Ponencia presentada en el Congreso "Barmen 1984" el 1° de junio 1984 en ocasión del 50 Aniversario del 1 Sínodo de la Iglesia Evangélica Alemana del 29 - 31 de mayo 1934 en Barmen, Alemania Quiero utilizar la siguiente ponencia con ocasión del 50 aniversario de la Declaración de Barmen y de la fundación de la Iglesia Confesante en Alemania, para un análisis de la situación presente para demostrar que aparecen paralelos dramáticos, que no podemos dejar de lado. Por supuesto, es a la vez necesario no dejarse aplastar por esos paralelos, sino mantener conciencia de las diferencias específicas existentes. Nosotros nos encontramos frente a un fenómeno nuevo, a pesar de que existe una continuidad en relación con la situación de los años treinta, En una primera parte de mi exposición quiero intentar un análisis de la política actual del mercado total, su conexión con la política de Seguridad Nacional y la guerra antisubversiva total y la conformación de un dualismo ideológico de tipo maniqueo. En una segunda parte analizaré los mecanismos de agresión y de cómo son utilizados en función de esta política del mercado total, dedicándome, especialmente, a la legitimación religiosa y liberal-democrática de la guerra en contra de Nicaragua. En una tercera parte quiero tratar con más detalle la confrontación teológica, como parte, especialmente, del Instituto para la Religión y Democracia en EEUU, para terminar con una breve representación de la Teología de Liberación.

I. LA POLITICA DEL MERCADO TOTAL Y LA GUERRA ANTISUBVERSIVA

Existe un paralelo evidente entre la situación histórica en la que se produce la Declaración de Barmen y nuestra situación actual. Se trata del hecho de una crisis económica mundial cuyos efectos llevan a catástrofes sociales y políticas. La crisis económica mundial actual ha llevado al fin de una política económica conocida con el nombre de Keynesianismo. Cuando la lógica de esta política económica enfrentada a una crisis en aumento amenazaba con llevar a formas económicas socialistas, se ha impuesto hoy en día una política económica que se autodenomina neoliberal y anti-intervencionista. Su consecuencia es el sometimiento irrestricto de toda la política económica y social del Estado a la lógica de la acumulación del capital. En realidad no se trata de un anti-intervencionismo, sino de un nuevo intervencionismo estatal dirigido en contra del Estado social de la época Keynesiana. Déficit fiscales y subvenciones que fueron denunciados como hechos inaceptables de la política Keynesiana, aumentaron bajo este régimen "anti-intervencionista", especialmente en los EEUU, de una manera tal que todavía hace 5 años parecía absolutamente inconcebible. Pero lo que ha cambiado, es su orientación. En vez de déficit sociales pequeños, déficit militares grandes, en vez de subvenciones sociales pequeñas, subvenciones inmensas para el sistema internacional financiero. Estas subvenciones llegaron a niveles inauditos y fueron impuestas por el propio Fondo Monetario Internacional, quien obliga a los países deudores a nacionalizar o garantizar por el Estado las deudas privadas morosas para transformarlas en deuda pública. Subvenciones de este tipo significan, solamente en México, más de 40 mil millones de dólares, es decir, la mitad de la deuda externa total de ese país. Este nuevo intervencionismo se dirige en contra del Estado social y, por tanto, sólo puede buscar su legitimidad y seguridad en una expansión progresiva de los aparatos policiales y militares. Estos juegan un papel cada vez más importante, al tiempo que van disminuyendo las funciones del Estado social, cuya privatización las destruye muchas veces íntegramente. Aparece el mismo mito del anarcocapitalismo con su ilusión de un traspaso total de todas las funciones estatales a empresas privadas del mercado. Escondidos detrás de este mito, los aparatos policiales y militares se transforman en los verdaderos centros del poder político. Especialmente en los países del Tercer Mundo, los procesos de democratización burguesa ya no forman constituyentes soberanas, sino que se eligen gobiernos civiles que sólo ejercen el poder político dentro de los límites establecidos por los aparatos policiales y militares. Un nuevo lema puede describir lo que ha ocurrido: El Estado social esclaviza, el Estado policial libera. En la base de este desarrollo hay una ideología del mercado total, que es ideología de lucha. Interpretando y tratando la sociedad entera bajo el punto de vista del progreso hacia el mercado total, la mística del mercado total se transforma en una mística de lucha de mercados, a la cual hay que someter todas las esferas de la sociedad. En esta perspectiva total aparece ahora la mística de una guerra en contra de los que se resisten a este sometimiento de todas las esferas de la sociedad a la lucha de mercados. Aparece así la imagen de un enemigo, que es el producto mismo de esta mística de la lucha de los mercados. Este enemigo no es un adversario competitivo en la lucha de mercados, no es participante en el mercado, sino que es adversario de la vigencia del mercado total mismo y de sus resultados. Es enemigo quien se resiste a la transformación de la lucha del mercado en el principio único y básico de la organización de la sociedad entera. De ahí se explica la concepción total de la subversión. Todo se transforma en subversión cuando se pronuncian y defienden valores que entran en conflicto con la vigencia irrestricta del mercado total y de la acumulación ilimitada del capital. Este concepto total de la subversión se sintetiza por el término utopista. La expresión política correspondiente es: socialista o comunista. Al criminalizar tales actitudes se transforma a sus portadores indistintamente en terroristas. Aparece un dualismo maniqueo del mercado total como el Bien y como ley de la naturaleza, y del utopismo-socialismo como el levantamiento en contra de la naturaleza y el Mal. De esta lógica maniquea se deriva la posibilidad de adjudicar a esta subversión total un centro terrestre, que por supuesto es, en el lenguaje de Reagan, el Kremlin como el "Reino del Mal". Ya en la campaña electoral hablaba en este mismo sentido del comunismo como una "perversión de la naturaleza". Eso implica por supuesto, que la Casa Blanca es el centro del Reino del Bien en este mundo, por lo menos en cuanto Reagan sea su presidente. En relación con Nicaragua Reagan empezaba a hablar de un "reino del terror", frente al cual vislumbraba las fuerzas de intervención apoyadas por la CIA como "combatientes por la libertad" o "comandos de libertad". Considerar al Kremlin como el "Reino del Mal" es solamente una expresión política para el mito del utopista-socialista, que es necesariamente terrorista y que representa la contrapartida mítica -del mercado total. Se trata de la demonización de toda resistencia o crítica en relación a la totalización del mercado, que es expresada de las siguientes maneras diversas: Quien quiere