Hablar hoy de alternativas al sistema neoliberal vigente, no se puede limitar a discusiones técnicas sobre políticas alternativas. En el fondo, las alternativas son bastante claras. El sistema vigente resulta mortal. Destruye a los seres humanos y a la naturaleza externa al ser humano a escalas cada vez mayores. Si la humanidad quiere sobrevivir, tiene que cambiar. Sabemos también en qué dirección tienen que ir los cambios. Necesitamos nuevos esquemas de actuación internacional: un nuevo orden de mercados, un nuevo orden financiero, un nuevo orden ecológico. Pero igualmente necesitamos nuevas actuaciones a niveles regionales y nacionales. Hace falta una planificación del desarrollo a partir de las condiciones humanas y naturales, lo que implica un cuestionamiento de su carácter. No se puede seguir entregando ciegamente la planificación y ejecución del crecimiento económico a las corporaciones multinacionales, que actúan como Estados sin ciudadanos y que enfocan el desarrollo exclusivamente a partir de las ganancias que pueden sacar. Sustituir esta planificación que realizan las corporaciones por planificaciones internacionales, regionales y nacionales orientadas por el lugar que pueden ocupar los seres humanos y la naturaleza en general, es una tarea urgente y obvia. Sin embargo, resulta una tarea imposible en los términos de cualquier acción política hoy. Un político que tomara en serio estas tareas obvias, desaparecería del mapa. Hasta el intento de proponer o realizar alternativas es destruido. Por eso, para hablar de alternativas hoy, es necesario hablar del poder en nombre del cual se hacen imposibles cualesquiera intentos de un pensamiento o acción alternativos. Podemos nombrar estos poderes: los países del tal llamado G-7 (EE. UU., Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá), el Fondo Monetario Internacional (FMI). el Banco Mundial, pero igualmente el conjunto de las corporaciones de capital. No obstante, estos poderes pueden ejercer este poder solamente porque pueden sostener de alguna manera su legitimidad. Quiero señalar las raíces de esta pretendida legitimidad, que hoy en día se sostiene por una metafísica de la inhumanidad que domina nuestra opinión pública (o, más bien, nuestra opinión publicada) y nuestros medios de comunicación, y que cunde muchas veces en las propias multitudes populares. Este sistema actúa con una metafísica y una mística propias, que se derivan de su principio de racionalidad, que es lo que se llama la eficiencia y la competitividad. Por esta razón, los análisis económicos y sociales no son de ninguna manera suficientes. Todo lo que se presenta con un pragmatismo aparente, tiene su raíz en una metafísica profunda Quiero hacer aquí un análisis de esta metafísica del sistema metafísica que nos domina. Quiero mostrar esta metafísica a partir de algunas tesis que el sistema nos trasmite todos los días, y que revelan esta metafísica subyacente. Se trata de tesis sobre los muertos para el Occidente. Estos muertos lo son para una metafísica.

1. Dios ha muerto

El primer muerto que se anuncia, es Dios mismo. Por lo menos desde que Nietzsche lo anunció, se proclama el Dios ha muerto. Este lema del Dios ha muerto no se propaga porque Nietzsche lo haya dicho. Es al contrario. Cuando Nietzsche lo dice, esta afirmación convence porque partes impórtenle:. de la burguesía empiezan a experimentar esta muerte de Dios. Lo que Nietzsche dice es la confirmación de una experiencia y su expresión. Quiero examinar algunos textos de Nietzsche para introducimos en esta experiencia. El más famoso es el siguiente. Nietzsche lo expresa en “La gaya ciencia” bajo el título: “l hombre loco”: ¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos muerto; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo?...¿No oís el rumor de los sepultureros que entierran a Dios? ¿No percibimos aún nada de la descomposición divina?...Los dioses también se descomponen... Tendremos que convertimos en dioses o al menos que parecer dignos de los dioses? Jamás hubo acción más grandiosa, y los que nazcan después de nosotros pertenecerán, a causa de ella, a una historia más elevada que lo fue nunca historia alguna... Se añada que el loco penetró el mismo día en varias iglesias y entonó su Réquiem aeternam Deo. Expulsado y preguntado por qué lo hacía, contestaba siempre lo mismo: ¿De qué sirven estas iglesias, si no son los sepulcros y los monumentos de Dios? . La clave está en la insistencia de Nietzsche en que "nosotros" hemos asesinado a Dios, y que este asesinato es la "acción más grandiosa" de toda la historia humana. Lo que ocurrió es una victoria. Esta grandiosidad del asesinato de Dios no es de ninguna manera una tesis atea. Nietzsche no dice que Dios no existe. Este tipo de metafísica le es extraño. Es un determinado Dios el que ha muerto: Efectivamente, nosotros los filósofos, los espíritus libres, ante la nueva de que el Dios antiguo ha muerto, nos sentimos iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón se desborda de gratitud, de asombro, de expectación y curiosidad, el horizonte nos parece libre otra vez. aun suponiendo que no aparezca claro; nuestras naves pueden darse de nuevo a la vela y bogar hacia