Jorge Vergara Estévez**

En las últimas décadas, desde la filosofía y las ciencias sociales se han elaborado diversas y opuestas interpretaciones sobre la crisis de las sociedades contemporáneas.  Podría decirse que las principales son: “la sociedad líquida” (Bauman[1]),  “la era de la información” (Castells[2]), “las sociedades de control” (Deleuze), “crisis del capitalismo tardío” (Habermas[3]), “el siglo corto” (Hobsbawm[4]), “postmodernidad” (Lyotard[5]) y “la segunda crisis de la modernidad” (Wagner[6]). En general, estas interpretaciones han hecho significativos aportes a la comprensión de nuestro tiempo, sin embargo, sus análisis destacan solo algunas dimensiones de la crisis y no integran aspectos centrales de ella: el ambiental, el económico, el jurídico y el de  la moralidad social.

En este artículo se expondrá una síntesis de dos relevantes interpretaciones; la de Friedrich Hayek y la de Franz Hinkelammert. Estas buscan comprender la crisis contemporánea como totalidad de sus aspectos históricos, sociales, políticos, y culturales. Otorgan relevancia a los aspectos jurídicos y los procesos económicos;

    La concepción de Hayek de la crisis de la civilización occidental

El economista austriaco es uno de los principales teóricos sociales contemporáneo junto a Weber y Keynes. Su influencia ha sido relevante  en la teoría y las políticas económicas, pero también en la concepción del Estado,  la democracia y los derechos humanos[7]. Si el período que se extiende desde el fin de la Segunda Guerra hasta mediados de los setenta del siglo fue llamado justificadamente “la era de Keynes”, los últimos tres decenios podrían ser denominados “la era de Hayek”.

Desde la publicación de Camino de servidumbre en 1944, su autor empieza a elaborar una concepción sobre la crisis de la civilización occidental que fue desarrollada en la The Constitution of Liberty de 1960  y que culmina treinta años después con propuesta de sistema constitucional, “su utopía liberal” expuesta en el tomo III de Law, Legislation and Liberty en 1976[8]. Según Hayek, la civilización occidental ha entrado en crisis desde hace más de un siglo con la aparición del socialismo que asumió diversas formas: en primer lugar lo que denomina “el socialismo bismarkiano”;  el de las concepciones y movimientos políticos  que se reconocen como tales; el nuevo liberalismo con John Stuart Mill, el cual sería un socialismo encubierto;  e incluso con los partidos políticos conservadores o de centro que han asumido el intervencionismo.

El teórico austriaco  cree que esta crisis consiste en la pérdida de los valores fundamentales que hicieron la grandeza de Occidente: el derecho de propiedad, el respeto irrestricto a los contratos, la libertad económica, el estado de derecho, la aceptación incondicional de las normas tradicionales de la moral, del derecho y la economía. Asevera que esto se debe a la difusión e influencia de doctrinas “colectivistas”, opuestas al “verdadero individualismo”[9]. Su origen se encontraría en el siglo XVII, en el racionalismo de Descartes quien sostiene que es preferible  que un solo urbanista diseñe una ciudad a que esta se vaya formando poco a poco. Asimismo, pensaba que es mejor que el conjunto de las leyes sean formuladas por un solo legislador que por muchos. Según Hayek el principio del racionalismo es que es posible y más eficiente planificar una sociedad y la economía. Asimismo, se opone a aceptar incondicionalmente las tradiciones, y las somete a un análisis racional para evaluar su verdad y aceptarlas.

Hayek define su postura como “irracionalismo”[10]. Piensa que el verdadero individualismo – inspirado en Locke, Smith, Hume y Burke- consiste en aceptar que los hombres crean, espontáneamente, normas sociales que llegan a convertirse en tradiciones y constituyen el orden social, cosmos. Asimismo, implica aceptar “las limitaciones de mente humana”. Sin embargo, la mente humana solo puede alcanzar un conocimiento limitado y no es posible crear normas sociales y diseñar la sociedad. El hombre no es naturalmente racional, sino va haciéndose racional a través de la evolución

Hayek considera que los seres humanos son naturalmente desiguales. Se dividen en elite y masa. La primera es minoritaria y plenamente evolucionada, es decir es superior biológicamente, lo que se expresa en su capacidad de comprender las reglas abstractas que rigen la vida social y por ello son exitosos. En consecuencia, las diferencias económicas se deben a las naturales. En cambio, la mayoría de la sociedad tiene escasa capacidad de adaptación social y se guía por atavismos tribales: solidaridad, respeto de la vida de todos  y justicia distributiva. "Un orden –escribe Hayek- en el que todos tratasen a sus semejantes como a si mismos desembocaría en un mundo en el que pocos dispondrían de la posibilidad de multiplicarse y fructificar"[11].

El historiador Von Salis decía que nunca un proceso histórico consiste solo en la mera aplicación de una teoría social o política.  Foucault asevera que hay una discontinuidad entre teoría y práctica, por tanto nunca podrían coincidir en la realidad. Sin embargo, hay procesos históricos en los cuales las ideas se “convierten en potencias materiales”, como decía Marx; no en el sentido del idealismo histórico que sostiene que ellas hacen la historia, sino que cuando son asumidas por un grupo social pueden convertirse en potencia de transformación de la sociedad. En importante medida, la historia se hace de acuerdo a proyectos que se basan en ciertas ideas.

Desde la perspectiva evolucionista y naturalista de Hayek las sociedades humanas como las animales están regidas por tendencias adaptativas. A diferencia de Popper que sostiene que la historia no tiene ningún sentido u orientación, Hayek asume la concepción ilustrada del progreso y cree que la sociedad abierta corresponde a su culminación. Asevera que la orientación hacia el progreso es posible por la  existencia de una tendencia al equilibrio tanto en la naturaleza como en la sociedad y el mercado. No dice que la actual sociedad capitalista sea la sociedad final o definitiva, pero lo sugiere[12].