hacer el cielo en la tierra, crea el infierno en la tierra (Popper) o, come lo expresa un teólogo del American Enterprise Institute: "Los 'hijos de la luz' son en muchos aspectos un peligro mayor para la fe bíblica que los 'hijos de las tinieblas"' (Michael Novak: The Spirit of Democratic Capitalism. American Enterprise Institute, New York, 1982, p. 68. Edición Castellana: El Espíritu del Capitalismo Democrático, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1983, p. 71). Al interior de un mito tan agresivo se puede denunciar cualquier resistencia contra la totalización del mercado, como parte de una conjura mundial del Kremlin como el centro del Reino del Mal en este mundo. Por tanto, cualquier resistencia se transforma en un acto de agresión contra el Reino del Bien —el mercado total— y puede ser denunciado come tal en cuanto se espera una ventaja política de esa denuncia. En esta dualización maniquea aparece el mercado total como el aval de todo lo bueno en este mundo, especialmente de la paz, el medio ambiente, la justicia social y el desarrollo de países subdesarrollados. Para que el mercado pueda garantizar todas esas bondades, tiene que destruir todos los obstáculos que encuentra en el camino hacia su totalización. Tiene que destruir a todos los enemigos que lo puedan desafiar. Así, se asegura la paz mediante el armamentismo extremo y la destrucción de los movimientos pacifistas; el medio ambiente, por la destrucción de los movimientos ecológicos y las medidas correspondientes; el desarrollo de los países subdesarrollados se asegura aboliendo cualquier política tendiente al desarrollo y entregando a estos países al mercado total. Lo mismo ocurre con la justicia social, que se entiende sencillamente como el resultado tautológico de la política del mercado total, eliminando a priori cualquier conflicto entre justicia y resultados del mercado. Lo que hace el mercado es justicia. El resultado hacia el cual apunta todo eso, es un mundo en el cual la lucha de mercados y sus resultados son la única y suprema ley, la ley natural, una ley dada por el Dios-Creador mismo a través de la lógica implícita de su creación y en contra de la cual se rebela el Reino del Mal, porque en su orgullo y soberbia no quiere reconocer el condicionamiento natural del hombre. Los movimientos por la paz y por el medie ambiente, una política positiva del desarrollo o de justicia social, aparecen, por tanto, como rebelión luciférica en contra de la ley de Dios inscrita en la naturaleza. Esta rebelión, seducida por la utopía, desemboca, así, en el Reino del Mal. Por lo tanto, cuanto más malo aparece este Reino del Mal, más se legitima la meta del mercado total y con eso todos los medios para imponerlo. El dualismo maniqueo llega así a ser la legitimación absoluta del mercado total. Políticamente es transformado en la tesis de la guerra civil mundial y de la "guerra antisubversiva total" (Couto da Silva), como la presenta la ideología de la Seguridad Nacional, que hoy en día ya ha penetrado todos los aparatos policiales y militares de Occidente. Esta guerra antisubversiva total tiene en la política de la Seguridad Nacional solamente otro nombre, que, por sonar menos dramático, parece aceptable en países que ya han pasado alguna vez por una ideología de la guerra total y que han tenido malas experiencias que todavía recuerdan. Tiene una dimensión interna y otra externa. En ambas la meta es la totalización del mercado como centro de su legitimidad. En su dimensión interna, se dirige en contra de todas las relaciones sociales que no sean relaciones mercantiles. Siendo esta guerra total, no respeta ningún derecho, sobre todo ninguno de los derechos humanos. Tratándose de la destrucción de toda autonomía frente al mercado y reconociendo al mercado como única relación social legítima, la guerra antisubversiva total en su dimensión interna recurre a una forma específica del terror: la tortura individual, que se transformó en su base legítima. El grado en que eso ocurrió, nos lo dice el jefe de la policía secreta chilena (CNI) que tuvo a su cargo precisamente esa función de tortura individual: "La Seguridad Nacional es como el amor: nunca es suficiente". (General Humberto Gordon, según El Mercurio, Santiago de Chile, 4.12.83). Se trata de lo que Orwell llamaba el Ministerio del Amor. Expresamente, el general insiste en que es cristiano. En relación con la guerra antisubversiva total, las cifras sobre presos políticos pierden toda significación. Apenas los hay, pues en esta guerra no hay perdón, y no se toman prisioneros. En el grado en el cual la subversión pertenece al "Reino del Mal", que tiene su sede en este mundo -es decir, en el Kremlin— la guerra antisubversiva total adquiere una dimensión internacional. Se trata de la dimensión de una guerra civil mundial. El documento de Santa Fe, que fue elaborado en mayo de 1980 como una plataforma para el gobierno de Reaean y que es una especie de declaración fundamental, dice así: "La guerra y no la paz es la norma que rige los asuntos internacionales" ("War not peace, is the norm in international affairs") (citado según la revista Cristianismo y Sociedad, 1982, Santo Domingo, Segunda Entrega No 72, p. 63). Podemos sacar la siguiente conclusión: "La guerra es inherente a la humanidad" ("The war is for the minds of mankind") (op. cit. p. 79). La conclusión es obvia: "Estamos casi sobre la Tercera Guerra Mundial" ("For Worid War III is almost over") (pp. cit. p. 63). Todo es guerra, y hoy todo es la ya iniciada tercera guerra mundial. La primera etapa de esta guerra ha sido la contención, la segunda la distensión. Esta segunda etapa terminó: "La distensión es la muerte" ("Detente is Dead"). Ahora estamos en la tercera etapa de la tercera guerra mundial: "América Latina y el Sur de Asia son escenarios de refriegas de la tercera fase de la Tercera Guerra Mundial" (op. cit, p. 63). Precisamente, aquí se aclara que para el equipo de Reagan la Tercera Guerra Mundial es la guerra en contra del Tercer Mundo, que en su camino se enfrenta con el mundo socialista. En esta visión, la URSS estorba el acceso de los centros capitalistas desarrollados a la dominación del Tercer Mundo: "La URSS operando en base a su creciente superioridad nuclear, está estrangulando a los países industrializados de Occidente por medio de la interdicción de sus recursos de petróleo y minerales. . ." (pp. cit. p. 63). Según el documento, se trata de una crisis "metafísica", en contra de la cual se pretende movilizar el "espíritu de la nación". Todo es urgente: "La hora de decisiones no puede ser postergada" (op. cit. p. 64). La guerra antisubversiva total resulta ser de esta manera una guerra en contra de la subversión combinada del interior y del exterior. Aparece aquella confrontación, que ya había caracterizado al totalitarismo fascista de los años 30: en contra del liberalismo de los liberales demócratas por un lado, y en contra de los socialistas-comunistas por el otro.

