Columna por el Bien Común

Las concentraciones en apoyo del movimiento ciudadano "Democracia real ya" se han extendido incluso fuera de las fronteras españolas, con movilizaciones y protestas París, Berlín, Lisboa, Praga, Budapest y Atenas. También hubo manifestaciones de apoyo en Managua, Guatemala e incluso una pequeña concentración en Costa Rica. ¿Qué exigen? Un cambio en la llamada democracia y en las condiciones laborales, especialmente de la juventud. Aducen los españoles que los políticos hacen un mal uso de la democracia, claramente, en su propio provecho. El sistema político y el sistema económico están en entredicho. No es solamente contra el gobernante PSOE, aunque como era de esperar, fue este partido el que llevó la peor parte en las recientes elecciones municipales españolas.

Con razón, la gente clama por una democracia real, y no sólo en el campo político, también en el económico. Después de todo, no sería posible una democracia real sin democracia económica, esto es, sin una economía que garantice que todos los individuos, sin distinción, disfruten de ingresos, recursos y oportunidades suficientes para vivir y satisfacer con dignidad sus necesidades.

Las políticas económicas neoliberales que se vienen aplicando en los últimos treinta años constituyen de hecho una negación de la democracia porque generan unas condiciones de empleo y unos salarios tan bajos que condenan a millones de trabajadores y trabajadoras a la precariedad constante que les impiden vivir dignamente.

¿En que dirección debemos apuntar para luchar por una democracia real? El denominador común de todos estos planteamientos es el reclamo y la afirmación del derecho a la vida humana, una sociedad basada en el derecho a la vida de todos y todas, lo que implica necesariamente el reclamo de la vida de la naturaleza entera. Una nueva sociedad basada en el derecho de todos a la vida Se trata de cuatro derechos esenciales (ver: Hinkelammert y Mora, Hacia una economía para la vida, cap. 16)

1. Frente a la exclusión y precarización del trabajo resultante de la actual estrategia del capital, (la globalización del neoliberalismo), la base de todos los derechos concretos a la vida es el derecho a un trabajo digno y seguro, trabajo del que hoy carecen el 21% de los/as españoles/as y el 45% de los/as jóvenes.

2. La satisfacción de las necesidades humanas básicas. Además del derecho al trabajo, se trata de la salud, la educación, la seguridad ciudadana y la vivienda, en el marco de las posibilidades del producto social. Estos se refieren a los elementos materiales necesarios para lograr la satisfacción de las necesidades humanas corporales básicas en toda su amplitud, incluyendo las necesidades culturales y espirituales.

3. La participación democrática de las ciudadanas y los ciudadanos en la vida social y política, así como su realización personal y social en el marco de un sistema de propiedad que asegure el empleo y la distribución adecuada de los ingresos y el cumplimiento de las legítimas aspiraciones sociales.

4. Un determinado orden de la vida económica y social, en el que sea posible conservar y sostener el medio ambiente biótico y abiótico como base natural de toda la vida humana.

Estos derechos fundamentales son, al mismo tiempo, derechos económicos y sociales, y determinan el marco del orden social. Se trata de construir permanentemente un orden social que no destruya las condiciones de la existencia material de ese mismo orden. Estos derechos concretos a la vida determinan el marco de vigencia de todos los derechos humanos en su conjunto. No obstante queremos agregar tres más que son derechos políticos hoy estrictamente necesarios para alcanzar una democracia de ciudadanos.

Estos son:

5. El derecho político a la intervención en los mercados y, por tanto, en el poder de las burocracias privadas transnacionales. No se trata de revivir una planificación central totalizada, pero sí una planificación global y un direccionamiento de la economía en su conjunto.

6. La recuperación de la libertad de opinión (hoy sofocada en nombre de la libertad de prensa) y,

7. La libertad de elecciones (hoy secuestrada por las burocracias privadas que se han convertido en financistas de los candidatos por elegir).

Hoy no es posible recuperar la ciudadanía sin recuperar el derecho fundamental a la intervención sistemática en los mercados. Se trata de la base de toda democracia económica y social factible, y sin ella las instituciones democráticas son transformadas en simple pantalla de un poder absoluto ajeno a todo control democrático.

La democracia de ciudadanos necesita igualmente recuperar la libertad de opinión, ahora sofocada en nombre de la libertad de prensa, la cual ha instaurado un control casi ilimitado sobre los medios de comunicación por parte del gran capital nacional y transnacional. Algo similar debe ocurrir con la capacidad ciudadana de elegir a sus representantes en un ambiente de libertad de opinión y pensamiento, lo cual no es posible sin arrebatar a las burocracias privadas el papel que han asumido de convertirse en financistas de los candidatos por elegir, convirtiendo la democracia en un mercado de votos.

Únicamente en estos términos es posible volver a una república libre, hoy amenazada por el poder de las burocracias privadas. Esta república tiene hoy una nueva forma de utopía, que es una sociedad en la cual quepan todos y todas, (re)produciendo la riqueza que sustente la vida humana sin socavar las dos fuentes originales que hacen posible esta (re)producción: el ser humano productor (creador) y la naturaleza. Incluye asimismo un proyecto democrático, porque no le corresponde una estrategia única, sin alternativas, sino estrategias múltiples, donde muchos otros mundos sean posibles.

 

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