La concepción del mercado de Hayek es el centro de su teoría social[13], por ello cada uno de los aspectos centrales de su teoría del hombre y la sociedad remite o se basa en ella. El desarrollo del mercado, cuyo núcleo es la ampliación de la libertad económica, se expresa en la evolución de los seres humanos, de la sociedad, del cambio las normas morales y de la historia. En su concepción de la política y de la democracia el mercado define cuáles son los sistemas políticos liberales y los que no lo son.

El mercado es definido por Hayek como el principal orden autogenerado  (self generating-order), y todos los otros órdenes o sistemas de tradiciones deben adecuarse a este. Hayek se define como agnóstico y no cree que sea la mano invisible de la Divina Providencia la que armoniza la oferta y la demanda, la inversión y el gasto, etc. Cree que el funcionamiento armónico  del mercado se debe a una tendencia insita al equilibrio de sus factores.  Lo concibe el mercado como un organismo viviente con vida propia; lo sustantiviza y lo presenta como un sujeto- Como se sabe, la tendencia a la autorregulación es propia de los organismos vivientes que son “sistemas abiertos” que controlan sus imput y output, y sus equilibrios internos (temperatura, presión, ritmo cardíaco etc.). Sin embargo, Hayek dice que no podemos probar dicha tendencia al equilibrio ni sabemos cómo funciona, pero debemos creer en ella. Incluso afirma que es una tarea de la ciencia económica probar dicha tendencia[14]. Sus críticos han cuestionado su planteamiento: han demostrado que la competencia en el mercado siempre produce el desequilibrio y que el concepto de competencia perfecta es autocontradictorio[15]. Bourdieu señala que  la competencia perfecta es irrealizable, que es solo un concepto matemático puro y como los eidos platónicos[16], está absolutamente separada de la realidad empírica.

Las características que Hayek atribuye al mercado son, paradojalmente, las que la teología cristiana atribuye a Dios. El mercado es sagrado, participa de los atributos de la divinidad[17]. Cree que  es  lo más poderoso porque es capaz de hacer lo que ningún hombre o grupo de hombres podría hacer por sí solos. Es el más justo, porque da a cada uno lo que le corresponde, en relación a su aporte: do ut des. Es el más sabio porque sintetiza en sus precios más información que la que podría llegar a reunir un hombre o grupo de hombres y, finalmente, es fuente de vida porque permite vivir no a todos, sino a la mayor cantidad de personas.

Esta teoría social proporciona la base de su proyecto político que denomina “una utopía liberal”, que constituye una democracia elitista. Hayek cree como Locke que el poder político principal  consiste en legislar, pero no puede permitirse que los miembros de la masa sean elegidos como legisladores, pues carecen de las condiciones políticas  intelectuales  necesarias,  por tanto debe reservarse para la elite de los triunfadores del mercado. Solo pueden ser elegido para ese cargo representativo los que han demostrado en la vida práctica que poseen posee el saber práctico para comprender las leyes abstractas que rigen la vida social en una sociedad extendida. Su éxito es en el mercado es la prueba de ello. Ellos podrán dictar las leyes que estimularan la competencia y potenciaran el desarrollo del mercado, que son condiciones necesarias para realizar el proyecto político neoliberal[18].

Hayek rechaza la Declaración Universal de los Derechos Humanos en dos aspectos centrales puesto que no acepta la existencia de derechos económico-sociales y los considera que considera un obstáculo para la realización de su proyecto político social, basado en un mercado libre de toda regulación. Para Hayek los derechos humanos son solo individuales, nunca sociales ni económicos. Piensa que dichos derechos se reducen a la libertad económica en todas sus formas, sobre todo el derecho de propiedad,  la libertad individual, de tránsito y las acepta las igualdades necesarias para el funcionamiento del mercado: igualdad ante el mercado, la justicia y la ley.

El rechazo de los derechos económico-sociales y de toda forma de legislación social corresponde a la concepción de libertad de Hayek y a su negación de toda forma de justicia social. La realización de su proyecto política requiere la disolución del Estado de Bienestar. Cree, dogmáticamente, que la libertad es básicamente libertad económica. Por ello asevera que “se puede ser libre aunque la sociedad no sea libre”[19]. Esto significa que si un régimen político respeta la libertad económica y el orden del mercado, sus súbditos son libres, aunque esa sociedad sea una colonia o una dictadura. Asimismo, considera la justicia social como un mito peligroso y erróneo y cree que el intento de realizarla conlleva la destrucción del estado de derecho. Escribe: "Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución “más justa”, tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?"[20].

 Hayek niega  el derecho a la vida de todos. No solo rechaza absolutamente las normas de solidaridad y justicia distributiva que considera  atavismos de la sociedad tribal, sino también el principio de la vida, entendido como el derecho de todos a vivir. Consiguientemente, rechaza  la noción de dignidad básica de todo ser humano. Dice que el sólo hecho de existir no otorga ningún derecho[21], y que, consiguientemente, los que no pueden acceder al mercado, no tiene derecho a ser auxiliados por la sociedad y el Estado.

Dadas estas características de su pensamiento se podía conjeturar, a comienzo de los ochenta,  una convergencia entre el pensamiento de  Hayek y las principales tendencias políticas y económicas de la globalización. Su obra estaba ya realizada en ese período y disponible para potenciar dichas tendencias. Pero, sin embargo su argumentación económica está situada en el marco de los Estados nacionales e incluso se opuso a la creación del euro[22].

Sin embargo, la convergencia se produjo porque las ideas de Hayek fueron la base de las políticas de Pinochet, y posteriormente de Regan y Thatcher y tuvieron

influencia en el gobierno militar argentino[23]. Asimismo, los equipos económicos de los principales organismos crediticios internacionales, FMI y del Banco Mundial  tienen como principales referentes las concepciones económicas y sociales de Hayek y Friedman. Estos organismos supranacionales diseñan los cambios estructurales en los países en desarrollo, las políticas de privatizaciones, las normas del Consenso de Washington y actualmente las reformas económicas de España, Grecia, Portugal y otros países.