II. LOS MECANISMOS DE AGRESION RELIGIOSOS Y LIBERAL DEMOCRATICOS

En esta segunda parte de mi exposición quiero destacar dos elementos ideológicos de la guerra antisubversiva total. Ambos quiero verlos a la luz de la situación que vive Nicaragua, y estoy seguro de que tienen un significado representativo más allá de este caso particular. Pueden hacer luz para reconocer la mezcla entre ideología cristiana de agresión, teoría secularizada de la democracia y creación del mito dualista y maniqueo, que caracteriza esta. guerra antisubversiva. Empezaré por aquella ideología cristiana de agresión que partió de la visita papal a Managua en marzo de 1983. Ella recurrió a un mecanismo milenario, que subvacía en las cruzadas medievales y en el antisemitismo que las acompañaban, y que es conservado hasta hoy, siendo también utilizado por aquellas iglesias alemanas que apoyaban al Nazismo en su tiempo. El drama comienza con incidentes durante la misa papal en Managua, en la que el pueblo nicaragüense esperaba una toma de posición en contra de la intervención militar extranjera, en favor de la paz, y una oración para los muertos en la guerra. Como el Papa evadió cualquier referencia a eso, la gente reclamaba, con voz alta, lo que el Papa trató de impedir por órdenes autoritarias. Sin embargo, esta reacción autoritaria del Papa sólo reforzó aún más estas reacciones v llevó a una politización de las mismas, en especial con el lema: "poder popular". En el fondo, este incidente carecía de mayor importancia, y el Papa podría haberlo amortiguado fácilmente con una actitud más diplomática, de la misma manera en que lo hizo en su visita posterior a Polonia, donde también las demostraciones del sindicato Solidaridad tomaron un cariz fuertemente político, pero no fueron interpretadas como incidentes graves. Sin embargo, en relación con Nicaragua, el incidente fue el inicio de toda una acción de propaganda política concertada en toda América Central, que empezó a legitimar la intervención militar en Nicaragua como una guerra santa, una cruzada. Esta acción concertada tuvo los siguientes pasos:
  1. 1. La declaración del incidente como blasfemia, sacrilegio, ultraje a Dios. Se presentó el incidente como un agravio a la eucaristía. El mismo Papa se prestó para este primer paso, hablando de una "deliberada profanación que se ha hecho de la Santísima Eucaristía" (La Nación, San José, 6.3.83 p. 10A). Habló del ultraje que "recibió Jesús Sacramentado". A su regreso a San José se organizó una recepción de desagravio. El Secretariado Episcopal de América Central insistió en la necesidad de "desagraviar públicamente a Jesús Sacramentado, por la premeditada profanación de que fue objeto durante la celebración eucarística que presidió el Santo Padre". (La Nación, San José, 6.3.83, p. 10A). Se organizaron actos y misas de desagravio en toda América Central, y hasta en Italia. El mismo Papa llama a hacer "muchas plegarias por los hermanos y hermanas cristianos verdaderos que viven en Nicaragua". (La Nación San José, 5.3.83, p. 10A).
  2. 2. La interpretación de esta pretendida blasfemia como nueva crucifixión de Cristo. Un ex-vicepresidente de Costa Rica, miembro destacado del Opus Dei, da un buen ejemplo de la manera en que se hizo esa interpretación: “... nunca desde la muerte de Jesucristo se ha celebrado la Sagrada Eucaristía en forma tan dramáticamente real y viva. Fue el segundo Viernes Santo en los 2 mil años de cristianismo. Tal fue el ambiente, tal la propia realidad —no meramente el significado— de esa confrontación del odio imbuido a personas que pueden ser de buena fe, por fuerzas que hacen frontal resistencia al amor, a la comprensión, a la convivencia fraterna, la verdadera justicia social y la verdadera paz. Esas turbas que gritaron por Justicia y paz estaban tan ciegas al pretender sofocar la voz del Vicario de Cristo, como las que hace casi 2 mil años rechazaron la tímida y falaz sugerencia de Pilatos para liberar a Jesús y gritaron: A Barrabás, suéltenos a Barrabás... A Cristo, crucifícalo... crucifícalo! " (La Nación, San José, 10.3.83, p. 16A). Una vez declarado el incidente de Managua como blasfemia, se le transformó también en un acto mítico de crucifixión de Cristo. Los verdaderos y míticos crucificadores son aquí hombres que piden una falsa justicia social y una paz falsa, y que obligan a la autoridad a participar en contra de su voluntad. Pilatos quiere liberar a Jesús, pero la multitud lo obliga a crucificarlo. Es evidente que se trata del anti-mesianismo cristiano clásico, el cual siempre tiene implícitamente una dimensión antisemita, la cual no pierde por el simple hecho de no mencionarla explícitamente.