el peligro: vuelven a ser lícitos todos los azares del que busca el conocimiento; el mar, nuestra alta mar. se abre de nuevo a nosotros y, tal vez, no tuvimos jamás un mar tan ancho . Nietzsche lamenta el hecho de que en tanto tiempo no hayan aparecido nuevos dioses: ...no han vuelto a crear dioses. ¡Casi dos mil anos, y ni siquiera un Dios nuevo! ¡Por desgracia subsiste, como un ultimátum y un máximum de la fuerza creadora de lo divino, del creator spiritus en el hombre, ese lastimoso Dios del monoteísmo cristiano! . Y nos comunica al Dios alternativo a este Dios cristiano de tradición judía: Un pueblo que conserva la fe en sí mismo, tiene también un Dios que le pertenece. En ese Dios admira y adora las condiciones que le han hecho triunfar, sus virtudes; proyecta la sensación del placer que se causa a sí mismo y el sentimiento de su poder, en un ser al que puede dar gracias por ellos. El rico quiere aparecer como dadivoso; un pueblo altivo necesita un Dios ante quien sacrificar... En estas circunstancias, la religión es una forma de la gratitud. El hombre está agradecido consigo mismo y por eso necesita un Dios... Esta alternativa, es común a todos los dioses: o son la voluntad de dominio y entonces son los dioses de un pueblo, o son la total impotencia y entonces se vuelven buenos a la fuerza . El "nosotros" al cual se refiere Nietzsche cuando afirma "todos nosotros somos sus asesinos", no tiene ningún sentido universalista. Se refiere a "nosotros los filósofos, los espíritus libres", es decir, a todos aquellos que decidieron efectuar este asesinato de Dios. Los otros, que insisten en no asesinarlo, son los enemigos excluidos de este "nosotros". Son los "malparados" y son los sacerdotes y ascetas que actúan en nombre de los malparados. De ellos sostiene Nietzsche, que no hacen más que mantener la sombra de un Dios que ya ha sido muerto. Por tanto, los "nosotros" de Nietzsche. efectivamente han asesinado a Dios. El asesinato de Dios como la acción más grandiosa de toda la historia humana, contiene una notable inversión y una llamativa agresividad. Nietzsche quiere que sean creados dioses. Pero tienen que ser dioses del poder y de la victoria, frente a los cuales los poderosos expresan su gratitud por haber ganado y ante los cuales sacrifican. El Dios muerto por asesinato, en cambio, es el Dios de los débiles y de las víctimas. Este Dios sí está muerto por la acción más grandiosa de la historia humana. Se trata evidentemente de una inversión en la línea de la denuncia de la idolatría en la propia tradición judeocristiana. Allí el Dios es el Dios de los pobres, de las víctimas, de las viudas y de los huérfanos, que se revela en la justicia. En Nietzsche eso es invertido. Dios es el Dios del poderoso, que se desentiende de los débiles. Podría decir, aunque no lo diga, que este Dios de los débiles es el ídolo. Lo que en la tradición judeocristiana es el ídolo, en la mira de Nietzsche es el Dios y viceversa. Para el Dios del poder, el Dios de los pobres es un ídolo. De este Dios de los pobres, ahora dice Nietzsche que lo hemos asesinado y que está muerto. Pero, aunque este Dios esté muerto, para Nielzsche persiste un problema: "¿No percibimos aún nada de la descomposición divina?... Los dioses también se descomponen". Dios está muerto, y los sepultureros andan por allí. Sin embargo no está todavía en la tumba. Se descompone y huele mal. En otro contexto Nietzsche vuelve al problema: Después de la muerte de Buda se enseñó durante siglos su sombra en una caverna. Dios ha muerto, pero los hombres son de tal condición que habrá tal vez durante miles de años cavernas donde se enseñe su sombra . Eso pasa con Dios. Está muerto, pero su sombra sigue allí. Como descomposición, que huele mal, y como sombra del muerto, que sigue allí, Nietzsche se sigue enfrentando a este Dios, aunque haya muerto. Estar muerto no es suficiente; tienen que desaparecer también su cadáver y su sombra, tienen que desaparecer las cavernas donde se enseña su sombra. Es allí donde aparece la agresividad de estas consideraciones. Porque hay culpables del hecho de que el Dios muerto no haya desaparecido. Esto es especialmente notable a partir de la reivindicación del asesinato de Dios para "nosotros". Nietzsche sabe lo que dice. El se refiere a una tradición del antisemitismo cristiano, en la cual se había perseguido a los judíos como asesinos de Dios. En forma secularizada, esta tradición sigue presente en el antisemitismo secularizado de la sociedad liberal-capitalista de su tiempo, en la que aparece como resultado de un anti-semitismo populista y de aparente anticapitalismo. Nietzsche rompe ahora con esta tradición: "Le hemos muerto; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos". Eso significa: No fueron los judíos los que cometieron esta acción más grandiosa de la historia humana. Fuimos nosotros. Este nosotros de Nietzsche puede incluir a los judíos también, pero a condición de que se conviertan, convirtiendo su Dios Yahvé en un Dios de los victoriosos. Aparece un nuevo culpable muy diferente del anterior. Se trata del culpable del hecho de que este Dios, que según Nietzsche está muerto, no haya desaparecido. Huele mal por su descomposición o