 Las orientaciones centrales de la teoría hayekiana coinciden y han potenciado los procesos de globalización, puesto que atribuye a la elite de mercado, the business class, una superioridad radical que los convierte en los conductores naturales de la sociedad no sólo de la economía, sino del gobierno y todas las formas de poder social. En su aplicación práctica la teoría hayekiana es convergente con las tendencias de acumulación económica y supeditación de los gobiernos a las tendencias del mercado.

La mitificación del mercado de Hayek y su tesis de la tendencia a la autorregulación, justifican la desregulación. Su crítica radical a la justicia social y a los fundamentos jurídicos y éticos de toda la legislación del Estado social ha contribuido a su debilitamiento en casi todas partes del mundo y su a desaparición en países como Chile. Más aún, su radical antihumanismo justifica las políticas de exclusión, de abandono de los “perdedores del mercado”, de los “parásitos”[24] que no pueden comprar sus bienes básicos.

La concepción de  de Hinkelammert sobre la crisis civilizatoria 

“La posición crítica es pensar en y desde un interés de todos, frente al tratamiento de una sociedad constituida y comprendida a partir de intereses particulares. El interés de todos es, entonces, una referencia objetiva de la crítica, y en ella el pensamiento crítico tiene su fuente de sentido"

 

 Franz Hinkelammert, Entrevista (2000)

El economista y teórico social alemán-costarricense Franz Hinkelammert es uno de los más destacados investigadores sociales de América Latina. Así lo muestran la

publicación y difusión de su obra en Europa. Asimismo, el creciente reconocimiento de sus aportes por importantes investigadores, científicos sociales, teólogos críticos y filósofos latinoamericanos en los temas de economía latinoamericana, teoría social, filosofía, política, y teología de la liberación[25].

Desde los años setenta ha realizado un extenso y complejo programa de investigación. Este comprende, de una parte, una crítica sistemática  de la economía política contemporánea, la neoclásica y neoliberal, especialmente de la teoría heyekiana, así como los efectos sociales de su aplicación. De otra, ha desarrollado una crítica a la civilización occidental y una teoría de la sociedad contemporánea. Esta comprende una “crítica de la razón utópica”, a su racionalidad política y social así como a la racionalidad tecnoeconómica que rige la globalización y sus lógicas destructivas. Asimismo, ha propuesto una reforma de las sociedades contemporáneas destinada a poner límites al economicismo. Esta permitiría superar la exclusión social, y que el factor económico deje de ser la “determinación en última instancia”, y lo sean el respeto de los derechos humanos, especialmente los económico y sociales. Todos tienen derecho a vivir una vida digna y verdaderamente humana, lo que requiere de una cultura de respeto a los derechos humanos en su integridad.

Hinkelammert destaca que la concepción del mercado de Hayek se basa en la creencia de una tendencia espontánea al equilibrio de los factores económicos, aunque reconoce que no esta no se ha sido demostrada, ni se sabe como funciona[26]. Hinkelammert demuestra con Morgenstern que el modelo de competencia perfecta es sólo una entidad matemática irrealizable, pues el concepto de competencia perfecta es sólo un ente de razón. La competencia real siempre genera desequilibrio[27]. Sostiene que Hayek y los neoliberales postulan un radical economicismo que subordina la vida humana a la reproducción del mercado. Esto se expresa teóricamente, en grado extremo, al definir a los seres humanos como “capital humano”, como lo hace Friedman. Exigen la completa desregulación del mercado, con total ceguera de sus consecuencias sobre la vida humana y el ambiente[28].

Hinkelammert considera que este discurso del mercado no analiza los reales problemas económicos y sociales de las sociedades contemporáneas, por eso no es científico, sino radicalmente normativo. Es una “doctrina”, basada en principios que no ha demostrado y que cree que debemos aceptar porque depende la supervivencia de la sociedad occidental de su respeto a ellos[29]. Asimismo, es antiutópico, en el sentido en que trata de demostrar que es irrealizable cualquier sociedad basada en los valores de la solidaridad, justicia social y minimización de la desigualdad. Por eso, no solo critica radicalmente al modelo socialista, sino al estado de Bienestar, al que considera un “camino de servidumbre” hacia el totalitarismo. Sin embargo, el neoliberalismo de Hayek postula una sociedad utópica, de carácter completamente distinto. Es una utopía de dominación, con la imagen de una societas perfecta. Hayek cree que podría llegar a realizarla si se eliminara todo límite a la expansión de las relaciones mercantiles, de una parte y de otra, si el poder político principal que es el poder de legislar quedara radicado, definitivamente, en manos de los triunfadores del mercado, como se ha expuesto[30]. Esta utopía es irrealizable, pues como Hinkelammert lo ha demostrado en sus análisis, esta ”metafísica del progreso” conduce a la destructividad de las sociedad contemporánea[31].

La concepción de Hinkelammert es que estamos viviendo una crisis sin precedentes en la historia de la humanidad. Esta difiere de las teorías de Spengler y Toynbee, sobre el auge, decadencia, crisis y desaparición de imperios y civilizaciones.  No se trata solo de una civilización, sino que la humanidad está amenazada  por su propia acción destructiva ambiental y social, y podría llegar a su decrecimiento o desaparición. Esta situación, desde la perspectiva de Freud,  podría ser denominada siniestra, pues se están haciendo reales nuestras peores fantasías y pesadillas apocalípticas, presentes en los temores de los fundamentalistas religiosos del pasado y del presente; representaciones catastróficas  que habitaban sólo el terreno de la imaginación y de las brumosas quimeras religiosas.