  3. 3. La exigencia de la reparación y del desagravio de la majestad ofendida por Dios. La ofensa interpretada como crucifixión era definitiva, y solamente la derrota definitiva de los sandinistas la puede reparar. Edén Pastora declaró en la recepción de desagravio el 4 de marzo 1983 en San José lo siguiente: ". .. al quedar al descubierto el totalitarismo materialista de los nueve dictadores nicas, no queda más que recurrir a una 'guerra santa' en bien del verdadero cristiano y católico pueblo del vecino país". (La Nación, San José, 5.3.83, p. 10A). En el transcurso de 1983 se agudizó la promoción de un ambiente de guerra santa en contra del gobierno sandinista. En noviembre del mismo año el arzobispo de Managua, Obando, declaró la guerra justa: "El Arzobispo de Managua, monseñor Miguel Obando, reivindicó el derecho de acudir a la violencia "como último ¡ recurso, una vez que se hayan agotado las vías del diálogo', para provocar transformaciones en las sociedades. Obando habló ayer al mediodía ante un grupo de profesionales, empresarios y políticos opositores al sandinismo, en un hotel de esta capital (es decir de ¡Managua), donde descartó que en Nicaragua puedan emplearse los métodos de la no violencia, 'porque ésta requiere de plena libertad'. Dijo que la no violencia, 'estilo Gandhi o Luther King, es una buena manera de llevar adelante una lucha política; pero aquí no resultaría, porque se necesitaría de plena libertad de expresión'. .. El jerarca católico fue reiteradamente interrumpido por los aplausos de los empresarios y políticos antisandinistas, que abarrotaron un salón del hotel". (La Nación, San José, 25.11.83, AFP). Con eso, la iglesia jerárquica se alió con la intervención armada en Nicaragua y le dio el carácter de única solución posible para Nicaragua. Ella declaró la violencia en el preciso momento en que la intervención extranjera recrudeció inauditamente y le prestó el paraguas ideológico-cristiano que tan urgentemente necesitaba.
Obviamente se trata del arquetipo central de la agresividad cristiana, tal como fue usado en contra de los árabes en la Edad Media, en contra de los judíos, de los herejes, de los aborígenes de América a partir de la conquista. Hasta hoy es utilizado en contra de cualquiera que sea declarado como enemigo del cristianismo. El enemigo del cristianismo siempre es tratado como crucifícador, asesino de Dios. Se trata de un esquema perfectamente general y abierto que sirve para transformar el amor al prójimo en agresividad y odio cristianos. Además este esquematismo permite presentar cualquier agresión que procede en nombre del cristianismo, como guerra justa y santa. El incidente empírico original pierde todo significado y no juega ningún papel relevante. Si no hubiera ocurrido, se habría inventado otro. El esquema determina a priori como agresor, a aquel a quien se quiere agredir en nombre del cristianismo. Desde el punto de vista empírico, el asesinato del Arzobispo de San Salvador Mons. Romero, habría sido con mucha más razón una profanación de la Eucaristía pues ocurrió cuando oficiaba misa. Sin embargo nadie la presentó en estos términos. La razón está en el hecho de que no hubo un grupo cristiano que quisiera recurrir agresivamente a este esquema de agresión, para volcarlo en contra de los escuadrones de la muerte. Los hechos son, a la luz de este esquema de agresión, absolutamente irrelevante, a no ser que se les quiera dar determinado significado para utilizarlo como legitimación de una agresión propia. En la forma mencionada, todos los medios de comunicación de América Central asumieron este esquema de agresión cristiana y lo martillaron durante meses. Los soldados que se enviaron a la guerra contra los Sandinistas se cuelgan ahora rosarios y cruces y han empezado a ponerse camisas con la efigie del Papa. La cruzada empezó. Se la declaró una guerra de defensa por el simple hecho de que un agresor cristiano es transformado a priori en defensor, que hace una guerra justa en cuanto declara al atacado como crucifícador de Cristo. Todo este esquema de agresión —que en realidad es seudocristiano— fue usado en la campaña publicitaria que siguió a la visita papal. Sin embargo, fue complementado por otro elemento que actúa en nombre de la propiedad capitalista y de la democracia, siendo básicamente una secularización del anterior. También este mecanismo de agresión —ya fundado por John Locke— tiene etapas de procedimiento análogas:
  1. 1. Se declara algún incidente como una agresión a la propiedad privada que, necesariamente, es una agresión a la libertad humana. El incidente es transformado en una agresión a la propia humanidad.
  2. 2. Esta agresión en contra de la humanidad, cuya libertad está en la propiedad capitalista, es declarada como una agresión en contra de todos los derechos humanos en todas sus dimensiones.
  3. 3. Cada hombre, como representante de la humanidad tiene el derecho de castigar al agresor, al igual que el Estado, cuando se defiende la propiedad privada capitalista. Por este castigo se llega a la reparación de la injusticia cometida con la humanidad entera. En su forma original, este esquema de agresión viene de John Locke, quien lo desarrolla en su Second Treatise on Civil Govemment. Igualmente este esquema lleva a la legitimación ilimitada de la violencia. Presenta una teoría de la guerra justa que transforma cualquier guerra de un país capitalista en contra de otro que no lo sea, a priori, en una guerra justa. Cualquier agresión del país capitalista se transforma en defensa. Un país socialista, a priori, no puede hacer una guerra que sea justa.