sigue como sombra. Estos nuevos culpables son todos aquellos que no aceptan ser asesinos de Dios y se resisten a esta acción más grandiosa de la historia humana, que es el asesinato de Dios. Es evidente que son los judíos en cuanto siguen siendo judíos. Aparece un nuevo anti-semitismo, que es el anti-semitismo que se presenta con el nazismo en Alemania. No persigue asesinos de Dios, sino a aquellos que insisten en que este Dios sigue estando vivo. Aparentemente, el anti-semitismo ha cambiado de frente. Para captar este enfoque del enemigo, hay que recordar que para Nietzsche el problema no es de teísmo versus ateísmo, sino de Dios e ídolo. Pero el ídolo es, para Nietzsche, precisamente el Dios de los pobres y de las víctimas, y el Dios es el Dios que afirma el poder del victorioso. Para él, por tanto, el ídolo es el Dios del universalismo humano, que no excluye a nadie y que por eso opta por el excluido. Luego, Nietzsche tiene un criterio de fe, que es una muy burda y simple inversión del criterio de fe cristiano. Donde se opta por el excluido, el pobre y la víctima, allí —según Nietzsche— hay fe idolátrica, independientemente de que alguien sea ateo o crea en Dios. Por eso, para Nietzsche el ateísmo humanista, como aparece con el pensamiento de Marx, pertenece a la misma estirpe de la tradición judeocristiana. Según Nietzsche, no es más que una de las muchas huellas de esta tradición. Eso también explica el hecho de que él no se preocupe de una discusión del anarquismo ni del socialismo. Los conoce muy superficialmente y no ve ninguna importancia en conocerlos. De Marx no sabe casi nada. Todo lo ve como un resultado de la tradición judeocristiana. Por consiguiente se enfrenta a lo que en su opinión es la idolatría por excelencia, en la figura de Pablo, de san Pablo. Para Nietzsche, hasta ahora toda la historia del Occidente gira alrededor de san Pablo y su prédica del Dios que se revela en los débiles, del Jesús crucificado y resurgido como esperanza de aquellos que son arrollados por el poder. Nietzsche ve dos grandes polos en la historia humana. Por un lado. Pablo. Lo considera el fundador del cristianismo, que solamente se aprovechó de la figura de Jesús. De acuerdo con Nietzsche, Pablo hizo la primera reevaluación de todos los valores y puso en lugar del poder como representante de Dios, al despreciado, en el cual Dios está presente. El segundo polo de la historia para Nietzsche es él mismo, que promete reevaluar la reevaluación de los valores realizada por Pablo, esta vez en favor del Dios que se revela en el poder. Esta es su verdadera alternativa. Por eso, cuando Nietzsche escribe un libro con el título "El Anticristo", hay que entenderlo como un "Anti-Pablo". Pero Pablo es para Nietzsche la suma de lo judío, y a la vez la suma de todo universalismo ético del ser humano concreto, incluyendo al propio socialismo y al marxismo. Todo eso es el Dios que está muerto por un asesinato que nosotros hemos cometido, y que es la acción más grandiosa de la historia humana. No obstante todo eso es también el enemigo que hace que el Dios muerto no haya desaparecido aún, que siga allí como cadáver en descomposición y con mal olor, o como restos de un muerto que todavía no se ha apagado.

2. Marx ha muerto

Para que desaparezca el Dios muerto, tienen que morir aquellos que impiden su desaparición definitiva. Sólo en la lógica de Nietzsche se puede entender el hecho de que eso desemboque en el grito: Marx ha muerto. La formulación no viene de Nietzsche. Pero él ha expresado una lógica del sistema, y no una simple filosofía en el aire. En esta lógica apareced: ¡Marx ha muerto! Si Dios ha muerto, y éste es el Dios del universalismo humano, entonces se sigue la exigencia de que Marx haya muerto. Dios solamente ha muerto, si todo universalismo humano ha muerto. Sin embargo, el pensamiento del humanismo concreto más acabado de la modernidad es el de Marx, además de ser el pensamiento fundante de un pensamiento con alternativas a esta sociedad burguesa. En la lógica de Nietzsche se sigue: si Marx no ha muerto, tampoco Dios, porque Dios, aunque haya muerto, no puede desaparecer. Lo que al burgués le huele tan mal en Marx, es lo que percibe como el olor de una descomposición del cadáver del Dios que todavía no ha sido sepultado. Esta tesis aparece por primera vez muy poco tiempo después de la publicación del tercer tomo de El capital de Marx. Bohm-Bawerk escribe su famoso artículo: "La conclusión de! sistema de Marx", en 1896. La palabra conclusión tiene un doble significado. Por un lado. el sentido de complementación. Con el tercer tomo la obra de Marx estaba completada. Pero tenía un segundo significado, que era: se acabó Marx, lo que viene a significar Marx ha muerto. La historia de este artículo es curiosa. Hoy se conoce a Bohm-Bawerk más bien por este artículo. La teoría del capital que él elaboró, hoy se menciona apenas. los libros sobre la historia de las doctrinas económicas. Ni los neoclásicos más recalcitrantes le dan hoy la más mínima importancia para la teoría económica. Por eso no se publican más y es muy difícil acceder a sus obras. Nadie las ha criticado, sino que se las ha olvidado. La única excepción es este artículo sobre