Franz Hinkelammert

Vivimos debajo de una nueva infalibilidad, a la cual se da una validez absoluta. Se trata de la infalibilidad del mercado. Esta infalibilidad se ha desarrollado históricamente, pero nunca ha sido tan total como hoy. En Adam Smith se la describió como la “mano in visible” del mercado, una expresión, que Newton había usado para la explicación del movimiento de los planetas alrededor de la tierra y antes la imaginación de la antigüedad y especialmente de la stoa griega y romana para explicar el orden del cosmos por la mano de algún dios. Pero en Adam Smith no era todavía la imaginación de un mercado total. También para Adam Smith el mercado imaginado era todavía era bastante imperfecto y necesitaba intervenciones para funcionar. Recién la teoría económica neoliberal presenta el mercado como infalible y total y por eso concibe un totalitarismo del mercado.

La infalibilidad del mercado y la religión neoliberal del mercado

Este desarrollo de la concepción de la infalibilidad del mercado esta muy estrechamente acompañada por la divinización del dinero. Esta también existe desde la antigüedad. Hasta Jesús la constata y sostiene que no se puede servir a dos señores: Dios y el Mamón. La palabra Mamón significa aquí el dinero como dios, que es un dios terrestre. Esta divinización del dinero posteriormente mostró  cada vez más rasgos totales con el tránsito a la modernidad. Tanto Shakespeare como Goethe hacen ver eso, junto con muchos otros escritores de su tiempo especialmente desde el renacimiento.

El texto siguiente viene de Hayek, el gurú principal del neoliberalismos desde la mitad del siglo XX:

“En su aspecto religioso, dicha interpretación (del mercado FJH.) queda reflejada en ese pasaje del padrenuestro que reza; ‘hágase tu voluntad (que no la mía) así en la tierra como en el cielo’, y habla igualmente en la cita evangélica: ‘No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino Yo quien os eligió para que produzcáis fruto y para que este prevalezca’” (San Juan, 15:26).[1]

Según Hayek el mercado habla a través del padre nuestro y frente a eso, la persona neoliberal contesta con las mismas palabras de este padre nuestro diciendo al mercado: ‘hágase tu voluntad (que no la mía) así en la tierra como en el cielo’. Y el mercado sigue hablando por medio del evangelio de San Juan y dice a sus creyentes con la voz de Cristo: ‘No sois vosotros quienes me habéis elegido, sino Yo quien os eligió para que produzcáis fruto y para que este prevalezca’.

A partir de eso Hayek puede hablar de la sabiduría del mercado y puede adjudicar al mercado la capacidad de tomar decisiones perfectas o casi perfectas, que en cada caso  se acercan más a la más alta eficiencia posible que cualquier intervención humana en el mercado podría lograrlo. Resulta algo como la omnipresencia y la omnisciencia del mercado. El ser humano solamente actúa responsablemente, si entrega al mercado como última instancia toda responsabilidad por el resultado de sus acciones.

Se trata obviamente de una religión, aunque sea una religión de dioses terrestres, como Marx la llamó al comienza. Posteriormente deja de hablar de dioses terrestres, sino habla de fetiches. Sin embargo, Walter Benjamin en sus discusiones sobre el capitalismo como religión vuelve a hablar de dioses, porque la palabra fetiche no se ha podido imponer en las discusiones.

Con eso hemos presentado algunos rasgos principales de la religión neoliberal del mercado y se ha indicado algunos mitos con los cuales opera.

La función inquisitorial de la religión del mercado.

Tomando en cuenta estos conceptos fundamentales, es posible, comentar un conflicto, que se ha vivido últimamente en Alemania y que se hizo presente en un choque entre la coalición gobernante de demócrata-cristianos y social-demócratas  y el partido Die Linke (La izquierda) y que tiene significados  interesantes también fuera de este país. Se trata de que la coalición gobernante quiere dejar pasar rápidamente y sin mayores discusiones un número significante de artículos de la constitución. Se trata de anular casi todas las garantías constitucionales para un Estado social en Alemania, que fueron introducidos por los autores de la constitución de 1949. En el parlamento eso llevó a un choque en la discusión específica sobre la privatización de todas las autopistas del país entre esta oalición ampliamente mayoritaria y el partido de Izquierda. En el parlamente la diputada de la Izquierda Sarah Wagenknecht decía lo siguiente:

“Para Ustedes no se trata de promover una mejor infraestructura y más inversiones. En la privatización de las autopistas se trata de entregar a los bancos, los seguros y otros inversionistas grandes posibilidades de inversión lucrativas y libres de cualquier riesgo.”[2]

Se trata evidentemente de un simple juicio de hechos, que además es difícil negar. A partir de este juicio la señora Wagenknecht saca la siguiente conclusión:

“Eso permite la siguiente conclusión: a Ustedes les importan más las deseos de ganancias de la compañía Alianza y de otras empresas financieras que los intereses de las ciudadanas y los ciudadanos.”

Se trata de un juicio perfecto a partir de la validez de un juicio de hecho. Pero la reacción en el parlamente era completamente irracional. Se dieron varios gritos de parte de representantes de la Coalición. Uno me impresionó más. Decía: “arrogancia y  tontería”.

No descubro ni arrogancia ni tontería. Pero igualmente estoy convencido, que no se trataba de una ofensa consciente, sino que eso se gritó con convicción. Creo que él que decía eso, está convencido, que es cierto lo que grita. La pregunta es más bien como es posible, que alguien razonable no se de cuenta, que la diputada dio un juicio perfectamente serio, que como juicio de hecho es completamente legítimo y que no contiene ninguna ofensa. Uno pregunta entonces: ¿Por qué es malo decir eso?

Podríamos decir también, que toda esta condena es simplemente ideológica. Pero no es muy cierto. Por lo menos si suponemos que una ideología miente. Pero estos gritos vienen de gente, que sin duda violan la verdad, pero a la vez la pregunta sigue, si eso en este caso es una mentira. El que pronuncia esta ofensa, está en serio convencido que la posición de la señora Wagenknecht es arrogante y tonta.

Pero eso precisamente me parece consecuencia de su religión neoliberal  fanática del mercado. Se trata de una condena religiosa según lo que se conoce de los inquisidores de la Edad Media. La diputada abiertamente pronuncia dudas sobre una acción según criterios del mercado – en este caso la privatización. Eso para la religión del mercado es absolutamente inaceptable. Ella es una infiel. Al serlo, por supuesto, es arrogante y tonta.

Ahora podemos entender aquél grito perfectamente absurdo. Tiene una racionalidad aparente, que lleva a la incapacidad der ver la realidad. Y la verdad para la persona que gritó es el propio mercado y jamás, dada su religiosidad de mercado, cualquier juicio de hecho sobre la realidad. Estos juicios de hecho para esta religión del mercado son ilegítimos siempre y cuando llevan a tener dudas sobre la validez del mercado como criterio de la verdad.

 Es interesante, que con el actual Papa Franciscus ocurre algo muy parecido. Este Papa dijo: “Esta economía (se refirió al capitalismos actual) mata.” Eso también es un juicio de hecho, que se refiere a la realidad visible y que obviamente es cierto. Hay que mirar entonces las reacciones más frecuentes de nuestros medios de comunicación. En su mayor parte tienen una reacción casi igual a la reacción anteriormente descrito frente a la diputada de Izquierda Sarah Wagenknecht. Cuando dicen muy poco, dicen, que lo que dijo el Papa es “insensato”. También para el Papa vale la inquisición de la religión del mercado.

El primer gran proceso en nuestra historia, en el cual se puede mostrar abiertamente la relación visible con los juicios de hecho y su rechazo en nombre de la ideología y la religión, es el famoso proceso de un tribunal de la inquisición en contra de Galileo Galilei en el año 1633, en el cual Galilei es condenado y es mantenido el resto de su vida en arresto domiciliario (1633 – 1642). El había seguido la teoría de Kopernikus, según la cual la tierra se da vuelta a sol y siguió desarrollando esta teoría argumentando, por supuesto, por medio de juicios de hecho.  Estos juicios de hecho el tribunal ni los discutía, pero lo condenó como hereje simplemente por el hecho, de que se atrevía poner estos juicios de hecho por encima de las argumentaciones en nombre die la verdad de la religión. Hasta es probable, que ha sido denunciado igual como eso ocurrió posteriormente con la diputada Wagenknecht, como hombre de “arrogancia y tontería”.