Al igual como el esquema cristiano de agresión transforma el amor al prójimo en motor de la agresión misma, así el esquema liberal de agresión transforma los propios derechos humanos en motor de la violación de los derechos humanos y de la agresión. Ya el mismo Locke derivaba de este esquema la legitimidad del despotismo absoluto, del trabajo forzoso por esclavitud y de la tortura en contra de aquél que pierde una guerra en contra del poder burgués, poder que a priori, tiene la razón haciendo su guerra de "autodefensa" y, por tanto, una guerra justa. El lema de St. Just y Popper: "ninguna libertad para los enemigos de la libertad", encuentra ya en Locke su primera expresión. Sólo tomando en cuenta tal esquema liberal de agresión, se puede entender la actitud política de los EEUU en Centroamérica. Si uno concede a los argumentos empíricos un significado aunque sea mínimo, se trata de una agresión de EEUU en contra de Nicaragua; pero aplicando el esquema liberal de agresión, todo es diferente. Los puntos de vista empíricos ya no juegan ningún papel, y EEUU se transforma, a priori, en defensor. La revolución sandinista es declarada como agresión a la humanidad misma, y quien la agrede, es, a priori, un defensor que realiza una guerra justa. Ambos esquematismos de agresión aquí analizados son compatibles entre si, se refuerzan mutuamente y están abiertos para una interpretación en dirección hacia una política del mercado total. En el concepto de la Seguridad Nacional y de la guerra antisubversiva total se combinan y son puestos al servicio de la totalización del mercado. Sin embargo, cuanto más avanza esta totalización del mercado y la guerra total consiguiente tanto más estos mecanismos de agresividad adquieren una dimensión nueva, que desemboca en un irracionalismo absoluto de esta agresividad. Este irracionalismo se alcanza en el grado en el cual la destrucción propia aparece como el precio aceptable para la destrucción del adversario, transformado en el mal absoluto al cual se cree estar confrontado. Se trata de una "Trampa 22". Esto se puede documentar con una editorial que publicó Jorge Enrique Güier en La Nación de San José, de Costa Rica del 12/6/83. El artículo se refiere al libro más sangriento de la historia humana: Los Protocolos de los Sabios de Sión. El autor comienza con la constatación certera, de que todo este libro es una falsificación del servicio secreto zarista del año 1903. Después cita algunos párrafos de este libro, y declara: "Este párrafo es realmente alarmante, sobre todo si partimos del principio de que no son ideas judías, sino válidamente rusas. Cada una de las afirmaciones que se hacen en el demoníaco párrafo citado, no son una elucubración puramente literaria, sino que, para nuestra civilización, han tenido comprobación muy clara de su puesta en marcha por los rusos camaradas y sus malévolas infiltraciones en el Occidente." De esta manera, el autor habla de un "proceso lógico de destrucción planeado por los rusos en el libro atribuido a los judíos". Así, este libro infame, que era la fuente principal del antisemitismo de los nazis, es recuperado con toda su infamia para dirigirlo, ahora, en contra del frente sandinista como una pretendida parte de esta conjura mundial planeada ya en los protocolos. "La teoría destructiva del marxismo leninismo y sus diabólicos derivados como el maoísmo, el fídelismo, el "sandinismo" de los "compás", etc., envenenaron el espíritu. Ver cómo funcionan estas teorías en la mente de quienes las comparten y diseminan en Occidente es cosa que vemos todos los días. Sus resultados como guerrillas irracionales, terroristas desalmados, propagandistas ciegos, proceden de ese odio que siembran. .. Causando todos estos males es entonces muy fácil ver cercanamente una quiebra o desintegración de la civilización cristiana occidental, que es el principal objetivo, si no se reacciona valientemente a tiempo". Así vuelve este libro infame, que ha servido ya una vez para legitimar una Endlosung infame en contra de los judíos en Alemania. Ahora aparece una nueva Endlosung, que se dirige en contra de los sandinistas. La infamia es la misma, el libro en el cual se basa es el mismo. Solamente los hombres que se quiere sacrificar en este altar de la barbarie, son otros. Esa es la apología del genocidio. Interpretado de esta manera, hasta este libro vuelve a ser parte integrante de la guerra antisubversiva total. Ciertamente, esta infamia rebasa el esquema cristiano de agresión, aunque tiene cierta continuidad con él. La visión maniquea del mundo se transforma aquí en un irracionalismo absoluto. El conflicto real entre capitalismo y socialismo, del cual parte todo este maniqueísmo, parece desvanecerse en sus términos concretos. El Todo o Nada devora al propio cálculo de ventajas materiales. La maldad infinita proyectada sobre el adversario lleva a la legitimidad de cualquier acción, más allá de cualquier cálculo. La destrucción del otro se convierte en el destino, aunque ésta lleve a la postre a la destrucción de sí mismo. La destrucción del otro llega a ser tan importante, que su logro vale hasta la destrucción de sí mismo. El conflicto real de base es devorado por una paranoia política del exterminio del otro, quien ahora asume la apariencia de la redención de la humanidad. Redimir al hombre se transforma en exterminar al enemigo del hombre encarnado en el adversario. El sacrificio, como holocausto que purificará a la humanidad para un futuro nuevo, asume incluso la propia destrucción como paso necesario hacia este gran sacrificio en pos de la humanidad. El propio presidente Reagan dejó entrever esta posibilidad en unas palabras' que forman una especie de acto fallido freudiano y que pronunció en el momento de probar unos micrófonos. Un chiste aparente que revela un abismo: (My fellow Americans, I’m pleased to tell you today that I’ve signed legislation that would outlaw Russia for ever. We begin bombing in five minutes.) "Compatriotas, tengo el placer de anunciar que acabo de firmar una ley que proscribirá a los rusos para siempre. Comenzaremos el bombardeo en cinco minutos." (según AP, citado por La República, San José, 14.8.84). Este sueño de la Endlosung