la muerte de Marx. En castellano fue publicado la última vez en el año 1974 . Algo parecido ocurre en otros idiomas. Bohm-Bawerk debe su vida a la tesis de la muerte de Marx, que aún no se ha consumado y por tanto le permite seguir viviendo. No obstante nadie ha declarado ninguna muerte de Bohm-Bawerk. Murió tranquilo y desapareció, pero sin que nadie expresara gritos de triunfo. Le ocurrió la suerte de los humanos. Pero la muerte de Marx se siguió anunciando. Al comenzar este siglo, fue Benedetto Croce él que la anunció expresamente. El sí habló de la "muerte de Marx". Hay toda una historia, que llega hasta hoy, en la cual se anuncia esta muerte. Marx tiene aquí un papel único. De ningún pensador importante de la modernidad se ha insistido con tanta continuidad en su muerte. Nadie declaró la muerte de Adam Smith, nadie la de David Ricardo. No se ha declarado la muerte ni de Kant ni de Hegel. Tampoco la de Nietzsche. Sin embargo, como toda generación de toda sociedad humana escribe de nuevo la historia, toda generación de la sociedad burguesa vuelve a descubrir la muerte de Marx. Hoy, cuando la sociedad burguesa pretende consumar la muerte de Dios en el sentido de Nietzsche, para descubrir un nuevo Dios que afirma el poder de los victoriosos, la insistencia en la muerte de Marx retoma con fuerza inaudita. La muerte de Marx es extendida: muerte de la utopía, muerte de la ideología, muerte de la teoría de la dependencia. Se trata de la declaración de la muerte del universalismo ético, la muerte del derecho de todos a ser reconocidos como participantes de una vida humana que es de todos. Eso es la muerte de Dios, proclamada por Nietzsche y que implica la exigencia de la muerte de todo enfoque crítico del sistema que nos domina. Y enfoque crítico significa aquí un enfoque desde el punto de vista del débil, del pobre, de la víctima.

3. La muerte de la teología de la liberación

Cuando el actual arzobispo de San Salvador asumió el arzobispado, declaró que la teología de la liberación en El Salvador había muerto. Cuando en 1996 el Papa Juan Pablo II visitó América Central, declaró también, en Guatemala, que la teología de la liberación había muerto. Ninguno de los dos aclaró los hechos. Lo que había muerto no era la teología de liberación, pero sí habían sido asesinados la casi totalidad de los teólogos de la teología de la liberación de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Habían sido asesinados en 1989 por los órganos armados legítimos del Estado de Derecho democrático de El Salvador. El actual arzobispo de San Salvador ejercía en ese tiempo la función de sacerdote castrense máximo de las Fuerzas Armadas de ese país, con grado de coronel. La liquidación de este centro de teología de la liberación se llevó a cabo en una acción "Noche y Niebla", al mejor estilo de los regímenes totalitarios de los años treinta. Cuando el Papa llegó a San Salvador, se negó a visitar las tumbas de los teólogos-jesuítas masacrados. ¿Qué había pasado? Si la teología de la liberación tiene algo en común con Nietzsche, es la consideración de que el problema del cristianismo no es de teísmo/ateísmo, sino de fe/idolatría. Dentro de esta visión común, sin embargo, son contrarios. Lo que en la visión de Nietzsche es la idolatría, en la de la teología de la liberación es la fe. Pero en los dos casos, el criterio fe/idolatría es la referencia al humanismo ético. Lo que en Nietzsche atestigua idolatría, en la teología de la liberación atestigua fe. En Nietzsche la fe es la condenación de la víctima, en la teología de la liberación la víctima es el lugar de la revelación de Dios. En la teología de la liberación la esperanza se ancla en el Dios resucitado, en Nietzsche se ancla en la muerte de Dios. Pero la muerte de Dios Nietzsche la presenta como resurrección del hombre: ¡Ante Dios! —¡Pero este Dios ha muerto! Mas ante la plebe no queremos ser iguales. Hombres superiores, no vayáis a la plaza! '¡Ante Dios! —¡Pero este Dios ha muerto! Hombres superiores, este Dios fue vuestro mayor peligro. Alhajar él a la tumba, vosotros habéis resucitado. ¡ Sólo ahora llegará el Gran Mediodía! ¡ Sólo ahora el hombre superior llegará a ser —amo!... Sólo ahora está de parto la montaña del porvenir humano. Dios ha muerto; viva el superhombre —tal es nuestra voluntad . El asesinato de Dios aparece como la resurrección del hombre. En la teología de la liberación el reconocimiento del otro es su integración como sujeto en las relaciones sociales. En Nietzsche, es su reconocimiento como enemigo por destruir. Amar al enemigo es asumirlo en enemistad para destruirlo: La espiritualización de la sensualidad se llama amor: es un gran triunfo sobre el cristianismo. La enemistad es otro triunfo de nuestra espiritualización. Consiste en comprender profundamente lo que se gana con tener enemigos... Cuando se renuncia a la guerra se renuncia a la vida grande . Podríamos seguir con tales polarizaciones. Nietzsche se entiende como el antípoda del cristianismo, y por esta razón su pensamiento desarrolla puras negaciones del cristianismo. En vez de un más allá del bien y del mal, que Nietzsche promete, invierte simplemente el bien y el mal. Lo que en el cristianismo a partir de