que acepte a los semidioses blancos del Norte, encarnados en los soldados blancos del ejército estadounidense, como sus amos superiores, frente a los cuales ellos son los inferiores. Es bien posible que tengan entonces el júbilo que exigían desde el principio. Sin embargo, esto sería una derrota en el alma. No está claro todavía si este plan va a funcionar. Si funciona, se lo repetirá en las futuras guerras ya anunciadas. Es el ideal del amo absoluto. El ejercito de la Alemania nazi aplicó esta estrategia durante la Segunda Guerra Mundial en los países de Europa Oriental. Empero, los nazis nunca alcanzaron su meta. Les resultó una guerra de los partisanos, a los que no pudieron derrotar ni en la Unión Soviética, ni en Polonia, ni en los Balcanes. Los EE. UU. repiten ahora esta estrategia con medios infinitamente más destructores. Anhelan el júbilo de los derrotados. Al igual que O’Brien en la novela de Orwell, buscan el júbilo del derrotado a través de su denigración y deshumanización absolutas. No es posible saber de antemano si esta vez esta estrategia tendrá éxito.

7. Las analogías sorprenden

Vivimos un momento decisivo de nuestra historia. Es el momento en que se podría iniciar la toma de conciencia respecto a lo que está ocurriendo: el segundo gran asalto al poder sobre el mundo entero. Es preciso recordar el asalto anterior, el cual partió de la Alemania nazi en los años treinta del siglo XX. Por más que Alemania lo preparaba y hablaba de lo que pretendía, mantuvo el apoyo de los países occidentales —Gran Bretaña, los EEUU y Francia— hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Lo mantuvo porque estos países vieron en el fascismo la fortaleza necesaria frente al socialismo, tanto en la Unión Soviética como en movimientos socialistas en sus propios países. Eso empezó con el fascismo italiano, ya en 1921. Benito Mussolini fue apoyado merced a su régimen represivo de los socialistas italianos. Esta política frente a Mussolini resultó muy bien hasta mediados de los años treinta. Cuando el nazismo llegó al poder en Alemania, recibió en seguida la aprobación de esos países occidentales democráticos, quienes a las pocas semanas anularon la deuda externa alemana por las reparaciones de la Primera Guerra Mundial, deuda que había subvertido la democracia alemana de los años veinte y que es una de las razones del éxito del nazismo en Alemania. Es decir, llegado al nazismo al poder, todas las restricciones del Tratado de Versalles a las cuales la democracia alemana no logró sobrevivir, fueron levantadas. Cuando en 1919, en Alemania, por medio de una revolución popular se impuso la democracia y la república de Weimar, de inmediato se la tuvo que defender en dos frentes. Por un lado, de la ultraderecha alemana que no aceptaba la democracia; por el otro lado, de la política obstruccionista de las democracias de los EEUU, Gran Bretaña y Francia. Estos países trabajaron en el mismo sentido que la ultraderecha alemana. La democracia en Alemania fue imposible precisamente por tal política de los países democráticos, los cuales prefirieron la ultraderecha a la democracia. De ahí que apenas el nazismo subió al poder, colaboraron con él para estabilizarlo. La razón es bien clara: los poderes occidentales veían en el nazismo la gran solución para Alemania, donde se había dado el movimiento socialista más grande del mundo. Ahora, los comunistas y socialistas estaban en campos de concentración, sus partidos destruidos, sus medios de comunicación prohibidos, muchos de sus líderes muertos. Eso proporcionaba confianza a las democracias occidentales, que concedieron todo su apoyo al nazismo. Inclusive el antisemitismo nazi era otra garantía de la seriedad de su anticomunismo. No producía sospecha, sino buen ánimo. El mismo Henry Ford viajó a Berlín para recibir una medalla de manos de Adolfo Hitler, concedida por sus méritos antisemitas. Todos creían en la fortaleza nazi frente al socialismo y el comunismo. Ni en la guerra civil española se dieron cuenta de lo que ocurría. Apoyaron otra vez al fascismo, que ganó esta guerra por el apoyo militar de la Alemania nazi y la Italia fascista. Las democracias occidentales lo vieron con beneplácito. Nuevamente soñaban con otra fortaleza anticomunista. No obstante, esta ceguera la comprenderemos mejor estableciendo una comparación con nuestra actualidad. Desde hace muchos años los EE. UU. se han erigido como fortaleza de la globalización de las burocracias privadas transnacionales. Han garantizado su