Franz Hinkelammert

La fe en la teoría económica desde Adam Smith y su fuerza mágica no se ha podido superar hasta ahora.

Se trata de la magia de la mano invisible y del mercado auto-regulado, que por automatismo hace el bien. Se trata del bien en el sentido de lo mejor posible en cada momento. Es imposible para el ser humano de realizar algo que sea superior a lo que el mercado auto-regulado pretende.

Se trata de la sabiduría del mercado, a la cual el ser humano tiene que someterse con toda humildad, y cada intento de ir más allá de ella es orgullo, es hibris.

Dada este centro mágico de la teoría económica, es tan dudosa su carácter científico.

El problema es: esta magia del mercado, a la cual  sus adeptos neoliberales consideran un milagro, es realmente  un obstáculo para cualquier desarrollo  realista de una teoría económica. Es como la creencia de la Edad Media en la posibilidad del perpetuum movile. Era una creencia en una solución mágica que llegó a ser un obstáculo para el desarrollo de una ciencia física. Recién el descubrimiento, de que el perpetuum movile era una imposibilidad llevó a la posibilidad de la física como ciencia.

La clave se desarrolló con el desarrollo de la ley de la inercia. Esta ley describe un perpetuum movile – el carro en una planicie infinita sin obstáculos (fricciones)  - precisamente para concluir que esta imaginación es imaginación de otro mundo que jamás puede ser nuestro mundo, pero da luces para que podamos entender el movimiento en este mundo.

La teoría económica a partir de Smith está enfrentado con un problema, que es muy parecido a este problema de la ley de la inercia. Construye otro mundo, que a fines del siglo XIX se construye en forma de un modelo de competencia perfecta. Sin embargo, no acepta que se trata de la construcción de otro mundo, que eventualmente puede dar luces para entender este mundo, sin sostener que esta construcción es la meta por realizar en este nuestro mundo.

Un problema parecido tiene el pensamiento de Marx, cuando trata el mercado como una institución que hay que abolirla para poder realizar un equilibrio económico.

La conclusión real –y científica  – a partir de este modelo sería la imposibilidad intrínseca de una mano invisible del mercado o de una auto-regulación del mercado. El mismo modelo de la competencia perfecta es la prueba, porque demuestra que la tendencia al equilibrio es imposible. O podríamos decir: este modelo es como el perpetuum movile para la física. Es modelo de otro mundo, que es imposible, pero que puede dar eventualmente luces para entender la competencia real. Pero estas luces las puede dar solamente, si se acepta, que es intrínsecamente imposible. Hay un evidente parecido con la construcción de la ley de la inercia y su importancia para  hacer ver, que el perpetuum movile  es imposible. La prueba se da por medio de la construcción teórica de un perpetuum mobile. Por eso, lo que resulta a partir de la construcción del modelo de competencia perfecta es la prueba de la imposibilidad de una auto-regulación del mercado. Esta prueba se encuentra en el hecho de que del propio modelo resulta que su realización está infinitamente lejos. Por tanto, cada paso de acercamiento aparente a este modelo contiene el mito de un acercamiento a lo infinitamente lejos por pasos finitos. Un argumento tal es insostenible. Sin embargo, comprueba algo. Comprueba que una tendencia al equilibrio de la competencia es imposible, por lo tanto hay que desarrollar por fin una teoría del mercado, que no pretenda esta tendencia. Esa tendencia resulta una simple magia, un obstáculo para cualquier ciencia.

De eso resulta: Como en física cualquier teoría, que implica la posibilidad de la realización de un perpetuum mobile es a priori falsa, también en economía cualquier teoría que implica la posibilidad  de la realización de una tendencia automática del mercado al equilibro de la competencia perfecta, es igualmente a priori falsa.

Insistir en teorías económicas que cometen esta falsedad, es, sin embargo, el centro de la religión del mercado. Se trata de una religión, que es falsa necesariamente. Eso es algo que no vale para otras religiones. No son necesariamente falsas.