Pablo es el bien, Nietzsche lo denuncia como el mal. No obstante, aparece un gran incomodidad para las iglesias cristianas. Lo que Nietzsche expresa es en efecto la lógica de un sistema social, no simplemente una "filosofía". Con eso hace estallar las posiciones cómodas de las iglesias cristianas —su gracia barata, como la llama Bonhoeffer— más que lo que lograra Marx. Nietzsche hace presente la misma incompatibilidad entre cristianismo y capitalismo, que la teología de la liberación sostiene. De ahí su grito por un Dios nuevo. Para acomodarse de nuevo, tienen que inscribirse con el nuevo Dios que Nietzsche ofrece. Es el Dios que se revela en el poder, en la victoria sobre las poblaciones, en la producción de víctimas. El ser elegido por este Dios se revela en la capacidad de derrotar al otro. Es el Dios cuya bendición está en el aumento de los ingresos, que el fundamentalismo que nos viene de EE. UU. nos hace presente tan admirablemente. Es el Dios que se revela en la victoria, victoria de los ejércitos y victoria en la competencia. Blum, el ministro de asuntos sociales de la República Federal de Alemania, viajó en 1987 a Polonia con el grito de batalla: Marx ha muerto. Jesús vive. Después de la caída del muro de Berlín, Blum viajó a la Alemania ex-socialista. Por tratarse de un país más bien secularizado, no repitió lo que había dicho en Polonia. Dijo ahora: Marx ha muerto, Ludwig Erhardt vive. Erhardt fue el ministro de economía de la postguerra en Alemania, con quien se vinculaba la fraseología de la "economía social del mercado". Erhardt también hizo milagros, por ejemplo, el "milagro económico" de la Alemania de la post-guerra. Hoy Blum no repite eso tampoco, por eso se calla. Tendría que decir: Marx ha muerto, el mercado salvaje vive. Erhardt hoy es considerado más bien un populista, un mercantilista sospechoso de ser de izquierda, e inclusive socialista. Hoy tampoco en Alemania se habla de Erhardt con su economía social del mercado. Ahora se habla de la economía libre del mercado, que es otro nombre para el mercado salvaje vigente en la actualidad.

4. Los tres muertos en el sótano del Occidente: la polarización

Nietzsche no es un pensador de la lucha de clases, sino de la aniquilación de los perdedores. Es un pensador de la exclusión, que habla sobre un sistema del cual se da cuenta que es un sistema de exclusión. La teología de la liberación, cuanto más avanzaba esta ideología legitimadora de la exclusión, más se formulaba como pensamiento de una sociedad de inclusión, una sociedad en la que quepan todos, la Naturaleza en apariencia externa al hombre incluida. Por eso no habla de una sociedad sin clases, sino más bien de una sociedad sin exclusión. Sin embargo, se da una extraña comunidad entre los muertos que declaró el Occidente. Lo que los une, en verdad, es una sola muerte: la muerte del ser humano, de la humanidad misma. Muy bien lo resume el anuncio de un comentarista hoy muy publicitado en los medios de comunicación de América Latina. Se trata de Montaner: El capitalismo exitoso no es sólo un modo de producir bienes y servicios, sino una sicología peculiar, ciertos valores, una manera especial de entender la vida. En los países en los que el sistema ha triunfado no se envidia a quienes honradamente han conseguido enriquecerse, sino se les admira y se les emula. Se les pone en las portadas de las revistas. Nadie o casi nadie ve con horror que desde la terraza de un winner, en un rascacielos de millonarios neoyorquinos, pueda verse la vivienda miserable de un looser de Harlem, porque la igualdad no es una meta en las sociedades capitalistas . Cuando Dios ha muerto, y ha muerto todo análisis crítico y todo reclamo en nombre de la justicia de Dios, entonces el mundo será así. Esta es la utopía anti-utópica que hoy fascina a nuestra opinión pública y a la ideología del imperio. Se trata de una utopía, porque eso no es así. Quieren que así sea y pintan nuestra realidad de una manera tal, como si —casi— fuera así. Si efectivamente fuera así, estaríamos en los últimos días de la humanidad. No obstante, el mismo Montaner sabe que no es así. Quiere imponer esta utopía anti-utópica y ayudar a imponerla. Imponerla para siempre y de una vez por todas. En 1990 exclama: ...en algunas naciones de América Latina —Perú, Colombia, quizá El Salvador— la lucha contra el fundamentalismo comunista probablemente va a ser mucho más sangrienta que lo que ha sido hasta ahora. Esa guerrilla fanatizada y rabiosa, va a pasar de los asesinatos selectivos a las masacres indiscriminadas, provocando en la sociedad una respuesta tan enérgica y brutal como las agresiones que le infligen... Tanto en Perú como en Colombia se va abriendo paso la propuesta de autorizar juicios militares, constituidos por tribunales secretos, autorizados para juzgar y condenar sumariamente a los acusados de subversión... Es como si instintiva y fatalmente todos comenzaran a admitir que ha llegado la hora final del exterminio . La utopía de Montaner tiene que imponerse, pero todavía no se impuso. Por tanto él anuncia que "ha llegado la hora final del exterminio". Los winners anuncian la "hora final del exterminio" para aquellos loosers que no se someten a las