Hinkelammert ha analizado críticamente el proceso histórico de la sociedad occidental. Este tipo de sociedad se originó en la Edad Media, y se transformó con la Reforma y las revoluciones inglesa y francesa en la sociedad burguesa entre el siglo XVI y XVIII. Desde el siglo XVI, “domina el mundo y coloniza a los demás continentes. Desarrolla un racismo no conocido por ninguna sociedad anterior”[32]. Actualmente, la sociedad occidental -a la cual se ha incorporado algunas naciones de Asia-, domina el mundo “donde la cuarta parte de la población vive en condiciones inhumanas, sin ninguna esperanza de salida, mientras algunos países viven en una abundancia abrumadora”[33]. Esta sociedad ha producido las mayores y más cruentas guerras de la historia, así como “los sistemas de dominación más extremos, que no tienen antecedentes. La sociedad occidental ha hecho todo esto en nombre del servicio a la humanidad, en nombre del amor al prójimo y la salvación de la democracia y la libertad. Cree ser la única sociedad libre de la historia humana. Nadie ha escapado a esta ilusión, ni las ideologías de ningún grupo social”[34]. Ha desarrollado las fuerzas productivas a niveles sin precedentes, pero lo ha hecho destruyendo el ambiente, degradando “la capacidad de vivir de la mayoría de la población mundial”[35], y deteriorando la convivencia y la cohesión social.

Hinkelammert concuerda con el diagnóstico weberiano de la predominancia de la racionalidad formal en la sociedad contemporánea Pero, no comparte su filosofía de la historia de que debemos aceptar incondicionalmente la racionalización  y burocratización que serían el único modo eficiente de organizar la sociedad contemporánea. Considera que su análisis sigue preso de “la metafísica del progreso”[36]. La sociedad occidental con su destructivo modelo de desarrollo, sin embargo “se ofrece como solución a los grandes problemas que ha creado”[37], y ha desarrollado “una mística fatal de sus mecanismos sociales dominante, en una mística del mercado”[38].

La acción mercantil y científico-tecnológica esta regida por  el imperativo de la búsqueda de la mayor eficacia. Su racionalidad es la de medio-fin, entendida como la búsqueda de los medios más adecuados para realizar un fin, con independencia de cualquier otra consideración. “El valor central de la sociedad de la globalización de mercado y homogenización del mundo es la competitividad, y el sujeto central alrededor del cual gira toda nuestra sociedad es el sujeto que calcula la utilidad en términos cuantitativos derivados de los precios de mercado”[39]. Este es "un concepto de eficiencia que consiste, precisamente, en la abstracción de esta globalización de la vida real, es decir, abstracción de las condiciones de posibilidad de la vida humana"[40]. Ambas formas de acción proceden como si no estuviéramos en un globo, es decir en un sistema finito y cerrado en el cual las acciones relevantes realizadas en un punto se trasmiten al conjunto. "Su imagen de la tierra es de una planicie infinita en la cual se destruye una parte para pasar a otra, sin tener nunca un problema de globo"[41].

La racionalidad del mercado y de la tecnología son racionalidades parciales, delimitadas en su ámbito, e incapaces por su estructura  de comprender y asumir los efectos colaterales de su acción, a los que consideran meras “externalidades”. Ambas formas de acción social están  inmersas en la mística del progreso infinito que exige acrecentar la acumulación y la producción de dispositivos tecnológicos cada vez más eficaces. Su principio es: “lo que es eficaz, siempre es necesario y bueno”[42]. Por ello, se ignora o abstrae los costos y riegos de los actuales procesos de globalización. Sin embargo, estas consecuencias no pueden ser ocultadas puesto que explicitan los límites humanos, sociales, éticos y ecológicos de tales procesos. Sin embargo, desde el pensamiento económico tecnológico, estos límites son vistos como obstáculos al desarrollo de los mercados y de la ciencia y la tecnológica. Son vistos como irracionalidades, signos de nostalgia o ignorancia.

La acción instrumental, medio-fin, no es capaz por sí misma de descubrir los límites de su acción, ex antes  de la experiencia de traspasarlos. Antes de intervenir, no podemos calcular cual será la resistencia de un torturado o de un material sometido a prueba. Solo podemos conocerla ex post, cuando se haya atravesado el límite de su resistencia, cuando muere la víctima o el material se destruye.

Para Hinkelammert la profundización de la crisis de las sociedades contemporáneas nos plantea el dilema contemporáneo de “solidaridad o suicidio colectivo”[43], como dice el título de uno de sus libros. Propone un cambio civilizatorio, basado en una ética del sujeto, de la vida y la convivencia. Si queremos disminuir las mencionadas tendencias a la destructividad debemos superar  esta forma de modernidad  y refundar nuestras sociedades. Esto requiere un profundo cambio político y económico, basado en una transformación  institucional y económica, ética y cultural que implica asumir la primacía de lo que denomina “la racionalidad reproductiva” o “el principio de la vida”, es decir el derecho a la vida de todos y de los seres naturales. Esta racionalidad es la condición de posibilidad de conservar y desarrollar de la vida humana. La racionalidad reproductiva que afirma siempre la vida de los sujetos concretos debe limitar la racionalidad instrumental que guía la economía, el desarrollo tecnológico y las decisiones políticas; las lógicas del poder y el dinero. El factor determinante no puede seguir siendo el económico, sino los derechos humanos no sólo personales y políticos, sino económicos, sociales y culturales[44].