Aparece una muy primitiva concepción del infinito. Es la del acercamiento asintótico a una meta infinitamente lejana. Para todas la interpretaciones de tales acercamientos vale, que jamás se llega. Se puede dar el ejemplo del reloj real frente al reloj exacto. Según sostienen los físicos, se ha descubierto en reloj atómico que tiene una exactitud tan grande, que solamente pierde un segundo en unos 300 millones de años. Sin embargo, no es un reloj exacto. Ciertamente es un reloj mucho más exacto que el reloj de la cocina de nuestra abuela. Sin embargo, ambos relojes tan distintos tienen en común, que no son relojes exactos. Eso significa, que el reloj atómico, con toda exactitud que tiene, está tan lejos del reloj perfecto como el reloj de nuestra abuela. El reloj atómico es mucho más exacto que el otro, pero más cerca al reloj perfecto no puede estar. La distancia de ambos relojes del reloj perfecto es infinita. Eso es necesariamente así también el caso de la aproximación el equilibrio que pretendidamente produce el mercado mágico.

Se trata del problema, al cual Hegel llamaba “mala infinitud” (“schlechte Unendlichkeit”) La interpretación de medidas finitas como acercamiento o aproximación a un fin infinitamente lejos puede tener consecuencias nefastas. Tanto Friedrich Engels como Lenin se preocuparon por el problema, cuando hablaron de la aproximación de la sociedad socialista al comunismo. Pero no le dieron solución. Se trata de una problemática muy parecida como la tendencia al equilibrio de la mano invisible del mercado en la actual ilusión ideológica del neoliberalismo. Al suponer la existencia mágica de esta mano invisible se hace imposible la realización de medidas necesarias para la vida humana y hoy se pone en riesgo hasta la propia vida de la humanidad en la tierra. Lo que es en matemática nada más que un teorema de la aproximación asintótica, se transforma al aplicarlo a procesos reales históricos en amenazas que podrían ser hasta amenazas totales para la vida humana.

La crítica de parte de Oscar Morgenstern

Morgenstern hace ver, que el modelo de competencia perfecta muestra un mundo, que es perfectamente incompatible con nuestro mundo. Es imposible realizar por nuestra acción humana este mundo. Eso vale para esta construcción ideal como vale también en la física clásica la construcción del mundo de la teoría  de la ley de la inercia:

"Curiosamente resulta que sobre la base del supuesto de previsión perfecta se puede llegar incluso a conclusiones materiales sobre la economía.... Son esencialmente de tipo negativo. No habrá, por ejemplo, lotería ni casino de juegos porque, quién jugaría si se supiera antes donde irá la ganancia? Teléfono, telégrafo, periódicos, anuncios, afiches, propaganda, etcétera, también estarían demás como se ve inmediatamente... porque, qué razón habría para escribir cartas?" [1]  p.267

¿Es la aproximación al equilibro definido por la teoría de la competencia perfecta, que la teoría económica dominante nos promete constantemente, un acercamiento  a esta situación descrita por Morgenstern? ¿Vamos al otro mundo descrito en esta idealización? Dice Morgenstern:

“Yo voy ahora a ver un poco más de cerca, cuales son las condiciones que resultan, si se supone previsión perfecta y especialmente cuando ocurre que la mutual consideración de la previsión de un comportamiento probable de otro en sentido de la disolución de  hechos complejos como precios etc.. Es un hecho, que un cálculo de los efectos del comportamiento propio para el comportamiento futuro de otros y vice versa ocurre siempre, como se puede observar empíricamente. Sin embargo, la cadena de las supuestas reacciones se termina relativamente pronta…”[2] S. S.257

Pero Morgenstern va más allá de este argumento. Con una ironía astuta sostiene:

"Algo diferente ocurre con previsión perfecta. Un ejemplo para la paradoja que resulta para dos personas yo presenté en otra parte y se me permite reproducirlo aquí. ‘Cuando Sherlock Holmes era perseguido por su enemigo Moriarty, partía de Londres a Dover en un tren, que hacía escala en una estación intermedia, y el bajó allí del tren en vez de seguir hasta Dover. El había visto a Moriarty en la estación (de Londres), le estima como muy inteligente y supone que Moriarty tomará un tren expreso más rápido, para esperarlo en Dover. Esta anticipación de Holmes resulta correcta. ¿Pero qué habría pasado en el caso de que Moriarty hubiera sido más inteligente, y hubiera estimado las capacidades de Holmes como mayores, y hubiese por tanto previsto tal acción de Holmes? Entonces él habria tomado el tren hacia la estación intermedia. Eso debería haber calculado Holmes por su parte y tendría que haber decidido ir directamente a Dover. A lo cual Moriarty por su parte habría 'reaccionado' de otra manera. Du puro pensar no habrían llegado a la acción, o el menos inteligente tendría haberse entregado ya en la estación Victoria (de Londes) al otro,, porque era imposible cualquier intento de fuga.’"Morgenstern, op.cit. p. 257/258

Morgenstern afirma ahora,  que el propio concepto de la competencia perfecta es insostenible. Sufre una contradicción interna, que es imposible  eliminar. Según el argumento de Morgenstern en relaciones estratégicas como las describe el modelo de competencia perfecta, la propia previsión perfecta paraliza absolutamente cualquier acción de los actores. Eso significa, que cualquier modelo de acción con previsión perfecta es incompatible con la propia existencia del mercado. Concebir una economía con previsión imperfecta, es necesariamente a la vez abstraer del la propia existencia del mercado y del dinero. Jamás se puede efectuar una abstracción real de este tipo. Ni el propio concepto de un mercado con previsión perfecta es un concepto sostenible, sencillamente porque, al suponer previsión perfecta, abstrae en el mismo acto de la propia existencia del mercado, del cual pretende hablar. No podemos ni decir lo que es.

Por tanto vale según Morgenstern: “Adaptaciones succesivas de todas maneras son incompatibles con una previsión perfecta.” Morgenstern op.cit. S.262

Morgenstern entonces hace una reflexión sobre la metafísica implicada en este mismo concepto:

„Si se supone una previsión perfecta de parte de un observador externo, entonces se trata de otros cuestiones que en lo anterior Lo que se puede decir sobre un observador tal (con previsión perfecta) - en este caso, por ejemplo, sobre el economista teórico - resulta en afirmaciones muy paralelas a aquellas afirmaciones conocidas desde la teología y la lógica sobre la omnisciencia de Dios en cuanto al futuro y sobre las dificultades con el libre albedrío, que están conectadas con ellas.. Como no estamos tratando con un observador equipado de esta manera – porque para la teoría del equilibrio no constituye un supuesto necesario – no hace falta discutir este problema aquí.“ Morgenstern, op.cit p. S.262/263

Esta conclusión vale sin duda, si consideramos al ser humano como humano con cierta libertad. Eso hace Morgenstern y por eso habla de la historia de la metafísica. Pero en un análisis anteriormente comentado sobre el concepto de observador omnisciente con previsión perfecta  el físico Max Planck presenta un ser humano mucho más inhumano todavía. El supone una naturaleza, de la cual el ser humano es parte, como un conjunto de absoluto determinismo, cuyos movimientos son perfectamente predicible para un observador de previsión perfecta, que deriva el futuro de puras cálculos de las relaciones medio-fin, que según Planck determinan toda la naturaleza hasta sus extensiones más finas imaginables. El ser humano lo ve simplemente como una complicada máquina.

Se puede hacer eso, pero se desemboca igualmente en una metafísica igual, que ahora es la metafísica de la relación causal total y absoluta.