exigencias de su utopía nefasta del fin de la historia: Dios ha muerto, y un nuevo Dios ha surgido: el Dios de los mnners. Montaner lo hace bien claro, lo que es la alternativa para la oposición y para la disidencia. O se convierten a lo que él llama liberalismo, o les toca la "hora final del exterminio". Ya una vez antes en este siglo XX se anunció la "hora final del exterminio". Después, todo Occidente juró: ¡ Nunca más! Sin embargo ahora se anuncia una nueva "hora final del exterminio". No sé por qué a los redactores de La Nación no les tiembla la mano al publicar tan tranquilamente las sentencias de Montaner. ¿Hay malos exterminios finales y buenos también? Es evidente a qué hace referencia Montaner, cuando anuncia la "hora final del exterminio" para "quizá El Salvador". Se refiere a la masacre de los jesuitas, que había ocurrido pocos meses antes de ser publicado este artículo suyo. "Quizá" es el comienzo de esta "hora final del exterminio". Si uno valora el mundo como lo hace Montaner, no sorprende que no se descubra en la disidencia nada más que "perfectos idiotas". Por consiguiente, pudo aparecer en América Latina un libro, del cual Montaner es coautor, bajo el título: Manual del perfecto idiota latinoamericano . Sistemas como el nuestro no pueden percibir fuera de sí nada que tenga alguna razón, sea ésta cual sea. Hitler consideraba a todos sus opositores "idiotas o traidores" (Dummkópfe oder Verráter). En esta visión no existe ninguna razón posible fuera del sistema. Precisamente por esto se trata de la muerte del ser humano, que tiene que morir al morir Dios. Este Dios de las víctimas, cuya muerte anunció Nietzsche. El sistema —y por ende Montaner también— ve puras idioteces en las resistencias que se le oponen. Montaner habla de la "idiota teoría de la dependencia", que no es más que una "barbaridad". ¿Por qué una teoría que Montaner considera falsa es idiota? Habla del "loco recetario marxista", entendiendo por recetario marxista cualquier alternativa que a alguien se le pueda ocurrir. ¿Por qué es loco? ¿Qué pasa con alguien que descubre en las diferencias exclusivamente idioteces, locuras y ninguna razón? Mario Vargas Llosa, quien presenta el libro, descubre puro humor en este pensamiento de la "hora final del exterminio". Si seguimos así, nos vamos a morir todos de pura risa . No obstante, hace falta reflexionar sobre el juego de locuras que aparece a partir de estas posiciones. Tiene un tradición muy larga, que acompaña toda la historia del Occidente desde la aparición del cristianismo. En la primera carta de San Pablo a los Corintios, aparece por primera vez. Pablo dice allí: ...nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los griegos; mas para los llamados, lo mismo judíos y griegos, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la locura divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina más fuerte que la fuerza de los hombres (1Cor. 1,23-25). Y añade: "pues la sabiduría de este mundo es locura a los ojos de Dios" (ICor. 3,19). Así aparece el juego de las locuras. La sabiduría de Dios es locura a los ojos de la sabiduría de este mundo y la sabiduría de este mundo es locura a los ojos de Dios. Es locura para el mundo, porque Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo, para confundir a los sabios. Y ha escogido lo débil del mundo, para confundir lo fuerte (ICor. 1,27). Es el evangelio del débil, de la víctima, del pobre, que es, eso sí, sabiduría de Dios: ...hablamos... no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo —pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria— (ICor. 2.6-8). Predicar eso es la vocación de Pablo. No es bautizar, sino hacer presente al Dios de las víctimas, que se identificó en la crucifixión con ellas y les promete su salvación: "Porque no me envió a bautizar, sino a predicar el mensaje de salvación" (1Cor. 1,17). Pablo sabe que en la visión de la sabiduría de los poderosos eso es una locura. Eso se inscribe en una tradición muy anterior. El profeta Jeremías, durante el sitio de Jerusalén, sin ninguna esperanza de escapar y cuando toda racionalidad del mercado se había venido abajo, comete la locura de comprar un terreno y pagar el precio que siempre había valido. Era la locura de la sabiduría de Dios. Posteriormente pertenece también a esta tradición el libro de Erasmo de Rotterdam con el título: Elogio de la locura. Y cuando le preguntaron a Lutero, lo que él haría en el caso de saber que mañana se acabaría el mundo, dio la respuesta de Jeremías y contestó: "Yo plantaría un manzanito". De aquí se ha desprendido una tradición de la inversión de las locuras. Cuando Dostoievski escribe su quizás más encantadora novela, la llama El idiota. Aparece la figura central —el conde Myshkin— que Dostoievski concibe como un Jesús revivido, que es el idiota para la sociedad en la cual se desenvuelve. Pero también en los Los hermanos Karamasov hay situaciones parecidas, y el menor de los hermanos, Aliosha, es una figura parecida a Myshkin. Su hermano Iván lo ataca mediante el cuento sobre el "Gran Inquisidor", en el cual Jesús aparece como el loco a la luz de la sabiduría de este mundo representada por el Inquisidor, y Jesús parece aceptar este