imposición apoyados por los poderes políticos reunidos en el Grupo de los Siete (G-7). Eso funcionaba muy bien y nadie dudaba de la integridad estadounidense. George Bush (hijo) gana la presidencia gracias a un fraude. La ONU es desmantelada y diversos acuerdos internacionales son descartados. Aparecen campos de concentración, siendo el más conocido de ellos el de Guantánamo. Son campos sin ley, donde la Corte Suprema de los EE. UU. declara que no tiene competencia, y ninguna otra corte tampoco. La Corte Penal Internacional es condenada por el gobierno estadounidense. Con la “Patriotic Act” (Ley Patriótica) se deroga el habeas corpus, se legaliza la desaparición de personas y hasta las ejecuciones secretas. O sea, se disuelve el Estado de derecho. Las otras democracias occidentales, empero, estaban tranquilas. Estaban tranquilas, convencidas de que eso es necesario para defender al mundo occidental. Estaban tan tranquilas como en los años treinta del siglo pasado de cara al desarrollo de la Alemania nazi, considerada como su fortaleza frente al comunismo. Estaban tranquilas, hasta que la fortaleza se vuelca contra el mundo entero y efectúa su asalto al poder sobre el mundo. No es posible entender bien la tolerancia del mundo democrático frente al nazismo alemán, sin entender su tolerancia frente a estos cambios visiblemente paralelos que hoy ocurren en los EE. UU. Es evidente que las democracias occidentales no se preocupan mayormente de los derechos humanos ni del Estado de derecho. Se preocupan sí de la defensa frente a conspiraciones mundiales inventadas por ellas mismas, estando como consecuencia dispuestas a la violación sistemática de los derechos humanos y a la subversión del Estado de derecho. Pero las conspiraciones las inventan en función de la imposición de su poder. Eso funciona hasta que la fortaleza se vuelca contra todos. Se percibe entonces que la invención de tales conspiraciones mundiales es una técnica social para abolir los derechos humanos en función de un asalto, efectuado por un poder, al poder sobre el mundo. Con muy pocas excepciones, ésta era la posición de las democracias occidentales cuando celebraron el establecimiento de campos de concentración para los socialistas en los países fascistas. Se sentían en estrecha unión con ellos. Y siguieron ilusionados hasta el ataque de la Alemania nazi a Polonia en 1939. Este ataque destruyó la ilusión, ya que fue un ataque no provocado, justificado como guerra preventiva. No quedaba duda de que la Alemania nazi querría mucho más que una lucha anticomunista. Querría asaltar el poder sobre el mundo entero. A partir de este ataque se formó la alianza antifascista, que antes únicamente fuera un tímido intento de parte de grupos socialistas con escasa influencia política.[8] Derrotada la Alemania nazi, se intentó establecer con la ONU una comunidad de naciones capaces de convivir. Fue un intento que quedó trunco en vista de que los EE. UU. y Gran Bretaña desataron la Guerra Fría, la que de igual modo fue una lucha por el poder sobre el mundo. En este tiempo se trataba del poder de los países capitalistas sobre el mundo, con todo, el empate atómico imposibilitó un asalto al poder mundial. Cuando se logró el derrumbe del socialismo, otra vez se creyó en la instauración de una comunidad mundial, solamente de países capitalistas autodenominados democráticos y mundo libre. La ilusión que siguió fue como en los años treinta del siglo XX. Duró varios años a pesar de que los pasos de los EEUU en la lucha por el asalto al mundo eran visibles. No ratificó acuerdos internacionales, violó la ley internacional a su antojo, asaltó países como Grenada, Panamá y Libia. La comunidad de las naciones colaboró de forma vergonzosa. Se entregó a Serbia a la destrucción, y en el 2001 un consenso consagró el aniquilamiento de Afganistán. La guerra de Afganistán tampoco era legal, aun así fue un aniquilamiento por consenso de las naciones del mundo (de hecho, de las naciones que tienen voz en este mundo). Comprendieron que el gobierno de los EEUU quería sangre y se la dieron, igual que a un gato bravo se le da un ratón vivo para satisfacer su sed de sangre. Hannah Arendt ya había sospechado que algo así estaba en el futuro del mundo: Porque resulta completamente concebible, y se halla incluso dentro del terreno de las posibilidades políticas prácticas, que un buen día una Humanidad muy organizada y mecanizada llegue a la conclusión totalmente democrática —es decir, por una decisión mayoritaria— de