La crítica de Morgenstern sin embargo,fue dejado de lado posteriormente y por eso no pudo ni rozar la vigencia dogmática de la teoría de la competencia perfecta y su magia, con muy pocas excepciones. Una de estas excepciones es precisamente Hayek. Vamos a tratar de seguir su argumento.

La continuación de esta crítica por Hayek

Hayek conoce bien esta crítica  de Morgenstein a la teoría económica neoclásica de su tiempo y se da cuenta que es cierta. Por tanto destaca la tesis de Morgenstern sobre el carácter no-empírico de toda la imaginación teórica de una competencia perfecta. También para Hayek ahora parece más bien un concerpto no empírico de un mundo otro. Lo expresa así:

"La naturaleza extraña de los supuestos teóricos del equilibrio de la competencia sale a la luz si preguntamos qué actividades denominadas comúnmente de competencia serían todavía posibles si se dieran esos supuestos...  Creo que la respuesta es simplemente: ninguna. Propaganda comercial, ofertas con precios más bajos, diferenciación de productos y servicios producidos, todo eso se excluye por definición: competencia perfecta significa realmente la falta total de actividades competitivas."[3]

Es imposible un acercamiento a un concepto del mundo social de este tipo:

"En general parece existir la opinión de que la denominada teoría de la competencia perfecta ofrece el modelo propicio para juzgar las funciones de la competencia en la vida real y de que la competencia real en cuanto se aleja de este modelo sería indeseable o hasta dañina.

Me parece que esta posición tiene muy poca justificación. Yo quiero hacer aquí el intento de demostrar que lo que discute la teoría de la competencia perfecta en realidad no debería denominarse competencia y que sus deducciones para la orientación de la política no tienen mayor utilidad. Creo que la razón de ello es que esta teoría en general ya supone la existencia de una situación que, según el proceso de la competencia, tiene que crear y que si alguna vez se dieran como existentes las condiciones supuestas por la teoría de la competencia perfecta, eso no sólo suprimiría todas las actividades que describimos con la palabra competencia sino que las haría imposibles en su esencia." p. 122/123

Por tanto añade:

"La competencia es un proceso dinámico cuyos rasgos esenciales se suponen como no existentes si se hacen los supuestos que están en la base de la teoría estática." op. cit. P. 125

Formula entonces la tarea del análisis:

"Sólo a través de la tesis de que hay esta tendencia (al equilibrio) la teoría económica llega a ser más que un ejercicio de lógica pura y se transforma en ciencia empírica..." op.cit p. 63

Por tanto considera como su meta:

"Mostrar, que… las acciones espontaneas de los individuos bajo condiciones, que podemos describir, llevan a una distribución de los medios, que se puede interpretar de una manera tal, como si hubiera sido hecha según un plan único, a pesar de que nadie la ha planificado, me parece ser realmente la respuesta para el problema, que a veces se ha denominado metafóricamente 'razón colectiva'."[4]

Se ve: no dice que corresponden a lo que predice la teoría de la competencia perfecta, como lo hace la teoría económica neoclásica de su tiempo, inclusive el propio Milton Friedman. Hayek dice ahora  “como si hubiera sido hecha según un plan único, a pesar de que nadie la ha planificado”. La posición ideológica que Hayek asume lo obliga, sacar esta consecuencia visiblemente arbitraria. Dudo que haya muchos que le creen a Hayek, que los resultados efectivos de la competencia parecen ser como un resultado de un plan único. Pero él concluye de su lectura de Morgenstern, que esta referencia a un ideal de equilibrio planificada  no es contradictoria en el mismo sentido como lo es la referencia a alguna competencia perfecta. Creo que hasta eso es dudoso.