Ha reflexionado sobre  la utilidad, considerada el valor fundamental en la  sociedad actual regida por la acción instrumental. La utilidad calculable de rentabilidad y eficacia de acciones específicas es la que está directamente ligada a los fines de los procesos económicos y tecnológicos. Hay otra que apenas se menciona y que es un concepto más amplio: la utilidad para todos, para la vida de todos, del ambiente y sus seres vivos. Esta utilidad no es calculable; no puede ser sometida al cálculo económico porque lo valioso que preservan no tiene precio. Por ejemplo, preservar la Amazonía es útil para todos los seres vivos, aunque no lo sea para las empresas dedicadas a la deforestación y los Estados amazónicos que perciben impuestos. “La humanidad no podrá asegurar su sobrevivencia sin liberarse del cálculo de utilidad. La libertad frente al cálculo de utilidad es útil, pero se trata de un útil que el cálculo de utilidad destruye al ser totalizado”[45]. Para salir del laberinto de la modernidad, de esta forma de modernidad, se requiere “la superación de la metafísica del proceso subyacente. No hay proceso acumulativo, infinito, que se pueda encargar de la solución de los problemas humanos por su propia inercia. Desde el punto de vista cualitativo, el progreso es inexistente. Lo que existe en cada momento de la vida humana es la tarea se hacer la sociedad y las relaciones humanas lo más humanamente posibles[46].

Por ello ha propuesto potenciar las resistencias y los movimientos sociales para limitar la destructividad del proceso económico y tecnológico mediante la elaboración colectiva de una “ética de bien común”, fundada en el respecto de los derechos humanos de todos. Dicha ética no proviene de las tradiciones metafísicas y religiosas, como sucedía en el pasado, sino se va (re)formulando constantemente en respuesta a los constantes conflictos entre los procesos de globalización y el bien común, entendido como necesidad de asegurar las condiciones de posibilidad de la vida humana. “La ética del bien común resulta de la experiencia. Experimentamos el hecho de que las relaciones mercantiles totalizadas distorsionan la vida humana y, por consiguiente, violan el bien común”[47]. Esta es una ética de la convivencia basada en el principio de la vida: todos tienen derecho a vivir, y no hay justificación alguna para asesinar o dejar morir a otro. Su principio central es un enunciado fáctico y prescriptivo al mismo tiempo. “el asesinato es suicidio”. Implica una prohibición, por tanto: “no se debe matar o dañar a otro”. Esta no es una mera reiteración del mandamiento bíblico o del tabú de diversas sociedades que prohíben el asesinato, sino que es el reconocimiento de que no se puede asesinar o dañar a los demás sin que esto implique ahora o a futuro mi propia muerte.  No es posible matar a otro o dañarlo sin que los resultados de mi acción recaigan sobre el agente. En un mundo globalizado la trama de las interacciones devuelve a los agentes las consecuencias inesperadas sus propias acciones. “La bala que atraviesa a nuestro enemigo y lo mata da vuelta a la Tierra y nos alcanza en la espalda”[48]

La democracia participativa y la crisis contemporáneas

En esta situación de crisis global, como señala Hinkelammert, la sobrevivencia de las sociedades y de la humanidad depende de su capacidad de poner límites a la racionalidad tecnoeconómica y al cálculo de utilidad. Esto solo es posible mediante la acción política. Por ello, se requiere replantear el problema de la democracia. Beck, Castoriadis, Habermas y otros han demostrado la impotencia y debilidad de los actuales sistemas democráticos y de los dirigentes políticos, frente a las presiones de las elites y a los mecanismos del mercado. Más aun, las decisiones políticas han potenciado las referidas tendencias destructivas, como se muestra claramente en Estados Unidos, España y  Chile.

Frente a la crisis de legitimidad del capitalismo tardío, como la caracterizó Habermas en 1976, se formularon diversos modelos y propuestas de democracia participativa y deliberativa[49]. Estos implican un nuevo modo de concebir la democracia superando el falso dilema entre democracia directa y democracia (exclusivamente) representativa[50]. Dichos modelos articulan los procedimientos de representación con la decisión colectiva mediante diversos procedimientos: referendo, iniciativa popular de ley y otros. Las propuestas de Dhal, Habermas, Held, Macpherson y otros difieren en su estructura, fundamentación y ámbito de aplicación, pero comparten varias limitaciones.

Primero, su fundamentación es insuficiente, pues estos autores parecen suponer que se podría persuadir a los indecisos o los partidarios de teorías democráticas elitistas solo mencionado ciertos principios plausibles, sin argumentarlos   suficientemente.  No consideran el peso de la existencia de una larga tradición de democracia representativa directiva, en la cual "la clase política" ha persuadido a los gobernados que su papel era solo acudir periódicamente a votar en las elecciones.

Segundo, en el periodo que se  plantearon estos modelos y proyectos había un alto grado de consenso sobre el sistema económico y social. El periodo de postguerra hasta mediados del setenta fueron los de keynesanismo, el fordismo y el desarrollismo, así como y del auge del Estado de Bienestar en los países desarrollados, "la época de oro del capitalismo" (Hobsbwan).                                       

Tercero, estos modelos políticos no incluían el diseño, aunque fuera en sus aspectos centrales de un sistema económico adecuado a ellos. Los de Dahl y Fromm eran "prefacios a una democracia económica", pero eran solo propuestas de democratizar la toma de decisiones dentro de las empresas y no implicaban transformaciones del sistema económico.

Cuarto, en el periodo hubo importantes movimientos estudiantiles, juveniles y de mujeres que en algunos casos, como el de Mayo del 68 lograron convocar a los sindicatos, pero en general la democracia participativa no formó parte de las demandas de los referidos movimientos sociales. Sin embargo, estos modelos contribuyeron a incorporar algunos procedimientos participativos en los sistemas políticos.