Se trata de una forma de condena, que es muy específica para la  modernidad  y que siempre recurre  a una relación de tipo religiosa. Solamente maneras de pensar religiosas pueden condenar juicios de hecho de por sí. No se trata de juicios de valor, que condenan al acusado. Se trata más bien de la condena de determinados juicios de hecho en nombre de la construcción de mitos, como eso es el caso también en los mitos del mercado. La religión del mercado está siempre contenida implícitamente en estos mitos. Juicios de valor son algo muy diferente y jamás pueden condenar juicios de hecho. Hoy en día la religión neoliberal del mercado resulta la forma más importante de este tipos de prohibición religiosa de determinados juicios de hecho.

Sin embargo, al lado del grito “arrogancia y tontería” de parte de los representantes de la coalición gobernante en el parlamente alemán, hay otro grito, que también es de mucho interés. Este grito decía:  “De nuevo vienen Adenauer y Erhard”. Se trata de una denuncia menos de Adenauer y más del ministro de Economía Erhard en el primer tiempo después de la II. Guerra Mundial y el principal colaborador Müller-Armack, para los cuales la “economía social del mercado” es una economía del mercado que está en una relación complementaria con la justicia social. Una relación de este tipo entre economía social del mercado y simplemente economía del mercado hoy en día ya no se puede ni siquiera discutir en serio en los círculos de los partidos demócrata-cristianos y de la socialdemocracia. Por eso, las posiciones de Erhard y Müller-Armack, pero también de alguna manera de Adenauer, son considerados hoy como opiniones de la extrema izquierda. Lo mismo vale hoy para la gran mayoría de los países de Europa y de América Latina, donde los políticos económicos de los primeros decenios después de la II. Guerra Mundial casi  ya no se mencionan y los estudiantes de economía casi no estudian nada referente a este tiempo. Por eso, después de haber estudiado economía, casi no saben nada de lo que ha sido este tiempo. Y cuando Corbyn empezó de desarrollar su programa actual, lo atacaron regularmente por ser pretendidamente de izquierda extrema. Pero solamente había seguido la tradición de la politica económica del tiempo posterior a la guerra.

De hecho la política económica de estos países después de la II. Guerra Mundial es bastante cerca de lo que son hoy es las políticas que propone la izquierda y que es de una intervención sistemática en los mercados orientada por metas de justicia social, aunque de ninguna manera es igual o una simple copia. Eso está vinculado con el hecho, de que la orientación socialista antes más bien se orientaba por una planificación central, que efectivamente colapsó. Como consecuencia, las orientaciones de la izquierda hoy se refieren en general a una sistemática intervención en los mercados. Por eso no sorprende, que hoy la política económica de Alemania posterior a la II. Guerra Mundial es solamente recordado por economistas que se encuentran cercanos al partido de izquierda. Entre ellos especialmente la diputada Sarah Wagenknecht. Recordando es, se entiende mucho mejor, porque ella es especialmente atacada por nuestra prensa  pretendidamente libre.

Eso llevó a una profunda redefinición de la izquierda. Se trata por un lado, de nuevos personajes como es Jeremy Corbyn en Inglaterra y Bernie Sanders en EEUU. En España se desarrolló un nuevo tipo de partido de izquierda con el nombre de Podemos, en Grecia con el nombre de Syriza. En el partido de la izquierda alemana ocurre un proceso parecido, igualmente como en muchas partes de América Latina (en Bolivia, en Ecuador, en Venezuela, en México en Brazil y muchas partes más). No solamente los otros partidos, en muchas partes todo el sistema intenta de suprimir estos desarrollos. La forma bárbara en la cual el ministro alemán de Hacienda ha tratado Grecia transformándola en una especie de colonia  demuestra el odio, que es cultivado frente a estos desarrollos, pero también el miedo de este sistema frente a estos nuevos desarrollos. Lo que se refiere al ministro alemán de Hacienda Schäuble, este incluyó en la lista de las condiciones, que Grecia tiene que atender como consecuencia de su problema de una deuda externa de hecho impagable, la exigencia de anular todas las prohibiciones de venta en los centros comerciales y supermercados en los días domingo. Obligó darle una nueva libertad a la religión del mercado. Los griegos deben visitar estos centros comerciales el día de domingo, en vez de visitar sus iglesias. Tienen que servir por fin al dios verdadero, porque el dios ver dadero es el dios del mercado. Schäuble mostró un sentido muy claro para lo que es la religión del mercado.