por el holocausto sacrificial puede efectivamente llevar al intento de una realización posterior, repitiendo así en términos cambiados el primer intento de una Endlosung, que los nazis llevaron a cabo bajo los signos del antisemitismo. Lo que hizo Reagan era una "broma para morirse de risa" (Daily Express). Lo que no se expresa, pero sin duda está en su base, es la disposición al auto sacrificio o a la autoinmolación implícita en la expresión citada. La verdadera amenaza es el suicidio colectivo de la humanidad, que está en el trasfondo de este tipo de agresividad. A través del "conservadurismo de masas" tal postura puede llegar a ser generalizada. La muerte adquiere entonces un atractivo casi invencible y puede arrastrar a todo un pueblo a su propia inmolación. El conservatismo, al desarrollar su agresividad, produce este enamoramiento de la muerte i—aquel "viva la muerte"— que con los medios técnicos de hoy lleva al suicidio colectivo de la humanidad. Eso no sería necesariamente el resultado de un accidente. Subconcientemente se puede transformar en el propósito de todo un movimiento político. Y tal movimiento —como lo demostró el Nazismo alemán— puede llegar a ser mayoritario, con el resultado de que los mecanismos propios de la democracia liberal no constituyen en lo más mínimo un freno, sino que lo alimentan. Tampoco el cristianismo es de por sí un freno. Puede llegar a empujar esta irracionalidad absoluta dándole la dimensión metafísica de la voluntad escondida de Dios, que pide .este gran sacrificio. Por tanto, de parte del teólogo Michael Novak del American Enterprise Institute escuchamos: "La naturaleza no es algo consumado, completo, terminado: la Creación está inconclusa. Existen tareas aún, para los seres humanos. Nos esperan sorpresas. Tendremos que enfrentar horrores (como siempre ha ocurrido), pero Dios está con nosotros. Tal vez el futuro no sea un camino ascendente, salvo como el del Góigota: que así sea." (op. cit. P. 75)

III. LA TEOLOGIZAC10N DE LA POLITICA DEL MERCADO TOTAL Y LA TEOLOGIA DE LIBERACION

La teologización del mercado total parte de estos esquemas de agresión y los pone a su servicio, dirigiéndolos expresamente en contra de la teología de la liberación. Ya el documento de Santa Fe declaró la lucha en contra de la teología de la liberación sobre un punto central de la política exterior de EEUU en América Latina: "La política exterior de EEUU debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la teología de la liberación, tal como es utilizada en América Latina por el Clero de la 'teología de la liberación'. . . Lamentablemente, las fuerzas marxistas-leninistas han utilizado la Iglesia como un arma política contra la propiedad privada y el sistema capitalista de producción, infiltrando la comunidad religiosa con ideas que son menos cristianas que comunistas". (op. cit. p. 73). Este planteo llevó bajo el gobierno de Reagan a muchas actividades dirigidas en contra de la teología de la liberación. Se fundó el Instituto para Religión y Democracia, la Conferencia Católica Americana (ACC) y se consolidó un departamento teológico en el American Enterprise Institute, dirigido por el teólogo Michael Novak, cuyos libros aparecen ahora en castellano y son promovidos por las asociaciones latinoamericanas de empresarios. En un artículo con el título : "A Theology of Corporation" Novak escribe sobre las empresas multinacionales: "Por muchos años uno de mis textos preferidos de la escritura era Isaías 53, 2-3: ‘Creció en su presencia como brote, como raíz en el páramo: no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivara. Despreciado y evitado de la gente, un hombre hecho a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara; despreciado, lo tuvimos por nada.’ Quisiera aplicar estas palabras a la Business Corporation moderna, una extremamente despreciada encarnación de la presencia de Dios en este mundo". (Michael Novak/John W. Cooper, eds.: The Corporation: A Theological Inquiry, Washington DC, American Enterprise Institute, 1981, p.203). Ya es sorprendente que un instituto de las empresas multinacionales de los EEUU tenga un departamento de estudios teológicos; pero el hecho de que este departamento llegue a la conclusión de que la empresa capitalista es una encarnación de la presencia de Dios en este mundo, es tan exactamente lo que se debería esperar de un instituto así, que uno está completamente sorprendido que lo haga, aunque sea solamente por razones de buen tacto. Pero tal crítica no es de ninguna manera suficiente. De hecho, una tesis como la citada es necesaria en el caso de que se quiere presentar un sujeto para la teologización del mercado. Los esquemas de agresión analizados necesitan tal sujeto para que puedan servir en la teologización del mercado. En el pasaje de Novak citado, la empresa capitalista aparece en una doble dimensión. Por un lado, es una encarnación de la presencia de Dios en este mundo y por el otro lado. es el Cristo crucificado. La referencia a! siervo sufriente de Isaías no puede significar sino eso, porque toda tradición cristiana la pone en relación con la crucifixión de Cristo. La empresa capitalista se transforma por tanto, como encarnación de la presencia de Dios en sujeto del esquema liberal de agresión, y como Cristo crucificado en sujeto del esquema cristiano. Al criticarla, limitarla o hasta considerarla y tratarla como un peligro, se crucifica a Cristo. Sin embargo. Novak la considera como portadora de una misión de Cristo, y por tanto su presencia. Ella tiene el encargo: "Sal al mundo del trabajo diario, para llevar allí la paz y el amor de Jesucristo" ("Go out into the world of daily work to carry the peace and love of Jesús Christ.") (pp. cit. p. 203). De esta manera, la empresa capitalista como encamación de Dios, como portadora de la paz y del amor de Cristo, como Cristo crucificado, tiene ahora un significado trascendental y alcanza divinidad. Llega a ser sujeto absoluto, un "Dios mortal" a la Hobbes. Sin embargo, como cualquier subversión en relación con la empresa capitalista es transformada en crucifixión de Cristo, la guerra antisubversiva total se transforma en guerra santa, en cruzada para el mercado