hecho y se retira para siempre del mundo. Se trata ya de un cuento sobre la muerte de Dios, en el que Nietzsche se inspira más tarde. Se entiende que precisamente los pasajes citados de Pablo le provocaran ira a Nietzsche. En ninguna otra parte Pablo confiesa de forma tan abierta su fe en un Dios de los despreciados, los débiles, los pobres y las víctimas. Por eso, nada pudo provocar más la reacción de Nietzsche y su grito: ¡Dios ha muerto! Y también su sueño de la vuelta de los dioses del poder, de los victoriosos, de aquellos que han ganado en la lucha por el poder. Sin embargo, el mismo Nietzsche sigue el juego de las locuras. Al hombre que anuncia la muerte de Dios por el asesinato que hemos cometido todos, lo llama "El hombre loco" (der tolle Mensch), El da cuenta de que este hombre es loco a la luz de otra sabiduría. Tampoco se debe confundir a Nietzsche con Mario Vargas Llosa o con Montaner, quienes no se dan cuenta de nada . Esto nos permite pasar a algunas reflexiones más bien seculares. El problema de la inversión de la locura y la razón también está presente en las reflexiones de las ciencias sociales, inclusive de la economía. Precisamente en el DEI hemos hecho muchos análisis de lo que se ha llegado a llamar la irracionalidad de lo racionalizado. La racionalidad medio-fin que domina la racionalidad del mercado, contiene una profunda irracionalidad que se expresa en la destructividad de las relaciones mercantiles en el grado en el que éstas son totalizadas. Ese es justo el caso del sistema neo-liberal dominante. Aparece una concepción hoy dominante de la racionalidad que desemboca en la irracionalidad más grande del comportamiento. Kindleberger, un economista estadounidense, resume este problema de la irracionalidad de lo racionalizado citando a un especulador de la Bolsa al hablar de la irracionalidad de los comportamientos en situaciones de pánico. Este dice: "Cuando todos se vuelven locos, lo racional es, volverse loco también" . El comportamiento sigue siendo racional en términos de una racionalidad del mercado, pero se vuelve por completo irracional precisamente como consecuencia de esta su racionalidad. De esto se sigue como resultado: "Cada participante en el mercado, al tratar de salvarse él mismo, ayuda a que todos se arruinen" . Es como el siguiente cuento: Una bruja envenenó la fuente del pueblo, de la cual todos tomaron agua. Todos enloquecieron. Excepto el rey, quien no había bebido porque estaba de viaje cuando eso ocurrió. El pueblo sospechaba de él, y lo buscaba para matarlo. El rey, en apuros, también bebió y enloqueció. Todos lo celebraron, porque había entrado en razón. De esta manera, también en este caso la sabiduría de este mundo se transforma en locura. Se necesita resistencia para ser capaz de responder a esta irracionalidad de lo racionalizado, que es justamente la locura de la racionalidad. De la locura de la racionalidad hay que pasar a la racionalidad de la locura. Porque la propia sobrevivencia de la humanidad depende de esta capacidad de hacer lo que la racionalidad del sistema no puede sino percibir como locura. Sin embargo, el ser racional —el resistir a la irracionalidad de la racionalidad— parece él mismo locura. Cuanto más el sistema se cierra sobre sí mismo tautológicamente, más considerará a la racionalidad que ejerce resistencia en nombre de la vida humana, una locura. No puede discernir. Aparece la denuncia del "perfecto idiota latinoamericano", que indica a la vez el paso a la sinrazón sin límites, en la que no sorprende que se anuncie la "hora final del exterminio". Las citas de Pablo y la referencia a Dostoievski no sostienen que ellos se refieran a estos mismos hechos. No obstante existe una evidente analogía, y me interesa hacerla ver. El mismo Thomas Mann afirma esta analogía, cuando habla del anti-comunismo como la "locura" (Torheit) del siglo XX. Esto me permite volver al tema de las alternativas. El problema no es tanto cuáles serán las alternativas. Eso está a la vista y lo que se necesita es su elaboración en el caso de poder implementarlas. El problema de fondo, sin embargo, es la negativa a la legitimidad del sistema vigente El poder no deriva únicamente de los cañones, sino que descansa en la legitimidad que se concede al uso de los cañones. De los cañones que el sistema dispara, habla una metafísica profunda de la inhumanidad. No nos podemos defender de los cañones, si no contestamos a esta metafísica de la destrucción y la muerte. En el mundo actual, que se entrega a la locura de la racionalidad, se trata de ayudar a hacer presente la resistencia por la vida como único medio de superar la locura de la racionalidad, para integrarla en una vida humana digna en una sociedad en la cual todos quepan. Nuestro lugar no es, en el sentido en el que hablaba Nietzsche, las cavernas en las que se sigue mostrando la sombra del Dios muerto. Dios, el Dios de las víctimas, no murió. Tampoco murió el análisis social crítico desde el punto de vista del débil, del pobre y de la víctima, que con razón se vincula tantas veces con el nombre de Marx. Y por eso, tampoco murió la teología de la liberación. Además, es más necesaria que nunca. Y por eso retomarán las alternativas.