que para la Humanidad en conjunto sería mejor proceder a la liquidación de algunas de sus partes [9]. En Afganistán, la Humanidad procedió a la liquidación de una de sus partes. La guerra fue una gran ejecución en masa, y los pilotos de los aviones fueron los verdugos. Terminada la guerra, el país quedó abandonado. La guerra de Afganistán ha sido uno de los grandes crímenes de nuestro tiempo. Ningún consenso puede borrar un crimen. Fue un crimen, legal o no. La guerra de Afganistán fue un crimen en el marco de un consenso de muchas naciones. Y apareció ahora un campo de concentración en Guantánamo para los prisioneros de esa guerra. Sin embargo, con la excepción de unos pocos, el mundo tampoco se preocupó. A partir de esta situación se lanza la guerra de Iraq, que vivimos y morimos hoy. Otro crimen, mas esta vez sin consenso ni ley. Ahora que, esta vez ocurre algo parecido a lo que ocurrió con el ataque de la Alemania nazi a Polonia. Para Polonia el ataque fue fatal, costó la vida de un tercio de su población. La guerra actual será muy probablemente una catástrofe parecida, sin embargo está abriendo los ojos de un mundo que rechazaba ver lo que en los EEUU se preparaba. Hoy por fuerza tiene que abrir sus ojos, pues el asalto al poder sobre el mundo va y está en curso. Lo que se anuncia es una guerra sin fin previsible, en la cual la fábrica de muerte se mueve de un país a otro, sin excluir a ninguno.[10] De todo esto se puede aprender una lección: donde dominan las democracias occidentales, raras veces promueven la democracia. En sus luchas por la democracia la India enfrentó a Inglaterra, democracia occidental por excelencia. Los luchadores hindúes por la democracia pasaron constantemente por las cárceles inglesas. Fue una lucha de más de un siglo, con masacres y asesinatos masivos de parte de las fuerzas de ocupación inglesas. De igual manera, cuando hace un siglo Inglaterra conquistó el Medio Oriente, no introdujo ninguna democracia: impuso monarquías absolutas. Ahora, en contra de las consecuencias, los EEUU llevan a cabo la guerra de Iraq. De nuevo luchan contra un déspota que promovieron con el lema de Roosevelt: Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo puta. Éste ya no es su hijo de puta y entonces ellos se comportan frente a él de modo correspondiente: “Para luchar contra un hijo de puta, hay que hacerse hijo de puta también”.[11] En América Latina y el Caribe, los EEUU quitaron y admitieron democracias según les conviniera para mantener su dominio. En los años ochenta del siglo pasado, Ronald Reagan impuso la democracia, por orden de arriba, junto con las políticas que la sometieron al poder de las burocracias privadas, subvirtiendo a las democracias desde el principio. Cuando la democracia venezolana asumió posiciones propias con el presidente Hugo Chávez, la democracia del Norte en seguida conspiró, en unión con las burocracias privadas de Venezuela sustentadas en su casi-monopolio de propiedad de los medios de comunicación, para derrocarla. Hoy en Iraq, los EEUU anuncian para después de la guerra la instalación de una dictadura ejercida por militares estadounidenses, a la cual seguirá probablemente una democracia títere como en Afganistán. Así pues, para conquistar la democracia no se debe confiar sino muy marginalmente en la ayuda de estas democracias occidentales. Su historial es más bien el historial de la traición a la democracia. Por consiguiente, hay que fiarse de la fuerza propia.

8. La estrategia de la globalización y el asalto al mundo

Este asalto actual posee muchos antecedentes que hay que tener en cuenta si queremos hacerle frente. Primero, debemos hablar de la estrategia de acumulación de capital llamada globalización y que se inicia con fuerza con el gobierno de Reagan. Maucher, presidente de la multinacional Suiza Nestlé en 1991, afirmó en ese entonces que quería ejecutivos (“manager”) con “instinto asesino” (“Killerinstinkt”) y “voluntad de lucha”.[12] Maucher se veía a sí mismo como un hombre con “instinto asesino”. Lo consideraba un honor. El concepto de “instinto asesino” pasó luego al lenguaje con el cual se interpretan los ejecutivos a sí mismos. El autor de “bestsellers”, Jack Trout, lo amplió y creó el concepto de “competencia asesina” (“Killer-Wettbewerb”).