Quinto, Macpherson era consciente de que una democracia participativa solo era posible si se producía un cambio de subjetividad política, es decir, si se superara el individualismo posesivo, es decir, las fuertes tendencias a la privatización de la existencia y al debilitamiento del espacio público. Se da cuenta que solo si los ciudadanos alcanzaran un alto grado de motivación social podrían llegar a dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para participar activa e informadamente. Sin embargo, las condiciones de la vida cotidiana y los hábitos culturales dificultan que eso pudiera producirse, salvo que las personas sientan que lo que está en juego en las decisiones políticas era relevante para ellos, su familia y la comunidad. Pero,  piensa que los crecientes problemas ambientales y urbanos son lo suficientemente graves para inducir a que los ciudadanos a autoorganizarse para hacerse escuchar y llegar a exigir la instauración de una democracia participativa. Sin  embargo, no analizó la complejidad de las relaciones entre movimientos sociales y la lucha por la democracia participativa, quizá porque en el contexto social e histórico en que reflexionaba no había movimientos sociales o políticos que pudieran identificarse con la democracia participativa. Dadas estas condiciones, los modelos propuestos fueron considerados utópicos, en el mejor de los casos deseables, pero difícilmente realizables.

Desde esta perspectiva de análisis sobre las posibilidades de realización de la democracia participativa, podemos analizar la situación, de algunas sociedades latinoamericanas, en los noventa generada, en importante medida, por las reformas neoliberales y las políticas de privatización y ajuste. En Venezuela,  Bolivia y Ecuador se había producido una crisis generalizada de representación política, así como del sistema económico y de legitimidad de las instituciones públicas y privadas. En ellos surgieron importantes movimientos políticos y sociales con importantes líderes de diferentes orígenes. Morales era un dirigente cocalero, Chavés fue el comandante que había intentado dar un golpe y Correa es un destacado economista. Se crearon nuevos partidos políticos que llegaron a ser mayoritarios y han ganado todas las elecciones presidenciales. Los tres procesos condujeron a asambleas constituyentes que generaron constituciones de carácter participativo que legitimaron el nuevo orden político y económico y se ha ido superando la situación inicial de generalizada crisis. Estas constituciones contienen diversos procedimientos participativos como el referendo, mandatos revocatorios y otros

Estos gobiernos, especialmente el boliviano, han asumido un carácter refundacional. Han logrado un significativo mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población en las áreas de  salud, educación, previsión y vivienda, en importante medida por la recuperación de sus riquezas básicas de exportación y disminuyendo los niveles de corrupción. En estos procesos hay una búsqueda de un nuevo modelo de economía mixta que articule el sector privado con el público, con un Estado planificador. El carácter participativo de estos proceso se expresa en Bolivia en el principio de "gobernar obedeciendo", y "el vivir bien", los cuales buscan superar el economicismo del actual concepto de desarrollo.

La existencia de procedimientos participativos, incluso el de revocación de mandato del presidente, contenido en la constitución venezolana, han permitido mantener una amplia mayoría activa que ha legitimado la continuación de las reformas. Incluso en el caso de Bolivia -que tiene una dramática historia de inestabilidad política y de golpes de Estado-, fueron los procedimientos participativos, que permitieron resolver graves situaciones políticas. La Constitución Boliviana del 2007 es la más reciente e innovadora por su definición del Estado y la democracia. Este es definido como un “Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, autonómico y descentralizado, independiente, soberano, democrático e intercultural”. Su democracia es participativa, representativa y comunitaria. "Se ejerce de forma directa y participativa (a través del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la revocatoria de mandato, la asamblea y el cabildo, que tendrán carácter deliberativo y la consulta previa, entre otros); de forma representativa (con elección de representantes por voto universal, directo y secreto) y de forma comunitaria (elección,) designación o nominación de autoridades por normas y procedimientos propios de los pueblos y naciones indígena originario campesinos, entre otros"[51].

            Podrían analizarse otros casos de participación espontánea o institucionalizada. En el primer caso,  el de Islandia, donde la población se rebeló y no aceptó las recetas de los organismos crediticios internacionales y en el segundo se encuentra Uruguay, donde los referendos de los últimos años han permitido dirimir importantes problemas políticos, especialmente de derechos humanos y de privatizaciones. La participación puede asumir diversas formas y funciones en las distintas sociedades:  de resistencia y derrocamiento de regímenes autoritarios; para profundizar crisis de representación e inducir cambios políticos queridos por los ciudadanos; para resolver problemas políticos significativos que enfrentan a los gobiernos y sus ciudadanos; en respuesta a la degradación de los sistemas democráticos; como forma de presión para transformar  instituciones injustas y obsoletas; como un medio para limitar las consecuencias negativas de la globalización; para enfrentar profundas crisis nacionales que exigen refundar el sistema político, etc. 

            El pensamiento conservador, basado en el principio de la primacía del orden, niega el derecho a la participación más allá del ejercicio del voto y el derecho de petición. Consecuentemente, los gobiernos conservadores en América Latina, pero también de Europa cuestionan y reprimen las manifestaciones ciudadanas considerándolas  alteraciones del orden publico y formas ilegitimas de presión. Consideran que las demandas ciudadanas solo deberían canalizarse mediante los parlamentarios. Más aun, en el caso extremo de Chile, estos sectores niegan que el poder constituyente resida en los ciudadanos, y afirma que solo son aceptables que las reformas constitucionales  se realicen con un acuerdo entre el Presidente y una altísima mayoría de los parlamentarios.

            El derecho a la participación se funda en dos principios ético políticos, ya enunciados por Rousseau. El primero es de la soberanía popular. En una democracia el titular permanente e inalienable de la soberanía es el pueblo, el conjunto de ciudadanos. Como dijo Lefort, en una democracia el trono del rey esta vacío. La delegación completa de la soberanía en los gobernantes es un acto ilegitimo y no puede ser una opción política[52]. La democracia participativa respeta ese principio fundante, evita al alienación de la soberanía por la clase política y tiene como ideal, como principio regulador, que el pueblo se gobierne por sus propias leyes, el autogobierno.

            El segundo principio deriva del primero y es el del reconocimiento de la subjetividad política de los ciudadanos y de los límites de la representación. El conocimiento del representante sobre dicha subjetividad política y social es siempre parcial e imperfecto. Y esta falta de conocimiento y desindentificación con la ciudadanía se profundiza cuando los políticos se convierten en un grupo de poder y privilegio, en una "clase política" como la llamaba Mosca. Por tanto, el sistema político debe reconocer esta condición y facilitar la expresión permanente y activa de la voluntad ciudadana y no pretender  privatizarla y convertirla en soberanía de las elites políticas, lo cual es una forma de oligarquía.