total. El teólogo Novak tiene ahora la suficiente consecuencia para concebir una imagen de Dios correspondiente. Consiste en la negación de un Dios como plenitud de la vida, en cuyo lugar pone a Dios como la trascendencia de la vaciedad. Dios ya no es ahora plenitud, sino vaciedad, entendiendo vaciedad como lo contrario de plenitud. Habla del "In God we trust" impreso en el dólar y dice, que en esta expresión Dios es un "cartel indicador", es decir, nuevamente un lugar de vaciedad. (M. Novak, op. cit, p. 56). Por lo tanto, el sinónimo equivalente de "In God we trust" llegaría a ser "En vaciedad confiamos". En cambio, diabólica ahora la imaginación de Dios como plenitud de la vida: "En una sociedad auténticamente pluralista no existe, intencionalmente, ningún dose1 sagrado. En su núcleo espiritual nos hallamos con un santuario vacío, en el entendimiento de que no hay palabra, imagen o símbolo digno de lo que todos buscamos allí. Esa vaciedad representa entonces, la trascendencia a la que las conciencias libres se aproximan desde un número virtualmente infinito de direcciones'. (M. Novak, op. cit, p. 55). Frente a esta vaciedad la imaginación de Dios como plenitud de la vida le parece como un simple atavismo: "En contraste, las sociedades tradicional y socialista ofrecen una visión unitaria. Infunden en toda actividad una solidaridad simbólica. El corazón humano esta hambriento de este pan. Recuerdos atávicos asedian a todo hombre libre. El "páramo" que encontramos en el corazón del capitalismo democrático es como un campo de batalla sobre el cual los individuos vagan confusos en medio de cadáveres. Pero este desierto, como la noche oscura del alma en el viaje interior de los místicos, cumple un propósito indispensable. Se lo preserva por respeto a la diversidad de las conciencias, de las percepciones e intenciones de los hombres. Se lo mantiene limpio por reverencia a la esfera de lo trascendente, a la que el individuo accede a través de su sí-mismo, más allá de la mediación de las instituciones sociales... pero, a la postre, está centrado en tomo del silencio interior de cada persona." (M. Novak, op, cit. p. 56-57). Novak sabe que la imaginación de Dios como plenitud de la vida lleva a la exigencia de una vida lo más plena posible en la tierra. Por lo tanto deriva una imaginación de Dios como vaciedad, de la cual no puede ser derivada sino una vida vacía en esta tierra. El sufrimiento de esta vaciedad aparece ahora como el sacrificio necesario. La totalización del mercado lleva, con mucha lógica, hacia este punto. En el grado en el que las relaciones mercantiles sustituyen a todas las otras relaciones sociales, el hombre queda absolutamente solo en una lucha ciega en contra de todos los otros. De esta manera, Dios es transformado en la trascendencia de esta soledad, que es precisamente vaciedad. De hecho Dios llega a ser ahora una palabra para la nada, un Dios nihilista, que encubre y devela a la vez el nihilismo de la posición política que está detrás. Esta teología extremadamente nihilista es solamente el resultado de un movimiento político nihilista hacia el mercado total. En última instancia este hecho del nihilismo nos permite hacer el puente con aquel movimiento político también nihilista, al cual se confrontaba la declaración de Barmen. Declarar con Nietzsche, que Dios está muerto, o con Novak, que Dios es la vaciedad, tiene exactamente el mismo resultado. De lo que se trata en estas teologías es de la destrucción de la esperanza en el reino de Dios y las derivaciones correspondientes para nuestra vida. Que ya nadie tenga esperanza, esa es la esperanza de tales teologías. Se predica como el milenio una situación en la cual ya nadie se atreve a soñar nunca más con milenios. Se trata de aquel reino de Dante, encima de cuya entrada está escrito: "Ah, los que entráis, dejad toda esperanza." Esta trascendencia, de la cual habla Novak, es un "santuario vacío" hacia el que se acerca el hombre como su Dios y hacia el cual desarrolla una relación de piedad. Es una vaciedad que Novak ubica en el "corazón del capitalismo democrático", del cual nos dice que es "un campo de batalla sobre el cual los individuos vagan confusos entre cadáveres". Este mismo campo de batalla, que es el corazón del capitalismo democrático, es a la vez un "desierto", al cual Novak imputa un carácter místico: "la noche oscura del alma en el viaje interior de los místicos". Esta mística del campo de batalla con cadáveres de los caídos, Novak la contrapone a cualquier intento de establecer algún sentido a la sociedad. Por lo tanto, lo contrapone a la "solidaridad simbólica" entre los hombres, la que él ve como un peligro. De la solidaridad dice: "El corazón humano está hambriento de este pan". Este pan, sin embargo, Novak no lo ofrecerá al hombre, sino que le ofrece, en vez del pan, el desierto y un campo de batalla cubierto de cadáveres. El pan de la solidaridad es un "recuerdo atávico", algo aberrante. Lo que ofrece es la relación de piedad dirigida hacia este "santuario vacío". La misma piedad se transforma ahora en un caminar confuso en el campo de batalla entre cadáveres de los caídos, con el destino seguro de caer algún día también. De esta forma, la piedad ya no es otra cosa que la afirmación positiva de la muerte y el dar muerte en este campo de batalla. Se invierte completamente la piedad en afirmación de la muerte en sus dos formas, el dar muerte y el ser muerto. La piedad se transforma en la fascinación por la muerte. Resulta, por lo tanto, que el Dios de este "santuario vacío", este Dios de la vaciedad y de la Nada, es la Muerte. Morir y dejar morir es su trascendencia. Y frente a aquel que insiste en el pan de la solidaridad, se debe dar la muerte. Así termina esta teología en un gran festín de la muerte, el baile por encima del volcán. Por eso es también una teología que conoce el puro Gólgota, sin ninguna resurrección. Es la Buena Nueva de la crucifixión y de la muerte que reemplaza aquella otra Buena Nueva de la resurrección y de la Vida, que a través de la solidaridad da pan a los hombres en vez de piedras. Tal teología es por supuesto política, aunque es lo contrario de lo que hoy se llama teología