[13] Siguiendo a Trout, la competencia consigue su ideal cuando llega a ser “competencia asesina”. Los ejecutivos del Fondo Monetario Mundial (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) necesitan de igual forma este instinto asesino. Empero, cuanto más surgen grupos e incluso Estados disidentes, tanto más necesitan un poder mundial con instinto asesino. Y, finalmente, necesitan un Estado que asalte el poder mundial para hacer entrar a todos los otros en su razón; a saber, en la razón de estos ejecutivos con instinto asesino. Este Estado necesita todavía más “Killerinstinkt”. El gobierno estadounidense se ofrece como tal, y en verdad que tiene méritos con su lista de países aniquilados. Merece toda la confianza de parte de los ejecutivos con instinto asesino. Y aun si perdiera, ya vendrán nuevos Estados por la sencilla razón de que esta estrategia no es posible imponerla de otro modo. En América Latina fue impuesta por las dictaduras totalitarias de Seguridad Nacional de los años setenta y ochenta. Puras dictaduras con “Killerinstinkt”. Ahora necesitan una dictadura mundial con ese mismo “Killerinstinkt”. Pinochet, quien fuera promovido con tantas ganas por el gobierno estadounidense, instala ahora su dictadura mundial desde los EE. UU. Solamente cambió de apellido. Se ha visto que sin el desarrollo de este “Killerinstinkt” no se puede sostener la estrategia llamada globalización, que es en sí un “overkill”. Se asume, por ende, la estrategia del asalto al poder mundial por los EE. UU., que no es más que la otra cara de la estrategia vigente de la acumulación de capital globalizada. La Ley Patriótica (“Patriotic Act”) del 2001, aprobada tras los atentados de Nueva York, legaliza elementos claves de las anteriores dictaduras de Seguridad Nacional en Indonesia y América Latina, en especial el desaparecimiento de personas, las detenciones sin derecho al habeas corpus, los tribunales secretos con ejecuciones secretas, el tratamiento arbitrario de los presos, los cementerios secretos. Lo que las democracias occidentales hicieron con Alemania, lo hacían por añadidura en todos los lugares donde podían. Subvertían económicamente las democracias vigentes, para promover luego dictaduras a menudo totalitarias que se sometían a su dominación. En todo el mundo procedieron así, aunque con el nazismo no les resultó debido a que éste lanzó el asalto al poder sobre el mundo entero. Aun así, esta política prosiguió después de la Segunda Guerra Mundial en países como Indonesia, Chile y Nicaragua. Se subvirtió económicamente a las democracias, para más tarde fomentar las dictaduras totalitarias de Seguridad Nacional. Éstas masacraron a los movimientos democráticos derrotados con el apoyo de las democracias orgullosas de sus tradiciones. Con posterioridad reinstalaron democracias impuestas, mas esta vez democracias sin voz popular y sin movimientos populares. Vale decir, de las dictaduras de Seguridad Nacional se pasó a las democracias de Seguridad Nacional, y los que habían promovido aquellas dictaduras se celebraron a sí mismos como liberadores. Sin embargo, eran democracias impuestas desde los EEUU e introducidas por los comandantes en jefe de los correspondientes países. Democracias controladas internamente por el aparato militar y desde el exterior por el FMI. Aparentemente a los EEUU les fue muy bien con esta política. Promovieron su propio poder sobre las otras democracias occidentales. Ninguna de las dictaduras impuestas pudo repetir lo hecho por la Alemania nazi, ya que en ningún caso contaban con el poder económico y militar correspondiente. No obstante, ahora el método operaba al revés. En efecto, desde estas dictaduras —la chilena tendría una importancia clave— los EEUU desarrollaron la estrategia mundial de acumulación de capital llamada después globalización. Esta estrategia llevó posteriormente al asalto al poder sobre el mundo por los EEUU. Este asalto es fruto de esta estrategia. Ahora que, para hacerla posible necesitaba transformar a los propios EEUU en una dictadura de Seguridad Nacional, declarando a todo el mundo como el ámbito de ésta su seguridad. Eso se logró a partir de los atentados de Nueva York y la consiguiente Ley Patriótica. Lo que habían apoyado en el exterior, en especial en América Latina, lo importaron a los EE. UU. Esto es, para asaltar el poder mundial, hay que disolver la democracia en el propio país asaltante. El mundo no precisa de que los EEUU le lleven la democracia. Lo que requiere es que los EEUU acepten que ese mundo conquiste su democracia. Por supuesto, tampoco América Latina y el Caribe necesitan de los EEUU para tener democracia. Lo que necesitan es que los EEUU no la impidan. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, los EEUU se presentaron como el país que llevaba la democracia a Alemania. Ésta tuvo democracia a partir de la revolución democrática de noviembre de 1919, mas lo EEUU y las otras democracias occidentales colaboraron para tornarla insostenible. (John Maynard Keynes participó en las negociaciones sobre el tratado de paz de Versalles, en 1919. Al año siguiente publicó un libro con el título: Las consecuencias económicas del tratado de paz. En él previó perfectamente las consecuencias para la democracia alemana que se seguirían de este tratado; consecuencias muy parecidas a las que tuvo sobre la democracia latinoamericana y caribeña el pago de una deuda externa impagable después de 1982). Ahora trataron a Alemania como un país esencialmente no-democrático, al cual ellos llegaban como salvadores para hacerle conocer la democracia. Es el mismo tratamiento dado al mundo entero y conocido en América Latina y el Caribe desde por lo menos un siglo atrás. El FMI ha desarrollado este método como “técnica social”. Subvierte económicamente las democracias para, tras las crisis sociales resultantes y su represión violenta, imponer un sistema de dominación, democrático o no, en correspondencia con sus aspiraciones. En Costa Rica, por ejemplo, esto se experimentó durante la presidencia de Rodrigo Carazo (1978-82). Cuando él se negó a las condiciones del FMI, aduciendo que éste no era el Presidente del país, el Fondo lo arruinó con medidas económicas que provocaron en pocos meses una inflación del 100%. Ningún presidente costarricense posterior ha vuelto a dudar de quién es el presidente detrás del trono. En todo caso, los EEUU aparecen siempre como los salvadores de una crisis provocada por ellos. Si queremos frenar el asalto al mundo por parte de los EEUU, tenemos que frenar el asalto al mundo de estos ejecutivos que mantienen la estrategia de globalización, la cual es anterior. Ella ha ocupado el centro de nuestra historia durante casi treinta años. Tenemos que frenar esta estrategia puesto que es ella la que solicita y sostiene al asalto al mundo, tanto en lo económico como en lo político. Si hoy existe oposición de Estados de importancia central como Francia, Alemania, Rusia y China, eso tiene que ver con su rechazo a aceptar un dictador del mundo: los EE. UU. Un gran dictador que juega al fútbol con el globo. Con todo, hay que llevarlos a negarse a esta estrategia de globalización, lo que hasta ahora no hacen. Todavía mantienen la ilusión de que el asalto por medio del FMI, el BM y la OMC puede consumarse en paz entre los asaltantes. Pero los asaltantes se asaltan entre sí, y por eso los EEUU asaltan a sus colegas asaltantes. ¿O acaso Francia y Alemania no participan de este asalto al mundo llevado a cabo por las burocracias privadas de las empresas multinacionales mediante la estrategia de globalización, que implica la explotación del mundo entero por unos pocos? Ahora se sienten defraudados en vista de que el botín se lo quiere llevar uno solo. Mas, a la postre, los asaltantes siempre se asaltan mutuamente. Toda la historia del siglo XX es la historia de estos asaltos mutuos de los asaltantes del mundo entero y de los intentos de escapar a ellos. Sin embargo la estrategia necesita un solo señor y un solo dios. Y éste no puede ser sino los EEUU con aquel dios que es su ciudadano de honor. Por eso, hasta las multinacionales francesas y alemanas podrían estar a favor del asalto que los EEUU están realizando. Hay colaboradores de los EEUU en este asalto. Gran Bretaña, en la persona de su primer ministro Tony Blair, se ha prestado para ello, y varios más. Blair intenta una política que en los años treinta del siglo pasado se llamó “apeasemente”. Fue la política de Neville Chamberlain frente a Hitler, y que hoy Blair repite frente a Bush. Por medio de esta política, Chamberlain intentó asegurarse a la Alemania nazi como fortaleza frente al socialismo, evitando así que se volcara en contra de los países occidentales en un intento de asaltar el poder sobre el mundo. Blair intenta ahora mantener a Bush y a los EEUU en el marco de una estrategia de globalización conducida por los países desarrollados del centro en conjunto. Después de la guerra de Iraq, sabemos que su tentativa ha fracasado.[14] Los EEUU no están dispuestos a compartir el botín ni siquiera con la Gran Bretaña. La imagen histórica de Blair oscilará entre las imágenes de Chamberlain y de Mussolini, teniendo a José María Aznar corriendo detrás como su Micky-mouse.