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* Este artículo es unas síntesis del segundo año de mi participación como coinvestigador del proyecto de investigación de Fondecyt Regular Nº 1120141, sobre “Éticas del desarrollo y teorías democráticas participativas (deliberativas). Una investigación-reflexión” que realizamos con Raúl Villarroel del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile. Esta es una versión revisada de la que se publicó en Utopía y praxis latinoamericana Nº 63, año 18, noviembre-diciembre 2013, Universidad de Zulia, Venezuela.

**Doctor en filosofía de la Universidad de París 8. Profesor de la Facultad de ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Profesor asociado de la Universidad Uniminuto de Bogotá:Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. .

incluyen un análisis de la moralidad contemporánea y contienen una propuesta ética. Asimismo, Hinkelammert incorpora como uno de sus temas centrales el desequilibrio ambiental. En la segunda parte, se expone un breve análisis sobre las teorías democráticas participativas de las últimas décadas de Dhal, Fromm, Habermas, Held, Macpherson y Pateman. Se analiza el aporte de la experiencia de democracia participativa del neoconstitucionalismo latinoamericano de los ochenta, hasta el de 2007 con la Constitución Boliviana. Finalmente, se explicita la concepción conservadora la democracia y se señalan los principios filosófico-políticos de la democracia participativa.


[1] Bauman, Zygmundt (2002), La sociedad sitiada, FCE, Buenos Aires, 2004; y  (2005), Vida líquida, Paidós, Barcelona,  2013.

[2] Castells, Manuel (1996), La era de la información. Economía, sociedad y cultura. La sociedad red, Alianza, Madrid, 1999.

[3] Habermas, Jürgen (1973), Crisis de legitimación del capitalismo tardío, Amorrortu, Buenos Aires, 1989.

[4] Hobsbawm, Eric (1994), Historia del siglo XX, Crítica, Buenos Aires, 1998

[5] Lyotard, Jean-François (1979), La condición postmoderna,  Planeta-Agostini, 1993.

[6] Wagner, Peter (1994), Sociología de la Modernidad, Herder, Barcelona, 1997.

[7] Vergara Estévez, Jorge “La concepción del hombre de Friedrich Hayek” en Revista de filosofía 2009, Universidad de Chile (SciELO), Santiago de Chile, 2009. (En las referencias siguientes se excluirá el país).

[8] Hayek. Friedric (1944) Camino de servidumbre, Madrid, Alianza, 1977; (1960) The Constitution of Liberty, The University Chicago Press, Chicago; (1976)  Law, Legislation and Liberty, volumen III, The University Chicago Press, Chicago, 1976.

[9] Hayek, Friedrich, “Individualismo: verdadero o falso”, Estudios Públicos Nº 22, Santiago, 1986.

[10] Ibíd.

[11] Hayek, Friedrich, La fatal arrogancia. Los errores del socialismo, Madrid, Unión Editorial, 1990, p. 44.

[12] Popper creía que el capitalismo era insuperable y que el intento de realizar el socialismo solo podría conducir el retorno a la barbarie y que en esta, lentamente, se empezaría a desarrollar el mercado y se llegaría nuevamente a la sociedad capitalista. Vd. La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona, 1981. Se trata de una filosofía de la historia de carácter determinista, contradictoria con su afirmación que la historia no tiene sentido ni orientación.

[13] Podría decirse que su concepción del mercado condiciona las diversas concepciones particulares que constituyen su concepción del hombre y la sociedad Incluso, temporalmente, precede a su concepción sobre la mente y las limitaciones del conocimiento humano, las cuales según Gray serían la que unifican su obra. Dice este autor: “Trataré de demostrar que su obra tiene un carácter unitario y coherente gracias a las afirmaciones en la teoría del conocimiento” en Gray, John, “F. A. Hayek y el renacimiento del liberalismo clásico” en http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/49_1_Gray%20John.pdf.

[14] Hayek, Friedrich, Individualismo y Orden Económico (1948), Unión Editorial, Madrid: 1996.

[15] Hinkelammert, Franz, Crítica de la razón utópica, Dei, Sn José de Costa Rica,  1984.

[16] Bourdieu, Pierre, Contre-feux, tome premier, Liber Raisons d’Agir, París, 1998.

[17] El Papa Francisco es más radical en su crítica teológica, inspirada en Benjamin. En un discurso reciente, del 16 de mayo del 2013, sostuvo que “hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”, en http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=20908.

[18] Hayek, Friedrich, Law, Legislation and liberty,  volumen III, op. cit.

[19] Hayek, Friedrich (1960), The Constitution of Liberty, chap. 7, op. cit.

[20] Hayek, Friedrich, cit. en cit en www.uca.edu.sv/filosofia/index.php?cat=64.

[21] Hayek, Friedrich, La fatal arrogancia. Los errores del socialismo, op. cit.

[22] Hayek, Friedrich (1978), La desnacionalización del dinero, Planeta- Agostini, 1994. Allí presentó una propuesta de privatización del dinero y de la eliminación del dinero producido el Estado. Propuso que los bancos emitieran dineros que competirían entres sí. Ni siquiera los más ortodoxos de sus partidarios han considerado esta opción. Por ejemplo, Friedman la rechaza completamente.

[23] Hayek fue invitado y viajó a apoyar los regímenes militares chileno y argentino entre 1981 y 1982. Asimismo, varios de los asesores de Reagan y Thatcher se habían formado con Hayek.

[24] Usó la misma expresión que Spencer para referirse a los más pobres y que también emplearon los nazis para descalificar a las razas inferiores. En vez de convocar al Estado a realizar el genocidio cree que hay que dejarlos morir.