política en Alemania. La nueva teología del mercado total contiene un cambio, que en cierto sentido es histórico. La declaración de Santa Fe y ya antes el informe de Rockefeller sobre América Latina expresan este cambio. Al ser declarada la lucha en contra de la teología de la liberación como un problema de Seguridad Nacional de los EEUU y al ser transformado en una dimensión He. la guerra antisubversiva total, aparece ahora inevitablemente una plataforma teológica sostenida por la política estatal. La Religión deja de ser un asunto privado; eso ocurre precisamente dentro de la democracia liberal o bajo su influencia. El Estado se declara como instancia de la ortodoxia religiosa; el poder político toma partido en cuestiones teológicas. Aparece un magisterio estatal paralelo al magisterio de las iglesias. Sigue siendo un asunto privado la decisión de ser católico o protestante. Pero deja de serlo la decisión sobre' qué corriente teológica se confesa, mientras la polarización teológica pasa por todas las religiones. Esa es la verdadera razón por la cual ahora Estados y asociaciones empresariales promueven departamentos teológicos, y por qué hasta la policía secreta de todos los países toma posición referente a cuestiones teológicas. El nuevo magisterio estatal es a la vez un magisterio policial. La policía secreta | brasileña hizo en el año 1977 una encuesta interna sobre todos los obispos y sacerdotes del país y sobre su "línea de ideología religiosa". Esta encuesta para uso interno contenía como primeras preguntas las siguientes: "¿Intenta desfigurar la persona de Cristo? ¿Intenta desfigurar la figura de Dios? ¿Habla en comunidades de base?" Fue el Cardenal Lorscheider quien denunció públicamente a la policía secreta (La República, San José, 18.5.77, cable de AP). En la República Federal de Alemania se legitima este magisterio esta- tal y policial por medio de declarar todas las teologías críticas como religiones inmanentes de salvación. Lo que es inmanente, es asunto del Estado y de la policía. Sin embargo, de lo que se trata nos lo dice mejor Hans Albert, cuando se dirige hacia la teología de Albert Schweitzer, quien "no titubeó en sacar consecuencias críticas para la fe a partir de los resultados de la investigación de la vida de Jesús y hasta pasar a un humanismo ético-práctico liberado de dogmas religiosos. Sin embargo, Schweitzer retomó la idea del "Reino de Dios" y con ello intentó crear una continuidad con la herencia cristiana, aunque desde luego de una forma que no puede resistir una investigación crítica." (Hans Albert, La Miseria de la Teología, Editorial Laia, Barcelona, 1982, p. 167-168). Igual como en el caso de Novak, también en Albert se trata de destruir la esperanza en un Reino de Dios. Así, desemboca rápidamente en la pregunta: ¿hasta dónde una teología que no se inscribe en el racionalismo crítico, puede ser todavía constitucional? Las posiciones de Novak son constitucionales, las de Albert también, ¿pero los otros? Quien cree en un Reino de Dios ya no es constitucional, por lo menos a los ojos del racionalismo crítico, que son casi los mismos ojos de la policía secreta. En este mismo sentido se expresa el sociólogo Helmut Scheisky. Habla de una "fisura histérico-mundial, como la que se produjo con el surgimiento de las religiones de salvación en los primeros siglos de nuestra era... En el surgimiento de las nuevas religiones de salvación, estamos comparativamente en el segundo o tercer siglo post Marxum natum y la referencia a Hegel y la ilustración corresponde a la referencia a Juan Bautista o a otros profetas... Siento poca esperanza de que este avance de un movimiento religioso nuevo pueda ser detenido. . . Lo único que se puede lograr, son postergaciones históricas, que de todas maneras pueden conservar los órdenes políticos y las formas de existencia que dependen de ellos para una o dos generaciones más, un lapso de tiempo, más allá del cual nadie puede prever algo con suficiente grado de concreción de la vida real." (Helmut Scheisky. Die Arbeit tun de Anderen. Opladen 1975, p. 76-77). Eso no es mas que la apelación al poder político de comportarse, en caso de necesidad, como lo hizo Diocletian. La religión vuelve a ser un asunto del Estado; a determinadas posiciones teológicas se les ofrece un brazo secular y éstas siempre tienden a apoyarse cada vez más en éste. El capitalismo lucha por su religión, y no renunciará siquiera al regreso a la inquisición. Frente a estas tendencias no debemos cerrar los ojos. Confesar al Dios de la vida, significa confesar la vida humana concreta, es decir, de todos los hombres. Significa rechazar cualquier diosificación de cualquier mercado, de cualquier Estado y en general de cualquier institucionalidad, inclusive la eclesiástica. No hay camino hacia Dios que no pase por las relaciones entre hombres concretos, que se reconocen mutuamente como sujetos de sus necesidades. Eso implicad reconocimiento de sus posibilidades concretas de vida, , que no deben ser postergadas en función de efectos futuros automáticos ' del mercado o de cualquier conjunto institucional, siendo estos efectos siempre ilusorios e imaginarios. Eso no implica necesariamente una demonización del mercado o del Estado en sentido inverso. No se puede asegurar la vida concreta sino en tales formas institucionales. Su existencia es parte de la seguridad de la vida. Si bien puede haber también en ellos una presencia de Dios, esta jamás se da como resultado de sus efectos automáticos, sino en el grado de su subordinación a las exigencias de la vida concreta de todos los hombres. Solamente por esta razón la confesión del Dios de la plenitud de la vida implica la responsabilidad frente a Dios por una política de justicia social, por la paz. por el medio ambiente y por el desarrollo. Por esta razón el Dios de la vida es el Dios de los pobres. Eso dice la teología de la liberación. Pero se trata de dar un paso más. Hay que confesar este Dios de la vida. Al finalizar, quiero insistir en esto: hace falta una nueva Iglesia Confesante, que sea ecuménica y que se refiera a la vida de todos los hombres y de todos los pueblos. •

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