El preámbulo de la nueva constitución dice explícitamente que: “…dejando en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal, asume el reto de construir un Estado de derecho Plurinacional y comunitario”. Esto mismo es reafirmado en el primer artículo de la nueva constitución boliviana cuando dice que: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario… intercultural, etc., [que] Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico…”

Desde la concepción moderna de Estado, ningún estado moderno se caracterizaría como se ha caracterizado este nuevo Estado Plurinacional y comunitario, porque por definición el Estado moderno no es comunitario, sino social. No es plurinacional, sino nacional, es decir, el Estado moderno no se define como la afirmación de la diversidad, sino como su negación, por eso este Estado es monocultural, uninacional, social, etc., porque afirma una sola forma de agrupación humana, monolinguística, y monojurídica, es decir, afirma sólo a la justicia moderna como su correlato.

Si esto es así es justo decir que esta nueva constitución no define al Estado boliviano como moderno, sino como un Estado que no tiene las características del Estado moderno. Si esto es así, entonces mal podríamos querer entender a este nuevo Estado desde la concepción moderna de Estado, esto es, las teorías o concepciones modernas de Estado, no servirían ya para poder entender la especificidad de nuestro estado. Si esto es así, entonces estamos ante una nueva idea o concepción de Estado, que no se define a sí misma como Estado moderno, pero tampoco como Estado premoderno. Algunos despistados le llaman posmoderno, pero, no lo es, sino, algo distinto.

Si la nueva constitución política del Estado nos define como un Estado no moderno, esto tendría que expresarse no sólo en las políticas que se impulsan a partir de esta nueva carta magna, sino también en las políticas económicas, porque si no fuese así, entonces el preámbulo de la nueva constitución, los dos primeros artículos y muchos de los que le siguen serían meramente formales y discursivos, o sea, sin contenido, digamos un adorno meramente formal, es decir que, si las nuevas políticas que está impulsando este gobierno no están acordes con el espíritu de la nueva constitución, entonces estaríamos literalmente dando marcha hacia ese estado que queríamos superar, o si no estaríamos repitiendo lo mismo que habíamos criticado antes. Esto ahora se puede ver claramente en la política económica que el nuevo gobierno está impulsando y del cual el actual vicepresidente se vanagloria.

Veamos entonces el caso. En esa última entrevista, el vicepresidente no estaba diciendo algo nuevo respecto de la política económica, sino que estaba reafirmando lo que desde el principio de este nuevo quinquenio ya estaba proyectando hacer este gobierno, que es básicamente industrializar al país. Lo cual en sí mismo no es malo, lo problemático está en el cómo se pretende hacer ello y con qué tipo de concepción, es decir, ya no basta con afirmar que el país necesita una industrialización, lo cual es cierto, sino que aparte de ello hay que aclarar con entendimiento, no sólo el cómo se pretende realizar este proyecto, sino también la concepción o idea de industrialización con la cual se quiere industrializar al país, o dicho de otro modo, ¿para qué querer industrializar al país? Si nuestro país fuese o tuviese una historia o cultura moderna, europea y occidental la respuesta sería obvia, pero da la casualidad que ni nuestra historia, ni nuestra memoria cultural tiene una matriz europea, occidental o moderna, sino una muy distinta a ella y esto es precisamente lo que está contenido en nuestra nueva constitución política, por eso ella no se define como moderna en sí misma, sino como algo distinto.

El presidente Evo Morales en muchas ocasiones y foros ha insistido mucho en que el capitalismo es un literal enemigo, ya no sólo de las naciones empobrecidas por el capitalismo, sino de la humanidad toda y hasta del planeta, lo cual es cierto, pero, si esto es así, no se entiende por qué su gobierno está empeñado en seguir desarrollando este tipo de economía en nuestro nuevo Estado. El problema en nuestra perspectiva no está en que la burguesía o la derecha esté en las instituciones estatales gobernando o conduciendo los destinos de nuestro país, sino en que a nombre de los pobres, de los obreros, de los campesinos, y naciones originarias se esté gobernando ahora este nuevo Estado con la misma ideología o concepción que la burguesía capitalista moderna ha desarrollado para mantener este nuevo desorden mundial en el cual nos hallamos hoy.