9. La resistencia

¿Qué hacer? Este asalto no se puede frenar con las armas. Tampoco con ataques terroristas. El asaltante dispone de superioridad en todas las armas y actos terroristas solamente le servirían de pretextos para aniquilar más países, más grupos humanos. El asaltante monopoliza tanto las armas como el terrorismo. Qué son los asaltos al poder mundial, lo muestra la película “El Gran Dictador” de Charlie Chaplin. Ella es enteramente actual ya que presenta el asalto al poder, en aquella ocasión de parte de la Alemania nazi, si bien no lo identifica. Luego, deja abierta la posibilidad de que un futuro Gran Dictador cambie de ropa. Que hoy veamos a los EEUU perpetrando este asalto con muchas más posibilidades de lograrlo, no implica que se trate de un nuevo nazismo o un nuevo fascismo. Significa nada más que es un nuevo asalto. Los parecidos se explican a partir del intento de asalto, no por imitación del nazismo o el fascismo. Aun así, quien lleva a cabo tal asalto, repite mucho de lo desarrollado en el asalto nazi. La película de Chaplin despliega su argumento entre dos escenas principales. La escena en la que el dictador juega al fútbol con el globo, la cual expresa su borrachera de poder, seguida por la explosión del globo. La otra escena es la final, con su llamado a la paz, que se torna tan fuerte y general que el dictador pierde su apoyo y la dictadura se desvanece. Chaplin no apunta hacia un enfrentamiento con las armas, sino a un enfrentamiento sin armas. En su tiempo, esto era lo contrario de lo que la propaganda de guerra en los EE. UU. necesitaba. Por eso, pese a que la película tuvo mucho éxito, los propagandistas de la guerra la rechazaron. Fue propuesta para el Oscar y por supuesto no se le concedió, lo que la hace más válida hoy. Y es que frente al nuevo Gran Dictador con su asalto al mundo, no hay guerra posible. La escena final de la película con su llamado a la paz recuerda en muchos sentidos los discursos de resistencia de la actualidad, como los aparecidos en Porto Alegre. Chaplin no quería fiarse de una solución por la vía de la guerra. Hoy no existe posibilidad de una tal solución. La guerra de la alianza contra la Alemania nazi era justificable, al igual que ahora sería justificable una guerra en contra de este asalto al poder mundial por los EEUU. No obstante no es posible. Sería ilusoria. Por ende, la respuesta a través del discurso de la paz no es un simple “juicio de valor”, es la única respuesta posible. Si este discurso de paz no resulta exitoso, no habrá resistencia posible y un nuevo totalitarismo —un totalitarismo en nombre de la libertad— ahogará a la humanidad. Queremos ser libres para no caer en las garras de esta libertad. El gobierno estadounidense cree que el poder nace de los fusiles. Eso es falso. Sin legitimidad, las armas únicamente destruyen y no hay vida posterior. La legitimidad reside en el ejercicio humano y humanizado del poder. Si queremos cambiar algo, jamás debemos olvidar que nada haremos si no conseguimos despojar a este poder de las armas de su legitimidad. Esto es lo que acontece hoy. Ante los ojos del mundo, el emperador se encuentra desnudo. Empero, hay que desnudarlo una y otra vez puesto que todos los días cambia de ropa. Su brutalidad, su cinismo antihumano, su desprecio de todos los valores de la humanidad desarrollados en milenios, son visibles. Tenemos que insistir en ello para hacer ver lo que ocurre. Si logramos eso, podremos hacer algo. Es la rebelión del sujeto. Esta rebelión tiene que volver a hablar de la democracia e insistir en ella. Hoy, especialmente tiene que hablar de la democracia en los EEUU. La pérdida de la democracia allí y el desarrollo de una dictadura de Seguridad Nacional en el interior de su democracia, amenaza al mundo.[15] Hay que recuperarla, porque el asalto exige subvertir la democracia precisamente en los EEUU, lo que se está efectuando. Eso implica hablar de la libertad de opinión allí. Existe un control de la prensa casi absoluto. En nombre de la libertad de prensa se ha instituido una concentración de los medios de comunicación que sofoca la libertad de opinión. Son las burocracias privadas por controlar, las cuales poseen la propiedad de los medios de comunicación y los convierten en sus voceros. Así como los totalitarismos los controlaban desde el Estado, las burocracias privadas los controlan con base en la propiedad privada. En el ascenso del nazismo de los años veinte tales monopolios privados desempeñaron un papel clave (la prensa Hugenberg y el monopolio sobre el cine de la UFA). En las discusiones al término de la Segunda Guerra Mundial en Alemania se analizó este problema. Se conformó entonces un monopolio público de la radio y la televisión, cimentado en su gestión autónoma. Respecto a la prensa escrita se pretendía un control estricto de cara a posibles monopolizaciones de ésta. Todo ello orientado a evitar un nuevo asalto al poder mediante un control de los medios de comunicación por las burocracias privadas empresariales, sin caer en un control