Él mismo tampoco está tan seguro. Sigue  por tanto:

"En esta forma  la afirmación de la presencia  de una tendencia al equilibrio es obviamente una frase empírica, es decir,  una afirmación de algo, que en el mundo real ocurre y que debería ser verificable, por la menos en principio. Y da a nuestra afirmación algo abstracta un significado creíble, que es convincente para el sentido común. La única dificultad es que todavía estamos hasta ahora bastante a oscuras sobre: a) las condiciones en las cuales se supone la existencia de esta tendencia y  b) la naturaleza del proceso por el cual se cambia el conocimiento individual."64

El resultado es absolutamente sorprendente; todo desemboca en la nada. Hayek afirma correctamente que la presencia de una tendencia al equilibrio se hace necesariamente por una “frase empírica” que por tanto debe ser “verificable”. Pero la conclusión que ahora saca, deja completamente abandonado a aquellos que siguen a su argumento. Declara que “estamos hasta ahora bastante a oscuras sobre: a) las condiciones en las cuales se supone la existencia de esta tendencia y  b) la naturaleza del proceso por el cual se cambia el conocimiento individual."  Afirma por tanto que todavía no hay argumentos para afirmar la propia existencia de la tendencia al equilibrio. Hayek, por tanto, dice, que se sabe que esta tendencia existe, pero que todavía no se tiene argumentos para poder sostener el contenido de esta afirmación.[5]

Hayek tiene con su teología algo, que ya tenía la teología medieval también. Esta teología sabía la verdad, pero no sabía argumentarla. Por tanto, exigió de la filosofía asumir las verdades de la teología, pero buscar a la vez los argumentos en su favor. Por eso se decía: Philosophia ancilla theologiae (“La filosofía es la criada de la teología”) Igualmente Hayek exige de la ciencia buscar los argumentos para sostener las verdades pretendidas de su ideología. La ciencia es ahora criada de la ideología económica. La teoría económica es ahora acilla=criada de la ideología con su religión del mercado y la afirmación de la magia del equilibrio del mercado, cuya verdad vale independientemente de cualquier argumentación. Pero a la teoría económica le exige, buscar estos argumentos que faltan.

Hayek no vacila de expresar esta su teología del mercado igualmente en términos de la teología cristiana. Voy presentar una cita algo larga::

No existe en ingles o alemán palabra de uso corriente que exprese adecuadamente lo que constituye la esencia del orden extenso, ni por qué su funcionamiento contrasta con las exigencias racionalistas. El termino “trascendente”, único que en principio puede parecer adecuado, ha sido objeto de tantos abusos que no parece ya recomendable su empleo. En su sentido literal, sin embargo, alude dicho vocablo a lo que está más allá de los límites de nuestra razón, propósitos, intenciones y sensaciones, por lo que sería desde luego aplicable a algo que es capaz de generar e incorporar cuotas de información que ninguna mente personal ni organización singular no solo no serian capaces de aprehender, sino tan siquiera de imaginar. En su aspecto religioso, dicha interpretación queda reflejada en ese pasaje del padrenuestro que reza “hágase tu voluntad (que no la mía) así en la tierra como en el cielo”, y también en la cita evangélica: “No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino Yo quien os eligió para que produzcáis fruto y para que este prevalezca” (San Juan, 15:26). Ahora bien, un orden trascendente estrictamente limitado a lo que es natural (es decir, que no es fruto de intervención sobrenatural alguna), cual acontece con los órdenes de tipo evolutivo, nada tiene que ver con ese animismo que caracteriza a los planteamientos religiosos, es decir, con esa idea de que es un único ente, dotado de inteligencia y voluntad (es decir, un Dios omnisciente), quien, en definitiva, determina el orden y el control. [6]

La modernidad hasta ahora no realizó ninguna sociedad secular. Secularizó  el mundo altamente “encantado” o “verzaubert” de la Edad Media – en cierto sentido inclusive de todas las sociedades anteriores – para volver a encantarlo de una manera nueva.  Lo reencantó por el capitalismo como religión. “El dios del mercado es el dios verdadero” (“Der Warengott ist der wahre Gott””. (Norbert Bolz) La última vez lo hicieron los Reaganistas por su Documento de Santa Fe de 1980.[7]

La teología de este documento de Santa Fe es el Neoliberalismo. Sus apóstoles son las cúpulas de las burocracias privadas de las  Corporaciones empresariales gigantes.