¿Cuáles dioses son dioses falsos?

Eso es un lado de la religión del mercado. Aparece como muchas veces aparecen también otras religiones. Muchas religiones prohiben a sus fieles, ver la realidad sin prejuicios. Donde la realidad no coincide con lo que la religión del mercado no acepta, vale sencillamente no sólo el famoso ay! de la realidad, sino mucho más el: ay! de aquellos que insisten en la realidad de los hechos y que declaran los mitos del mercado como una fe falsa. Por lo menos se les prohíbe ejercer su profesión. Hasta se los denuncia como “chantajistas morales”.[3]

Lo que hacen y lo que hace también la diputada Wagenknecht, es, visto desde esta posición del mercado sagrado, blasfemia que ofende el mercado, el dinero y el capital. El partido socialdemócrata comprueba por medio de su participación en la religión del mercado, que se ha convertido al mercado y que por tanto para él ya no valen argumentos tampoco.

Quien quiere recuperar esta realidad, hoy es denunciado como “hombre bueno”. Para ellos el hombre bueno es lo peor de lo que un hombre puede ser. Los que hacen esta denuncia, se ven a si mismos como “hombre malo” o como monstruo. Es su ideal ser un hombre malo. Por eso también pueden decir, que necesitan ayudantes y ejecutivos con “instinto asesino”, con “Killerinstinkt”.[4] Ser un monstruo humano se transforma en una exigencia moral de esta religión neoliberal del mercado. Se trata de un nihilismo sin límites.

Me parece claro entonces, que frente a estos fenómenos no es suficiente la crítica de la ideología. Resulta que hay un estrato religioso, que va más allá del ámbito de la propia crítica de la ideología. Se trata de que constantemente la ideología se transforma en religión. Estos dioses del mercado hablan y dicen:

Todo eso es solamente un signo de nuestra cultura. Lo que fomenta al mercado, a la vez y necesariamente fomenta también al ser humano, así son nuestros valores. Nada fomenta tanto al ser humano como el fomento del mercado. Para aquellos, que fomentan  el mercado, se trata de un acto de humanismo puro, del amor al prójimo, el servicio al ser humano y a nuestros valores más altos, un servicio al dios verdadero, que resulta ser el mercado.

Ha aparecido una verdadera obsesión por el mercado. Que este servicio al ser humano quiere también ser compensado en términos monetarios, parece ser solamente algo obvio y muy humano. Y cuando se celebra este servicio del mercado al ser humano, escuchamos la novena sinfonía de Beethoven. Mejor todavía en la Elbphilharmonie (la nueva construcción en Hamburgo).

Eso es religión, sin duda. Sin embargo, es la religión de dioses falsos. Se trata de los dioses, que Marx  llama dioses terrestres (posteriormente, les da el nombre fetiche). Son falsos, porque sacrifican seres humanos y su vida. Esta religión del mercado es una religión puramente sacrificial, que constantemente ofrece sacrificios humanos. Sus creyentes están seguros, que estos sacrificios humanos pueden aplacar la rabia de los dioses del mercado y asegurar la gracia de este dios. Por eso son dioses falsos, son ídolos.  Dioses falso son los dioses que exigen sacrificios humanos. Y hoy la religión neoliberal del mercado es el gran representante de esta exigencia de sacrificios humanos a favor del mercado.

En este caso de la religión del mercado tenemos que ver una sobrevivencia poderosa de imaginaciones religiosas primitivas y de sus mitos de sacrificios humanos. Hoy estos sacrificios humanos son los mismos y probablemente todavía más frecuentes de lo que han sido alguna vez.