[25] En los últimos años, se han publicado dos libros colectivos sobre su pensamiento. El primero fue Itinerarios de  la razón crítica. Homenaje a Franz Hinkelammert en sus setenta años, José Duque y Germán Gutierrez (Eds.) publicado por DEI en San José de Costa Rica, 2001. El segundo lo editamos con Estela Fernández, Racionalidad, utopía y modernidad, El pensamiento crítico de Franz Hinkelammert. Homenaje a sus 75 años, Universidad Nacional de Cuyo,  Santiago, 1997. Este libro contiene 16 artículos sobre su pensamiento y cuatro del autor.

[26] Hinkelammert, Franz (1970), Ideologías del desarrollo y didáctica de  la historia, op. cit.

[27] Idem (1984), Crítica de la razón utópica, Dei, San José, pp. 53-93.

[28] Hinkelammert, Franz (1977), Las armas ideológicas de la muerte, Ed. Sígueme, Salamanca, 1978.

[29] Esta postura teórica que exige el respeto irrestricto de principios que no pueden ser probado racionalmente es considerado una forma de ”irracionalismo” según Ferrater-Mora, “Irracional, irracionalismo” en Diccionario de Filosofía, tomo II, Ariel, Barcelona, 2001, pp. 1095 -1099.   

[30] Ibíd. Una síntesis de esta utopía fue expuesta en Hayek, Friedrich (1978), “Libertad económica y gobierno representativo” en Nuevos estudios de filosofía, política, economía e historia de las ideas, Unión Editorial, Madrid, 2007. Vd. Vergara Estévez, Jorge (1999), La concepción de democracia del neoliberalismo", en Anuario de Filosofía Jurídica y Social 1999,  Ed. Sociedad Chilena de Filosofía Jurídica y Social, Valparaíso.

[31] Hinkelammert, Franz (2001), El nihilismo al desnudo en tiempos de globalización, Lom, Santiago de Chile, 2001.

[32] Ibíd, p. 9. Para  Dussel, la modernidad se inicia con el descubrimiento y conquista de América. Para Hinkelammert dicha conquista y la de los otros continentes que se completa el siglo XIX constituyó la primera globalización. Vd. “El asesinato es suicidio: cortar la rama del árbol en que se está sentado” en El nihilismo al desnudo en tiempos de globalización, op. cit.

[33] Ibíd.

[34] Ibíd.

[35] Ibíd

[36] Vgr. Weber, Max (1909), “Intervención en la Jornada de la Asociación de Política Social” en Viena en Gesammelte Aufsätze zur Soziologie und Sozialpolitik, J.C.B. Mohr, Tübingen, 1988. Allí dice: “Respecto a la mecanización burocrática, en efecto, no existe nada en el mundo, ninguna maquinaria del mundo que trabaje de manera tan precisa como lo hace la máquina de hombres, y, además: ¡en forma tan económica! Es un sinsentido notorio decir que la administración autónoma sería más económica si la ejercieran cargos honorarios. Si uno considera como el ideal más elevado y suyo una administración puramente técnica y sin fallas, que solucione las tareas objetivas en forma precisa y exacta; desde esta perspectiva se puede decir: al diablo con todo el resto, salvo con una jerarquía funcionaria que solucione los problemas objetiva y precisamente, “carente de alma”, como cualquier máquina. La superioridad técnica del mecanismo burocrático está tan sólidamente comprobada como la superioridad técnica del trabajo realizado por máquinas por sobre el trabajo manual. (Traducción inédita del Dr. Jorge Iván Vergara del solar), págs. 412 – 416,

[37] Ibíd

[38] Ibíd, p. 10.

[39] Hinkelammert, Franz, Solidaridad o suicidio colectivo, Ambiéntico, San José de Costa Rica, 2003, p. 9.

[40] Hinkelammert, Franz (2001), El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización. Ed. Lom, Santiago, p. 157

[41] Ibíd.

[42] Ibíd, p. 158.

[43] Hinkelammert, Franz (2003), Solidaridad o suicidio colectivo, op. cit.

[44] Hinkelammert, Franz (2005), “La transformación del derecho bajo el impacto de la globalización” en Polis Nº 10, Santiago.

[45] Ibíd, p. 23.

[46] Hinkelammert, Franz (2005), La fe de Abraham y el Edipo occidental, op. cit. p. 99. Subrayado nuestro.

[47] Ibíd,  p. 168.

[48] Hinkelammert, Franz (2003), Solidaridad o suicidio colectivo, op. cit., p. 92. Un ejemplo es de la aplicación del tratado de libre comercio, NAFTA, entre Estados Unidos y México que permitió la exportación desde Estados Unidos de maíz subvencionado, más barato que el mexicano. La consecuencia fue que dos millones de trabajadores agrícolas quedaron cesantes, muchos de los cuales han tratado de entrar clandestinamente a Estados Unidos.

[49] Habermas, Jürgen (1973), Crisis de legitimación del capitalismo tardío, op. cit.

[50] Held, David, Models of Democracy, Stanford University Press, Stanford, 1987 y Vergara Estévez, Jorge, "Teorías democráticas participativas. Un análisis crítico" en (Congreso latinoamericano sobre) Filosofía y democracia, Humberto Giannini y Patricia Bonzi (eds.), Eds. Cátedra de Unesco y Lom, Santiago, 1997

[51]Principales aspectos de la nueva constitución boliviana", en La haine, http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=264592007 (Consultado el 23.12.2007).

[52] Schumpeter argumenta contra la democracia afirmando que los votantes pueden votar por un dictador. Pone como ejemplo la llegada al poder de Hitler. Pero, en la elección correspondiente obtuvo menos del 40 %. Se convirtió en dictador porque los parlamentarios conservadores, liberales y católicos le concedieron facultades excepcionales mediante la Ley habilitante de 1933.  

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