Se trata de un mundo reencantado que vivimos como mundo realista, racional y secular. Pero lo vivimos con la misma ingenuidad como la gente de la Edad Media miró su mundo. Sabían que a media noche salían de los cementerios los fantasmas de los cuerpos de los muertos que revivieron y que volvieron a sus tumbas una hora después. También se sentían obviamente realistas. Lo sabían con la misma seguridad como los nuestros saben que la mano invisible del dios mercado rige infaliblemente nuestro mundo. Y le dicen con Hayek al dios mercado citando al padre nuestro: “ Tu voluntad y no la mía.” Y el mercado, según Hayek, le contesta citando el Evangelio de Juan: “No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino Yo quien os eligió.” Claro, el segundo caso lo vemos nosotros casi todos como lo realista, mientras el primero nos parece la ingenuidad medieval. Pero la falta de realismo es exactamente la misma. El documento de Santa Fe lo resume y lo impuso a todos con la amenaza de ser declarados herejes de la fe en el mercado de Milton Friedman. Por supuesto, la señora Merkel como cancillera de Alemania asumió esta fe de Milton Friedman igualmente como su ministro de hacienda Schäuble. (Merkel dice: „marktkonforme Demokratie“ democracia conforme al mercado). La palabra de esta conformidad de la democracia al mercado presupone que la fe tiene que ser un acto serio de convicción y no solamente  simplemente puras palabras. Milton Friedman dice expresamente, que quiere creyentes que creen en el mercado. Eso es el problema de los dioses terrestres, que Marx ya empieza a criticar muy temprano y que posteriormente continua discutiendo baja la palabra de critica del fetichismo.

El problema de la teoría económica del mercado

Uno de los economistas que primero sacaron la conclusión de que ahora es necesario elaborar una teoría del mercado sin ninguna afirmación dogmática que sostenga la existencia mágica de una tendencia al equilibrio, es sin duda Polanye.[8] Concluye, por eso, que el mercado solamente puede funcionar, si hay una intervención sistemática en este mercado. Polanyi habla de un necesario “embedding” (lo que se puede traducir como canalización) del mercado en el conjunto de la sociedad. Polanye considera que esta canalización del mercado tiene que sacar fuera del mercado libre tres grandes esferas de la sociedad económica y que son:  la política de salarios e ingresos, la distribución y el uso de la tierra entre las personas e instituciones y la política financiera en general. Llega a la tesis,  de que el propio mercado lleva a la destrucción de todo, cuyo logro permite, como consecuencia de la propia ley del mercado. Se trata de lo que hoy vivimos como tendencia hasta a la destrucción de nuestro propio mundo de vida. Es casi como lo dice Soros: Hoy el capitalismo solamente puede ser destruido por el capitalismo mismo.[9]

Los tres desequilibrios que destaca Polanye son también los desequilibrios que resultan del análisis del mercado de Marx. Los primeros dos son desequilibrios que amenazan directamente la vida de la naturaleza y del trabajador:

“Por tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza:  la tierra y el trabajador".[10]

El tercero es el desequilibrio entre la producción y el sistema financiera, que Marx trata en el III. Tomo del Capital. Pero los desequilibrios que amenazan directamente la vida humana son el de la explotación  la naturaleza y de la explotación del trabajo.

Marx, sin embargo, bloqueó una solución de este tipo por su proyecto de abolir al propio mercado. Por eso hay que vincular el análisis hoy con los argumentos de Polanye para llegar a una teoría del mercado que analice lo que hay que hacer con el mercado para que este deje de producir estos desequilibrios, que Polanye destaca y deje de ser el peligro que amenaza destruir todo lo que la humanidad logró realizar basándose en el mismo mercado.