Notas:

"La Gaya Scienza", en Nietzche, Friedrich: Friedrich Nietzche: obras inmortales. Barcelona, Visión Libros, 1985, tomo U, págs. 995s. Ibid.,pág.l088 Nietzsche, Friedrich: "El Anticristo", en Nietzsche, op. cit., tomo I, pág. 48. Ibid. pág.45s. "La Gaya Scienza", op. cit.. pág. 981. Bóhm-Bawerk: "La conclusión del Sistema de Marx", en Cuadernos del Pasado y Presente (Córdoba) No. 49 (1974). págs. 23-122. "Así hablaba Zaratustra", en Nietzsche, op. cit., tomo III págs. 1695s. "El crepúsculo de los Dioses", en Nietzschc, op. cit., tomo III. págs. 1193s. La Nación (San José), 23. XII. 1990. La Nación. 9. V. 1990. Mendoza, Plinio Apuleyo-Montaner, Carlos Alberto-Vargas Llosa, Álvaro: Manual del perfecto idiota latinoamericano. Con presentación de Mario Vargas Llosa. Barcelona, 1996. Montaner, Carlos Alberto: "A quemarropa: el Papa contra los teólogos", en La Nación, 21. U. 1996 Mario Vargas Llosa es atrevido; hasta se atreve a escribir lo siguiente: "El Manual del perfecto idiota latinoamericano pertenece a una riquísima tradición, que tuvo sus maestros en un Pascal y un Voltaire, y que, en el mundo contemporáneo, continuaron un Sartre, un Camus y un Revel: la del panfleto", pág. 15. Ciertamente pertenece a la tradición de Revel. ¿Pero a la tradición de Pascal y Voltaire o de Sartre y Camus? Los antecedentes de este libro se encuentran más bien en la tan rica literatura totalitaria de este siglo. Allí también se encuentran los antecedentes del propio Vargas Llosa de hoy. Hay muchos escritores que se pasaron a la propaganda totalitaria. Vargas Llosa —que ha sido en su tiempo un gran escritor—no es el primero. Allí están los Benn. Heidegger, Carl Schmilt y tantos otros. El totalitarismo del mercado total muestra la misma capacidad de atracción. Los autores del libro tienen un gran mensaje de amor: "En el capitalismo, todos colaboran con todos. El egoísmo capitalista resulta, pues, tan solidario que parece el que predica la Biblia", págs. 181s. Es un comunicado del "Ministerio del amor" de 1984, la novela de Georges Orwell. El general chileno Gordon, jefe de las cámaras de tortura del régimen totalitario de Seguridad Nacional en Chile, tenía un mensaje muy parecido. Decía: "La Seguridad Nacional es como el amor: nunca es suficiente", en El Mercurio (Santiago de Chile). 4. XII. 1983. También eso es un comunicado del "Ministerio del amor". Mario Vargas Llosa añade: "¿Abrirán los ojos los idiotas convocados y responderán al desafío de los tres mosqueteros del Manual con ideas y argumentos contradictorios? Ojalá. Nada hace tanto falta, para que los cambios en América Latina sean duraderos, como un gran debate que dé fundamento intelectual, sustento de ideas...", pág. 16. Este es el diálogo totalitario. Aquellos que han sido clasificados como idiotas, aceptan serlo, hacen penitencia y reciben su respectivo lavado de cerebro para capacitarlos para repetir con toda convicción lo que se les comunica. Desde lejos saluda 0'Brien. Sin embargo, es llamativo que Montaner, en un seminario sobre Ética y desarrollo recientemente realizado en Costa Rica. lamente la poca helenización de América Latina. Cree que por falta de esta helenización, América Latina sigue siendo un campo fértil de actitudes y pensamientos de resistencia frente al sistema, que él tanto adora. El seminario, al que asistió y que se realizó entre el 28 y el 30 de junio de 1996, tuvo el título: "Cultura y valores: la influencia de los valores culturales en la competitividad de América Latina", en La Nación, 30. VI. 1996. Kindleberger, Charles P.: Manías, Panics and Crashes: A History of Financial Crises. New York, Basic Books. 1989, págs. 33 y 134. Ibid., págs. 178s.

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