estatal. Se alcanzó, en efecto, un alto grado de libertad de opinión sin que ni las burocracias privadas ni el poder estatal lo sofocaran. En este tiempo surgió la conciencia de que la libertad de opinión hay que defenderla, sí, frente al Estado, pero ante todo frente a la libertad de prensa pues los medios caen en manos de las burocracias privadas empresariales. En la actualidad, los EEUU cuentan con un sistema de medios de comunicación que controla la opinión pública de una manera que se acerca a lo ocurrido en los países totalitarios de los años treinta. El asalto al poder sobre el mundo no se puede realizar con libertad de opinión. En los EEUU se ha subvertido la libertad de opinión en nombre de la libertad de prensa, la cual permite a estas burocracias privadas la toma del poder en los medios. El resultado es un control casi absoluto de los medios. El censor de éstos son las burocracias privadas. Se manifiestan, en consecuencia, gobiernos de las burocracias privadas. El primer caso llamativo ha sido el de Berlusconi en Italia, quien es un alto ejecutivo de la burocracia privada italiana y por esa vía dueño de la mayoría de los medios de comunicación. A la vez, es el gobernante democráticamente elegido del país. Los gobiernos, por tanto, retoman el control de los medios de comunicación, solo que ahora lo consiguen accediendo a las burocracias privadas que son sus dueños. Eso mismo sucede en los EEUU. La junta de gobierno del presidente Bush la conforman altos ejecutivos de la burocracia privada estadounidense. Siendo así, pueden dominar los medios de comunicación y determinar una opinión única presentada por estos medios. Ahora se denuncia a Siria por la posesión de armas de destrucción masiva. Cuando Powell plantea esta denuncia, luce ridículo frente a la opinión pública mundial. Él lo sabe, no obstante formula la denuncia. Eso nos revela algo. La denuncia, apenas en apariencia, está dirigida a la opinión mundial. Se dirige exclusivamente a la opinión pública estadounidense, por más que ella se presente frente a la opinión mundial. Powell puede proceder así debido a que la opinión pública de los EEUU ya no forma parte de la opinión mundial. La estadounidense es hoy una sociedad cerrada, cuya opinión pública es opinión interna en virtud del control casi absoluto de los medios de comunicación. Para el manejo del poder de parte del gobierno de los EEUU, con todo, cuenta de modo exclusivo la opinión pública interna, la cual es impenetrable y no sabe nada de las mentiras referentes a la existencia de armas de destrucción masiva en el caso iraquí. Por tanto, creerá de igual manera estas mentiras para el caso de Siria y aceptará, sin problemas, la continuación de la guerra allí si la administración Bush lo decide. La libertad de opinión queda silenciada. Se origina de este modo una situación sin la cual el actual asalto al poder mundial difícilmente sería posible. Por el contrario, una opinión pública informada difícilmente podría ser convencida de aventuras políticas de este tipo. Si la libertad de prensa no se canaliza de manera adecuada, ésta devora a la libertad de opinión y con ello la misma posibilidad de constituir democráticamente la opinión pública. Algo muy parecido está ocurriendo en el campo de la propiedad intelectual y con el derecho de patentes. Sin canalización adecuada, socavan la libertad de pensar y la libertad de la acción creativa. Asoma de igual forma una pugna con las propias bases humanas de la democracia. La democracia manifiesta un problema: ahora que, éste empieza por los EE. UU. Y este problema guarda relación con el propio sistema electoral. En ese país el financiamiento de las campañas electorales es de una forma tal, que los financistas —quienes provienen sobre todo de estas burocracias privadas— ejercen un veto, de hecho, sobre los posibles candidatos. Por eso, las elecciones son efímeras. Esta crisis de la democracia estadounidense es más grave ahora en vista de que el actual presidente muy probablemente llegó al Gobierno gracias a un fraude. Se nota, entonces, que fue una toma del poder en función del proyecto del asalto al poder sobre el mundo. El actual asalto, empero, no es obra de un grupo de locos que alcanzaron el gobierno en Washington. Halla su soporte en las burocracias privadas transnacionales, sin cuyo apoyo no podría acontecer. Ellas dominan los medios de comunicación y el acceso a los parlamentos, y aun cuando ejecutan su propio asalto al poder mundial, requieren de un poder gubernamental para sustentarlo. Sin embargo, este asalto al mundo por las burocracias privadas, llamado estrategia de globalización, está empantanándose. Se generaliza de manera creciente una crisis de las propias relaciones sociales, la cual golpea a todas las sociedades y se encuentra fuertemente presente en los EEUU. Dicha crisis, que es externa e interna, es un efecto de la imposición absoluta de la estrategia de globalización del capital trasnacional de las burocracias privadas. En las décadas de los setenta y ochenta, la imposición de