Se trata de analizar, de que manera  el mercado produce y reproduce constantemente estos tres  desequilibrios macroeconómicos en el caso de dejarlo operar sin intervenciones. Además hace falta analizar las varias posibilidades de enfrentar estos desequilibrios macroeconómicos y con qué criterios escoger entre estas posibilidades.

Si no se logra eso, los grandes logros de la historia moderna no resultan más que un supernova, que se transforma al fin en un hoyo negro.

Palabras finales:

El resultado de nuestro análisis no i8mplica considerar la teoría de la competencia perfecta y el correspondiente modelo del mercado perfecto como algo teóricamente sin valor. Tiene resultados muy positivos, que hay que seguir sosteniendo. Pero estos resultados son exactamente lo contario de lo que se suele argumentar por medio de estas teorías.

El principal resultado positivo de esta teoría de mercado perfecto es, que es imposible un tendencia empírica hacia el equilibrio.  Mercados parciales pueden tener tendencias al equilibrio, pero de eso no se puede deducir la posibilidad de una tendencia al equilibrio del conjunto de los mercados. El propio modelo de la competencia perfecta es precisamente la prueba de esta imposibilidad de v cualquier tendencia al equilibro del mercado. Además: ni el concepto de un equilibrio del mercado perfecto es posible formular consistentemente, como precisamente Oscar Morgenstern demuestra y sostiene.

Pero hay otro resultado, que también es importante. La teoría del mercado perfecto demuestra igualmente, que es imposible poder realizar la coordinación de una división social de trabajo del tamaño como lo tenemos hoy sin recurrir al mercado como uno de los medios de coordinación. Como tal es imprescindible.

Por eso, para responder a los desequilibrios macroeconómicos del mercado, que amenazan hoy visiblemente hasta la propia existencia del ser humano en la tierra, hay que seguir buscando la solución que ya no se puede esperar de algún automatismo del mercado en el interior del mercado. Pero este mercado tiene que ser un mercado  sistemáticamente intervenido para hacer posible una respuesta racional y suficiente a estos desequilibrios macroeconómicos.


[1] Morgenstern, Oskar: Vollkommene Voraussicht und wirtschaftliches Gleichgewicht. (Previsión perfecta y equilibrio económico).

En: Albert, Hans (Hrgb) Theorie und Realität. Tübingen, 1964. De: Zeitschrift für Nationalökonomie. VI. Band, Wien,1935. S.267

[2] Morgenstern, op.cit S.257

[3] Hayek, Friedrich A.: Individualismus und wirtschaftliche Ordnung. Zürich, 1952. p. p.127/128

[4] Hayek, Friedrich A.: Individualismus und wirtschaftliche Ordnung. Zürich, 1952. S. 75/76

[5] ver: JORGE VERGARA ESTÉVEZ: MERCADO Y SOCIEDAD: LA UTOPÍA POLÍTICA DE FRIEDRICH HAYEK. UNIVERSIDAD UNIMINUTO Y CLACSO 2014

[6] Hayek, Friedrich A.: La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. Unbióm Editorial, Madrid, 1990. (Hayek, Friedrich A.: La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. Unbióm Editorial, Madrid, 1990. p. 125/126 (The fatal conceit: The Error of Socialism. (The collected Works of Friedrich August Hayek, Volume I) Chicago University Press, 1988).  

[7] mayo de 1980 el Grupo de Santa Fe que preparó la campaña electoral de Reagan

[8] Karl Polanyi, The Great Transformation[1] (1944) -traducción española: La gran transformación[2], Madrid, La Piqueta, 1989.

[9]  Hay otro autor que es interesante respecto a la teoría de las intervenciones necesarias. Se trata de Walter Eucken. Ver: Walter Eucken: Die Grundlagen der Nationalökonomie. Fischer, Jena 1940. Walter Eucken: Grundsätze der Wirtschaftspolitik. Francke, Bern [u. a.] 1952

[10] Marx, El Capital, FCE, I. p. 423/424. He corregido la traducción según el texto original.

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