Para ilustrar lo que decimos vamos a analizar una idea que el vicepresidente sostuvo a modo de ejemplo para mostrar a la audiencia el criterio con el cual el gobierno está industrializando al país. Él decía que habían decidido entablar relaciones con el gobierno iraní para instalar en el país una fábrica procesadora de lana de alpaca y vicuña, porque no era posible que nuestra lana como materia prima se vaya al Perú, para que desde allá nos la vendan ya procesada para producir nuestras chompas, sacos, etc., lo cual es cierto. Eso se debería de haber hecho desde el principio, porque tener una fabrica o planta procesadora de lana de vicuña, alpaca o llama, no requiere una gran inversión como por ejemplo una planta industrializadora del gas o del hierro. Luego dijo que eso ya no se podía hacer con las telas, porque su producción a nosotros nos saldría muy caro, porque lo produciríamos con mucho valor, en cambio los chinos que tienen una industria muy desarrollada al respecto, la producen casi a la mitad de lo que a nosotros nos costaría producir lo mismo. Ergo, no tiene sentido industrializar las telas en nuestro país, porque en el mercado saldríamos perdiendo porque no somos competitivos. Lo cual es cierto. Cualquier economista capitalista o burgués estaría plenamente de acuerdo con él, porque el capitalista o el economista moderno, tienen como único criterio de la producción al mercado y no al ser humano.

Cuando uno escucha este tipo de afirmaciones a uno se le paran los pelos de punta, porque es el mismo argumento con el que el capitalista y el neoliberal orientan la producción, es decir, el vicepresidente está razonando con la misma lógica con la cual razonaría cualquier capitalista. Si quienes estuviesen gobernando el país fuesen burgueses o capitalistas, se entendería perfectamente su argumentación como lógicamente coherente con el proyecto que tienen para sí mismos y para cualquier país moderno, pero entrarían automáticamente en contradicción con la nueva constitución, porque ella no nos define como país o Estado capitalista o moderno, sino como algo distinto. Pero da la casualidad de que quienes están en el gobierno nunca se han declarado capitalistas, sino contrarios y hasta enemigos de ese modelo de economía y sociedad, además el gobierno declaró desde el principio de esta nueva gestión que el modelo que pretendían desarrollar como proyecto para el país, era de un Socialismo Comunitario. Cuando le escuchamos al vicepresidente desarrollar las ideas que tenía al respecto a principios de este año, sabíamos que tenía poca idea de lo que estaba hablando, pero eso no es pecado, porque aclarar las grandes ideas cuesta mucho, especialmente al principio. Lo que significaba o no el Socialismo Comunitario para ellos, se iba a ver en las políticas que ellos mismos como gobierno iban a impulsar, lo cual ahora estamos viendo, tienen de cualquier cosa, menos de socialismo, y peor de comunitario.

Varias veces dijo el vicepresidente que tenía como libros de cabecera a El Capital de Marx y también a la Ciencia de la Lógica de Hegel, a Lo Nacional Popular en Bolivia de Zavaleta Mercado y a otro que no recuerdo. Que los tenga como libros de cabecera es muy posible, pero que los haya leído a los dos primeros está muy difícil, y si los ha leído, que los haya entendido peor aún. Porque Marx en El Capital aclara muy bien este problema que el vicepresidente estaba señalando como problema y obstáculo para el país. Repasemos entonces el argumento de Marx. Dice Marx que cuando hay competencia entre capitales, la tendencia es a que el capital con mayor composición orgánica (o sea, superior tecnológicamente hablando) devore al capital de menor composición. Cuando sucede esto, los países que tienen capitales o industrias de menor composición orgánica tienden a proteger su comercio e industrias para que estos puedan desarrollarse localmente, antes de ingresar en la competencia misma del mercado mundial. Para ello, los capitales nacionales suelen requerir de un “Estado proteccionista” para que proteja su mercado e industria, es decir para que se pueda desarrollar una producción y un consumo acorde al grado de composición del capital en cuestión. Dicho en cristiano esto quiere decir que si el gobierno quisiese desarrollar la industria textil en Bolivia, lo primero que tendría que hacer sería proteger a la industria y al consumo textil, es decir proteger nuestro mercado interno para que se pueda desarrollar. Esto se puede lograr subvencionando en parte la producción de telas o textiles hasta que esta rama o sector de la industria pueda desarrollarse, lo cual tendría que estar acompañado por medidas que restrinjan la importación de telas altamente competitivas como la china por ejemplo, o las telas chilenas, brasileñas y hasta colombianas. Esto lo sabe cualquier burguesía con conciencia nacional, pero también cualquier Estado protector de su propia economía.

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