El retorno necesario de la crítica de la religión como una parte irrenunciable de la crítica del capitalismo.

Casi todo el mundo participa en esta religión: por lo menos los demócrata-cristianos, los socialdemócratas y el AfD (los nuevos movimientos de ultraderecha en Alemania). Los demócrata-cristianos quieren la gracia de dios y eso para ellos es razón suficiente para privatizar las autopistas de Alemania. El dios, que es el mercado, los va a compensar. Esta religión no discute razones y la prensa hace genuflexiones. La propia libertad de prensa  ha sido transformada en un encadenamiento de  la libertad de opinión. Pero como esta prensa es propiedad privada, cumple con la condición necesaria para tener la bendición del dios del mercado. Pero jamás debemos olvidar frente eso: el derecho humano correspondiente no es la libertad de prensa, sino la libertad de opinión. La libertad de prensa es un derecho de mercado, la libertad de opinión es derecho humano. Siempre hace falta, concretizar la libertad de prensa de una manera tal, que respete lo más posible la libertad de opinión. En las últimas décadas hemos vivido una política en sentido contrario, que limitaba el derecho humano de la libertad de opinión para someter la opinión pública a puros controles del mercado. Nuestra religión del mercado ha abolido la mayor parte de los derechos humanos y se aprovecha de la libertad de prensa. Hace falta recuperar la libertad de prensa a partir de un nuevo apoyo a la libertad de opinión.

Pretendidamente  estos dioses terrestres nos regalan el crecimiento económico. Por eso pretenden tener participación en los resultados. Y pretendidamente lo merecen.  El jefe del banco Goldman[5] Sachs, Lloyd Blankfein, dice de si mismo ”estamos participando en la “obra de dios”. Frente a eso hasta la ganancia más alta resulta muy poco, demasiado poco y hasta miserablemente poco. Se nota, que esta religión del mercado es también llena de magia. Uno de estos economistas entregados a esta magia es Laffer, quien en su entusiasmo por Trump anuncia para el futuro situaciones “paradisíacas”. (diario “Die Welt” online del 23.01.2017)

Por tanto, si queremos otra vez una política a favor del ser humano, necesitamos a la vez esta crítica de la religión, que no se puede reducir a una crítica de la ideología. Es necesaria para poder poner de nuevo al ser humano en el centro, donde hoy se han ubicado los dioses del mercado, del dinero y el capital. Y eso precisamente significa, reconocer al ser humano como ser supremo para el ser humano en lugar del mercado, del dinero y del capital: El ser humano no está para el mercado, sino el mercado es para el ser humano,  igual como el ser humano no es para el sábado, sino el sábado para el ser humano. No solamente Marx asume esta posición. Hoy la asume inclusive el Papa en Roma. También el Papa está convencido que la voluntad de dios es que el ser humano sea el ser supremo para el ser humano. De esta manera se ve, que no toda religión es religión del mercado. Hoy el pensamiento marxiano y el cristiano se encuentran en este punto decisivo. Que se crea en aquél dios, en el cual cree el Papa, no es de por sí lo más importante. Lo más importante es, que el ser humano es el ser supremo para el ser humano. El mismo Papa dice eso expresamente, Pero muchos marxistas expresan ideas muy parecidas, aunque, por supuesto, desde el punto de vista de Marx.

Palabra final:

Lo de que se trata es, enfrentar críticamente la argumentación política actual y su capacidad o incapacidad de entrar en discusiones reales. Hace falta estrategias nuevas de argumentación, que incluyen la dimensión de la religión del mercado para darle inclusive un lugar especial. El punto de partida de esta estrategia tiene que ser que el ser humano es el ser supremo para el ser humano, frente al sometimiento del ser humano bajo el dictado del mercado, que es sencillamente el dictado de las clases dominantes. Lo que se trata es  de un humanismo de la praxis. Se enfrenta a una lucha de clases desde arriba que tenemos que limitar y hasta derrotar. Esta lucha de clases desde arriba se complementa con su religión neoliberal del mercado, que ni si quiera tiene ningún temor, llamarse cristiano y abusar del nombre cristiano en favor de sus intereses. En vez de esta lucha de clases desde arriba nosotros necesitamos una intervención sistemática y democráticamente legitimada en el mercado a favor del ser humano como ser supremo para el ser humano y a favor de la naturaleza. Se trata de sustituir la lucha de clases desde arriba por una democratización capaz de limitar o superar el sometimiento de la democracia bajo las fuerzas del mercado y por tanto bajo esta lucha de clases desde arriba. Se trata de sustituir la posición  muy general según la cual  la democracia tiene que ser conforme al mercado describiendo y desarrollando una posición, según la cual el mercado tiene estar conforme a la democracia y la voluntad de todos  y preferentemente de los más necesitados. Solamente de esta manera el ser humano, que es el ser supremo para el ser humano, puede transformarse en el centro de todas nuestras relaciones sociales. Eso es la democracia, de la cual se trata. Marx la describe así:

“Y frente a la vieja reina de los mares se alza, amenazadora y cada día

más temible, la joven república gigantesca:

‘Acerba fata Romanos agunt, Scelusque fraternae necis,’ (Un duro destino atormenta a los romanos: el crimen del fratricidio)”[6]


[1] Hayek, Friedrich A.: La fatal arrogancia. Los errores del socialismo. Unión Editorial, Madrid, 1990. P. 44

[2] Sahra Wagenknecht www.nachdenkseiten.de/?p=38565#more-38565       1.6.17

[3] Eso lleva inclusive al siguiente llamado que implica un llamado al  suicidio colectivo de la humanidad:

“Dos días después de la decisión del presidente de los EEUU Donald Trump de rescindir el acuerdo de Paris sobre el clima, el tal llamado círculo de Berlin (Berliner Kreis) de los partidos demócrata-cristianos alemanes exigió un cambio de línea  de la política alemana del clima. En un documento de 6 páginas… el grupo conservador exige un fin del “chantaje moral” por los investigadores del clima y la “ despedida de metas especiales alemanas” en la lucha en contra de los gases venenosos….

Ellos escriben, que los chances que se derivan del derretimiento del hielo polar (el pasaje del norte sin hielo, nuevas posibilidades de pescar, posibilidades de encontrar más materias primas) son probablemente más grandes que “posibles efectos ecológicos negativos”. Die Zeit Online 3..6.17

El mercado siempre tiene razón, inclusive si nos lleva al suicidio colectivo de la humanidad. Todo lo otro es “chantaje moral”.

[4] El presidente de Nestlé declaró, que necesitaba colaboradores con “Killerininkt” (En la revista alemana Der Arbeitgeber, 1/1991). A él siguió el autor de bestsellers Jack Trout, que decía, que el ideal de la competencia es la „killer-competencia“ (diario suizo Tagesanzeiger, 10.9.01) Ambas referencias estoy tomando de Spieler, Willy: Orden político liberal – ¿libertad para los poderosos? En: Neue Wege. September 2002, Zürich. S. 252

[5] “Esta semana Lloyd Blankfein otra vez ha dicho una de estas frases Lloyd-Blankfein, que enojan siempre a los críticos del capitalismo en todo el mundo. El candidato a la presidencia de EEUU Bernie Sanders es ‘potencialmente peligroso”, porque denuncia publicamente a ejecutivos de finanzas, se quejó el jefe del US-banco Goldman Sachs, que ya había sostenido que él mismo ‘ejecuta la obra de Dios’”. (Süddeutsche Zeitung, 4.2.16)

Sanders llama codicia (greed) aquello, que Lloyd Blankfein considera un acto de fe y una prueba de su piedad frente al dios del mercado. El es uno de los grandes Santos de esta religión del mercado.

[6] La cita es de Horacio, fines del capítulo 23 del primer tomo del Capital. Se trata de un lugar clave de lo que Marx ha publicado. El capital, que Marx publica en 1867, no tiene todavía 3 tomos. Lo que Marx publica, es desde su punto vista su obra El Capital, El capítulo 23 es el último capítulo de toda argumentación en este tomo desde el principio. Los capítulos 24 y 25 son anexos, que se refieren al problema de la acumulación primitiva. Por tanto, la cita de Horacio puede ser entendida como síntesis final de toda la obra.

 

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