esta estrategia en América Latina necesitó con frecuencia de dictaduras totalitarias de Seguridad Nacional, las cuales fueron fomentadas en particular en Chile, Argentina y Uruguay. Hoy, la propia crisis de esta estrategia empuja —para poder mantenerse— hacia una dictadura mundial de Seguridad Nacional que el actual gobierno estadounidense ofrece, siendo además el único gobierno capaz de ofrecerla. Por eso, no se trata apenas de la guerra de Iraq, tampoco nada más del petróleo iraquí, ni siquiera de todo el petróleo del mundo. Se trata del mundo entero, se trata de un “todismo” sin igual. Eso implica, claro está, querer asimismo el petróleo de Iraq, ya que es parte del todo al cual se aspira. Surge en consecuencia un movimiento totalitario liderado por los EE. UU., tanto hacia adentro como hacia fuera, cuyo fin es la imposición a escala mundial de la continuación de la destrucción sistemática del ambiente y de la convivencia social como producto de esta estrategia de globalización. Desgarrada la sociedad humana mundial, la dictadura mundial de seguridad nacional de los EE. UU. parecerá ser el ancla de salvación. Por ende, las burocracias privadas transnacionales buscan su precaria unión detrás de esta dictadura mundial totalitaria. Luego, el asalto al poder mundial por las burocracias privadas de empresas transnacionales para salir de la actual crisis de la estrategia de globalización, precisa de un poder político que les abra el camino, y para ellas es evidente que los EE. UU. son el único poder que puede hacerlo. Aun así, al asumir este papel, los EEUU provocan un conflicto en el interior de tales burocracias. Y es que al tomar el poder mundial, los EEUU discriminan entre estas burocracias privadas. En primer lugar están los conglomerados compinches de la junta de gobierno de Bush. En segundo lugar, los conglomerados estadounidenses en general. Las demás burocracias privadas han de contentarse con lugares inferiores. Hoy, merced a su poder militar, los EEUU. están imponiendo de hecho esta jerarquía. Es decir, al reordenar el mundo, los EE. UU. reordenan además las relaciones de poder entre las burocracias privadas transnacionales, lo que necesariamente incidirá en las futuras políticas del FMI y de la OMC. Justamente la oposición de numerosos conglomerados transnacionales a esta remodelación, explica la gran oposición a la guerra de Iraq en la reunión de Davos del año 2003. Los asaltantes pelean entre sí. Sin embargo, ninguno desiste del asalto al poder mundial por las burocracias privadas que está en la raíz. Necesitan un poder político mundial que imponga el dominio de las burocracias privadas, pero nadie quiere ceder su lugar al otro. Por eso su oposición es débil, pues comparten el proyecto que es la raíz del problema. Todas las burocracias privadas transnacionales apoyan tal proyecto, mas se asaltan entre sí cuando se trata de la distribución del botín. Y hoy más todavía, puesto que amenaza una nueva crisis económica mundial. A pesar de esto, sigue siendo válido que las burocracias privadas de las empresas transnacionales están tomando el poder sobre el mundo y precisan de una dictadura mundial de seguridad. Ésta es la situación. Por eso, aun derrotando el actual intento del asalto al poder mundial militar y político, no podemos estar tranquilos. Si éste no logra imponerse, vendrá otro. La democracia, por consiguiente, no sobrevivirá. Será subvertida conforme la imagen de lo ocurrido en los EEUU. Siendo así, se requiere recuperar la democracia. Ahora que, tal recuperación no es posible sin constituir un control democrático sobre esas burocracias privadas transnacionales, las cuales han puesto en jaque a todos los restantes poderes en el mundo entero. Este control implica el rescate de la libertad de opinión y de la libre elección de los candidatos en elecciones igualmente libres; a saber, en elecciones no guiadas por dichas burocracias Empero, el control debe ir más allá. No será un control real sin intervenir y superar la actual estrategia de globalización. Ella está en la base de la crisis de la democracia. Se necesita, por tanto, un nuevo orden económico mundial que desarrolle mecanismos de control sobre esas burocracias privadas. Sí, el problema central de la democracia hoy es el control del poder arbitrario y despótico de tales burocracias. Porque podemos controlar las burocracias públicas, con todo necesitamos controlar democráticamente las burocracias privadas. El peligro para el mundo en la actualidad proviene de allí. Luego, la única democratización posible es mediante el control democrático de las burocracias privadas y sus instancias multinacionales. No obstante, la única forma de ejercer este control democrático es la intervención en los mercados en sus diferentes niveles, siendo imprescindible aquí la intervención de los poderes públicos. Las burocracias privadas defienden su poder absoluto sin control recurriendo a la ideología del no-intervencionismo. Mas no existirá democracia si no

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